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Tras la celebración de los Grammys, quedó claro que el alma de la fiesta es ni más ni menos que Taylor Swift. Desde bailar un mambo de Bad Bunny a ser la única en en pie durante la actuación de su ex Harry Styles, está claro que le gusta la fiesta, bailar y pasarlo bien, como si no hubiese nadie más mirando. Desde luego, cada vez que ocurre algún tipo de celebración de música, es el foco de todas las miradas y nos regala momentazos como cuando se sorprendió al ver a JLo hablar en español al recibir un premio.
Cuando los eventos de este calibre terminan, la fiesta termina para los espectadores pero para los famosos no. Las after party son el momento perfecto para ver con quién se relacionan, si existen malos rollos,al más bailarín o al que acaba más perjudicado por tomar una copa de más. Son los propios artistas y personajes de la farándula que se encargan de organizar y presidir la post fiesta,en esta ocasión fue Swift junto a su pareja Joe Alwin, con quien mantiene una relación desde 2016 bastante privada.
Si celebras una buena fiesta, el espectáculo debe estar presente y la música también, pero quizás en un mundo en el que todos tus invitados se ganan la vida con ello, la única manera de impresionar es aportando discreción y normalidad, aunque evidentemente, siempre hay espacio para un cambio de vestuario y dejar boquiabiertos a tus invitados, como fue el caso de la de música country.
De conjunto dos piezas azul celeste y de pedrería, a un vestido largo de tirantes verde azulado de lentejuelas, un cambio que sigue la misma línea del primero, pero mucho más informal y divertido, pues lo acompañó con dos chaquetas bien distintas. La primera de ellas un abrigo de pelo oversize verde, a juego con el vestido, y el segundo una chaqueta de cuero. Entre los invitados, si alguno destacó fue la también cantante Lana del Rey, que no acudió a los premios pero sí a la fiesta de su amiga.