Nueva York es un lugar especial para Carolina Giraldo Navarro, más conocida por su nombre artístico, Karol G (Medellín, 1991), la cercana superestrella colombiana a la que le encanta romper moldes. Hace 11 años, desilusionada con la industria de la música, llegó a la Gran Manzana para aprender inglés y empezar de cero. Llevaba seis años luchando por abrirse camino en la escena musical de su ciudad natal, con la ayuda de su padre, Juan Guillermo Giraldo Ramírez, un músico local que estaba convencido, cuando nadie más lo estaba, del potencial que tenía su hija para alcanzar el estrellato. A muy poca gente en la industria de la música latina y en sus feroces audiencias le apetecía escuchar a una mujer cantando reguetón. Así que, cuando Karol hizo las maletas para irse a EE. UU., estaba preparada para despedirse de su pasión.

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Sin embargo, ese tiempo fue sólo un rodeo que la condujo al destino que la esperaba: un importante contrato discográfico, dos sencillos de éxito mundial junto a Nicki Minaj y Shakira, y giras como cabeza de cartel por toda América Latina y Norteamérica, con una actuación en el escenario principal de Coachella. Después de tantos años luchando, a Karol el éxito la cogió desprevenida. Cuando la cantante, que ahora tiene 32 años, se sentó a comer en la tranquila cafetería de su hotel en Tribeca una tarde de primavera, le llegó la gran noticia. Su cuarto disco, Mañana será bonito, el primero en debutar como número uno en Estados Unidos entre los 200 de la lista Billboard, y cantado íntegramente en español por una mujer, mantenía su posición como el más escuchado del mundo en Spotify por quinta semana consecutiva. Como ella misma me dijo en español con su bonito acento paisa: «Nunca nos propusimos crear un álbum con un concepto rompedor que se convirtiera en número uno. Sencillamente, cantaba sobre historias de mi vida. ¿Cómo puede eso llegarle tanto a la gente? Si conectan con este trabajo, están conectando literalmente conmigo».

Hasta hace poco, las historias de la vida de Karol G incluían los problemas personales de los que se recuperaba en medio de sus triunfos profesionales, como el haber roto en 2021 con su prometido, el rapero Anual AA, tras una relación de dos años y medio. Por aquel entonces, su tercer álbum, KG0516, fue el primero en alcanzar al número uno de la lista Billboard de álbumes latinos más vendidos, impulsado por sus dos hits: Tusa, con Nicki Minaj, y Bichota, un himno femenino sin complejos.

Tras su ruptura sentimental, aprendió a proyectar confianza en público, a pesar del dolor que sentía por dentro y del escrutinio que llegaba con la fama, y supo volcar esta experiencia en Mañana será bonito, un disco para perrear con un trasfondo melancólico en el que experimentaba más que nunca con distintos estilos, mezclando folclore mexicano, guitarras eléctricas, afrobeat y música electrónica, todo con su productor de siempre, Ovy on the Drums. Su creación fue bautizada con el nombre Mañana será bonito, el mantra que la ayudó a superar aquella etapa. Según sus propias palabras: «Nunca imaginé que un periodo tan oscuro pudiera transformarme en quien soy ahora. Esa situación me obligó a valorar lo que tenía, a encontrar la felicidad en mí, sin depender de nadie más... Eso es el alma del disco y lo que lo ha convertido en un éxito».

En ese trabajo, contó con la colaboración de uno de sus ídolos, Shakira, para el tema TQG, abreviatura de Te quedó grande. Las dos artistas colombianas tenían ganas de trabajar juntas desde antes de que Karol le enviara la pista de audio el año pasado. Con un estribillo pegadizo, un vídeo muy sensual y el interés que suscitó la mediática ruptura de la de Barranquilla y el futbolista Gerard Piqué, TQG debutó en lo más alto de las listas de éxitos internacionales de Billboard en febrero. Ella nos confesó: «Mientras estábamos rodando el vídeo y Shakira grababa sus escenas, yo estaba allí sentada y veía pasar mi vida ante mis ojos. Pensaba en los mundiales en los que había actuado y en que yo solía ver Los magos de Waverly Place, donde hizo una aparición. No me lo podía creer».

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ZOEY GROSSMAN
Vestido de Andreas Kronthaler para Vivienne Westwood, collar de Bvulgari y anillos de plata de John Hardy.

La cantante también ha hecho sus pinitos en la pantalla. Hace algunos años fue una de las candidatas para el papel de Anita en la película West Side Story, de Steven Spielberg, con el que Ariana DeBose consiguió el Oscar a mejor actriz secundaria. Sin embargo, su debut le ha llegado ahora de la mano de Netflix y la serie Griselda, que se estrenará a finales de este año y donde da vida a una mula –término empleado para referirse a quienes utilizan su cuerpo para transportar droga– y cuyo elenco encabeza Sofía Vergara como jefa de un poderoso cártel colombiano. Además, reserva tiempo para explorar otros negocios y tiene grandes planes para Girl Power, su recién creada empresa. Por si fuera poco, acaba de protagonizar su primera campaña para una firma de lujo con Loewe.

