Dice la RAE que la incomodidad es:

La falta de comodidad. Molestia.

Y supongo que si le pregunto a la RAE la impaciencia es la falta de paciencia.

La falta de algo. ¿Qué pasa cuando no siento lo que quiero? ¿Qué pasa cuando no siento lo que necesito? Que, si no lo sé controlar, esa falta se convierte en un agujero que suele derivar en ansiedad.

Las prendas a veces me hacen sentir incómoda y esa incomodidad me genera impaciencia. Y esa impaciencia suele derivar en irritación. ¿Cuál es la solución? No utilizar nunca una prenda con la que te sientas incómoda.

Me pica.

Me aprieta.

Me rasco.

Me recoloco.

Me vuelve a picar.

Me vuelve a apretar.

Empiezo a sentir que me irrita el picor.

Empiezo a sentir que el tejido me inhabilita la capacidad de movimiento.

Pero llevo la prenda puesta y estoy fuera de casa.

¿Qué hago?

Pierdo el hilo de la conversación. Solo puedo pensar en lo mal que me está haciendo sentir en ese momento la prenda que llevo puesta. Ya no quiero estar allí, me quiero ir, quiero desaparecer. Quiero llegar a casa desnudarme y tirarme en el suelo del baño, desnuda y libre. Pero no puedo, tengo que seguir donde estoy. ¿Qué hago? No volver a cometer el error de vestirme sin pensar. Sin previsualizar la prenda que llevo puesta en el lugar y situación en la que me encuentro. No es lo mismo ir a un sitio para estar sentada que ir a un lugar en el que debo estar de pie horas. No te aprietan las mismas cosas. No es lo mismo estar al aire libre que en un espacio refrigerado ya sea con calor o con frío. El aire caliente agudiza el picor.

La lana

La lana es un material de origen natural. La lana es como esa amiga que nunca se portaba mal delante de los adultos pero que era la generadora y líder de malas ideas que siempre acababan con la bronca de un adulto, pero no a ella, porque con su cara de buena era imposible descifrar su cerebro perverso. La lana es esa amiga. Cuando una prenda tiene lana y poliéster, ¿quién es el malo? El poliéster. Porque es un material de origen artificial, porque en su producción se emplean químicos y porque su presencia en la composición de una prenda complica su reciclaje. Sin embargo, la lana es buena, natural, y reciclable. Pues bien, su impacto medioambiental es 3 veces mayor que el de cualquier tejido acrílico y 5 veces mayor que el impacto medioambiental del algodón. Los esquiladores de lana son uno de los gremios de la confección textil más desprotegidos y que corren un mayor riesgo laboral.

La lana pica. Y el picor te incomoda. Y la incomodidad prolongada te produce irritación. La irritación te produce impaciencia. Prisa por desaparecer del mundo para desnudarte a toda velocidad.

No te comprometas nunca con una prenda, si previamente no has visualizado a donde y por cuanto tiempo te va a acompañar. Hay prendas a las que no se las puede sacar de casa. Como a tu amiga la perversa.

Headshot of Patricia Eguidazu

Patricia Eguidazu es experta en comunicación de moda. Para ella, cada mujer debería tener unas prendas muy concretas en función de su cuerpo, mensaje y estilo de vida y por supuesto cree que no todas las prendas son para todas las mujeres. Con el fin de ayudar a las mujeres a conseguirlo, ha desarrollado el Método TriziaZu en el que a base de trabajar quién eres, consigue que entiendas lo que necesitas. ¿Su objetivo? Que compres lo justo y necesario para ti, sin frustración y que te veas bien.

Para Patricia, todo este proceso de autoconocimiento te llevará sin pretenderlo en un primer momento, a ser más sostenible.

Patricia Eguidazu se graduó en ADE en Cunef para después cursar un Máster sobre gestión y comunicación de empresas de moda en el Istituto Marangoni de Londres. Desde entonces ha trabajado en departamentos de comunicación internacional, producción audiovisual, marketing y ventas.

Con una trayectoria de veinte años en la industria de la moda, hace quince años empezó a impartir clases en grados y másters de diseño de moda, tarea que compaginó durante diez años con sus otros trabajos. Ha emprendido varias veces, hace tres años lanzó el Método TriziaZu, y fue entonces gracias al éxito cosechado (6000 mujeres han hecho sus cursos), cuando lo dejó todo para centrarse en este proyecto con el que enseña a las mujeres a vestir y a comprar de forma racional gracias a la gestión de sus emociones.