Pero si de algo tiene ganas es de actuar y hacer que su Mañana será bonito llegue a otras audiencias, después de la buena acogida general. Así que, aunque había planeado tomarse un descanso, parece haber cambiado de opinión y, a finales de abril, anunció seis espectáculos en agosto y septiembre en estadios de Estados Unidos. También será cabeza de cartel en Lollapalooza y, por supuesto, ya tiene la mente puesta en su nuevo disco. No parece probable que se trate de un proyecto en inglés, pues a la artista le interesa más seguir explorando géneros: «Si mañana hago una canción que suene a tango, quiero que sea un tango».

Karol es la pequeña de tres hermanas. Su padre, Juan Guillermo, siempre pensó que tenía talento para la música. En 1997, le puso el filme Selena, que narra el fulgurante ascenso al estrellato de la cantante tejana Selena Quintanilla y, en palabras de Karol: «Marcó un antes y un después. Esa película me hizo creer que podría hacer algo grande». Su padre también lo creyó y, en 2006, le propuso presentarse a las audiciones para un spin-off colombiano de Factor X. Aunque pasó las primeras pruebas, no logró llegar a la última fase, pero la experiencia la animó a dedicarse a la música.

Sin embargo, los diez años siguientes pondrían a prueba su determinación, pues tuvo que hacer frente al rechazo de los ejecutivos de la industria y de los profesionales de la radio, a los que no les atraía la idea de una mujer que cantara reguetón. Juan Guillermo no dio su brazo a torcer, aunque reconoce que fue «como abrirse paso a machetazos en plena jungla», en referencia a la música latina, que describe como machista y llena de prejuicios de género.

En 2006, el contrato que Karol firmó con una discográfica resultó tener muy poco futuro, y su padre hizo que renunciara al acuerdo. Después, continuó actuando donde podía: colegios, emisoras y ferias, y repartía sus CD en autobuses y trenes. En 2008, consiguió una reunión con Universal Music Latino, pero sólo les interesaba su faceta de compositora. Su padre insistió en que rechazara la propuesta, cosa que hizo: «Yo la veía como una artista completa y quería que interpretara sus propias canciones».

«Fue desalentador. Este mundo es muy difícil», admite la artista. Tanto que, en 2012, se fue a Nueva York para aprender inglés y estudiar empresariales o marketing, y estaba decidida a olvidar la música para siempre. A pesar de ello, durante el largo trayecto diario en tren desde la casa de su tía, en Long Island, hasta la ciudad, Karol se topó con el anuncio de una conferencia sobre la industria musical. Tras pensárselo mucho, asistió y aquello supuso un punto de inflexión. «Volvió de allí totalmente cambiada, con ganas de trabajar y con una motivación tremenda», relata su padre.

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ZOEY GROSSMAN
Vestido ajustado y collar, ambos de Bottega Veneta, y pendientes de Bvlgari.

Ella reconoce que el apoyo de su familia fue lo que la ayudó a mantenerse fuerte en aquella época: «Incluso cuando yo no quería, mi padre me decía que lo conseguiríamos. Durante muchos años, todo el mundo pensaba que mi idea de convertirme en cantante era una tontería. Seguir creyendo en mí fue todo un reto, y si no fuera porque mis padres me convencían de que podía lograrlo, habría abandonado».

Cuando regresó de Nueva York en 2013, Medellín estaba empezando a convertirse en la cuna de un nuevo reguetón que tiraba más hacia el pop. El género se volvió más poético, y se prestaba a incorporar diferentes sonidos, como música electrónica o guitarras acústicas. Karol estaba decidida a formar parte de aquello, y por fin tuvo su oportunidad cuando Nicky Jam la metió en uno de sus temas. Amor de dos fue el primer éxito de Karol G y, con él, su número de seguidores en Colombia creció y Universal la llamó de nuevo.

Firmó un contrato con el sello en 2016 y empezó a hacer la música con la que se identificaba, una mezcla de reguetón, trap y pop. En 2018, su tema Mi cama, cuya base imita el chirrido de los muelles de un colchón, se convirtió en un éxito inmediato que generó cierta polémica en los medios latinos por lo sugerente que era su letra. La canción demostró que a Karol no le asustaba hablar de sexo con honestidad, algo que se ha convertido en una de sus señas. «Llevo toda la vida escuchando música hecha por hombres», confiesa. «Pero nosotras expresamos las cosas de diferente manera, sentimos y pensamos de una forma distinta. Yo hablo de ello como mujer, sin tabúes y sin esconder nada».

En 2018, y después de ser una de las primeras mujeres en colaborar con estrellas del reguetón como J Balvin, Ozuna y Bad Bunny, llegó el Grammy Latino a la mejor artista emergente, lo que demostró que había venido para quedarse. Subió al escenario a recoger el premio con su padre. Nos comenta que, incluso a día de hoy, cuando lo llama por teléfono para contarle alguna noticia sobre su carrera, le pregunta si está sentado, porque sigue emocionándose al ver lo lejos que ha llegado su hija. «Me dice: “Bebé, te lo dije”».

¿Cómo ha conseguido dominar una industria musical como la latina que es, por desgracia, tan difícil para las mujeres? Parte de su éxito se debe a haber llegado en el momento oportuno. Empezó a hacerse un nombre en Estados Unidos justo después de que el streaming eliminara las barreras que se encontraban los artistas latinos, a los que les resultaba complicado acceder a las cadenas de radio estadounidenses o distribuir sus trabajos en las tiendas de discos más populares. Antes era necesario que las letras estuvieran en inglés para tener éxito en ese mercado. Hoy los oyentes de EE. UU. están más abiertos a escuchar música en otro idioma, sobre todo, en español. La población latina allí ha pasado de representar un 13% del total en 2000 a un 19% en 2020. Otra parte de su triunfo reside en su fortaleza y en los años que ha pasado perfeccionando su gran voz y su seguridad en el escenario. Además, según dice su hermana Jessica, una abogada que forma parte de su equipo de representantes a tiempo completo, es también muy meticulosa: «Se compromete con cada detalle de todo lo que ves sobre el escenario, en un vídeo musical o en un anuncio». Su padre describe a Karol como una perfeccionista, sobre todo, con su último álbum, para el que escribió 40 canciones adicionales.

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ZOEY GROSSMAN
‘Body’ y falda de Standing Ground.

Pero si algo la diferencia del resto de artistas, es su cercanía. Para J Balvin «su superpoder es ser tan real y auténtica que hace que la gente se enamore de ella». Se conocieron cuando él actuó en la fiesta de los 15 años de la prima de Karol, en 2008, y desde entonces son grandes amigos.

La cantante nunca ha mostrado tanta vulnerabilidad como en Mañana será bonito. Según nos cuenta, «fue un momento en el que quería decir que ya le habíamos enseñado a las mujeres lo bello que es sentirse seguras de sí mismas y empoderadas. Pero también es bonito utilizar una plataforma como la mía y trasmitir a la gente que no pasa nada por sentirse mal, que es normal... Esa es mi experiencia». Y así lo canta en la que posiblemente sea su canción más íntima, Mientras me curo del cora: «Está bien no sentirse bien».

Karol vuelca la misma honestidad en las redes sociales, donde le gusta que la vean como es, y reconoce que su apariencia cambia dependiendo de si lleva los extenuantes horarios de las giras o si está de vacaciones. «Por eso a veces me veis más rondita o más flaquita», explica. «Tengo mis ciclos».

A Jessica le sorprende lo poco que ha cambiado su hermana según crecía su popularidad: «Cuando la ves hablando al público en sus conciertos y observas que la gente conecta con ella es porque quien habla es Carolina y no Karol G».

La artista latina Becky G, que colaboró con ella en el bombazo Mamiii, sintió algo similar: «Karol es Karol, no importa de qué color tenga el pelo, su corazón siempre es el mismo». Leila Cobo, que se encarga de supervisar la cobertura de la música latina para Billboard, se dio cuenta de la influencia singular que tenía Karol durante su primera gira como artista principal en Estados Unidos, en 2021. Por aquel entonces, muchos fans llevaban pelucas azules para parecerse a ella. «Ha sido capaz de conseguir ese tipo de compenetración con sus seguidores, que se ven identificados con ella. Piensan que les habla con su música, y yo creo que lo hace». También la propia artista siente esa unión con su público: «He salido al escenario llorando por cuestiones personales. Cuando me voy de allí, sé que el problema no ha desaparecido, aunque me invade la alegría. Echo mucho de menos esa inyección de felicidad cuando no estoy de gira».

Pero a medida que aumenta su fama, va aprendiendo a proteger más su privacidad. Se ha negado a hablar de su situación sentimental, sobre la que a menudo se especula, y dice que quiere mantener su intimidad alejada de Internet. «Cada vez comparto menos de mi vida... Antes era demasiado accesible, pero hay cosas que prefiero guardarme y disfrutarlas sin que nadie opine sobre ellas». Además, «si no estoy pendiente de las redes sociales, tengo más tiempo para centrarme en mí, en mi trabajo, mis ideas, mi creatividad», nos cuenta. «Eso es oro puro ahora mismo».

  • Peluquería: Evanie Frausto para Bumble and Bumble. Maquillaje: Yumi Lee para Chanel Beauté. Manicura: Dawn Sterling (E.D.M.A.). Escenografía: Jenny Correa; producida por Crawford & Co Productions y Curt Weber.