- Todo lo que no sabías de Coco Chanel
- Las inspiraciones masculinas con las que Coco Chanel cambió la historia
Sin duda, una de las mujeres más adelantadas a su época que cambió la historia de la humanidad a través de su trabajo y que ha tenido el reconocimiento que merece a lo largo de los años, ha sido Gabrielle Chanel. La diseñadora francesa nacida en Saumur, una localidad pequeña situada en el Valle del Loira, logró ver más allá de los cánones estéticos que establecía la sociedad y, para ello, no dejaba de inspirarse rodeándose de grandes personalidades de la pintura, la música, el deporte o la danza que le renovaban una visión completamente vanguardista y artística de la vida.
Y es que fue este último arte, la danza, una de las que más bebió Coco Chanel durante su vida. De hecho, durante una visita a Venecia en compañía de sobra amiga Misia Sert pudo conocer a Diaghilev, un empresario ruso que consiguió revolucionar el ballet a través de su visión multifacética dónde combinaba la danza con la música, la pintura, los decorados y los disfraces. Como este mismo ruso afirmó: "en nuestro ballet la danza es solo un elemento del espectáculo y, ni siquiera, es el más importante".
La amistad entre estos dos jóvenes artistas crecía mientras la misma Chanel estaba definiendo su estilo con ropa cómoda y elegante destinada a liberar los cuerpos de las mujeres. Esta misma estética la traspasó al baile y a sus bailarinas, quitándole todas las ataduras, como los corsés. Así la propia Isadora Duncan, bailarina y coreógrafa estadounidense que fue considerada por muchos como la creadora de la danza moderna, predijo que "la bailarina del futuro sería aquella cuyo cuerpo y alma habían crecido tan armoniosamente juntos que el lenguaje natural del alma se había convertido en el movimiento del cuerpo".
Y es que fue en 1924 cuando Gabrielle en compañía de Cocteau o Picasso, entre otros, y, por supuesto, Diaghilev (con quién ya participaba en muchas de sus creaciones de ballet bajo el anonimato), crearon el ballet 'Le train bleu', una sátira a la alta sociedad europea de los años 20 que veraneaba en la costa marsellesa, cuyos atuendos de los bailarines, diseñados por Chanel, eran propios de nadadores, jugadores de golf y de tenis que podrían haber estado utilizados por deportistas y que, sin embargo, era la primera vez que se subían a un escenario para usarse como trajes de baile. La nueva escuela había comenzado.
Claro que esta representación no fue la única. Chanel y su relación con el ballet permaneció más allá de la muerte de Diaghilev. Así en 1939 diseña los trajes para el ballet Bacchanale (donde Dalí creó los decorados), y donde siguió llevando su solución de la vestimenta en movimiento qué beneficia el cuerpo femenino liberado.
Rafa es colaborador de moda y actualidad en la web de ELLE. Aunque siempre soñó con ser un chico Disney, su incontinencia verbal y su afán por contar historias hizo que se formara en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Amante del arte en todas sus vertientes, la moda es una de las corrientes que más le atraen, los entresijos de la industria son su ‘guilty pleasure’ y una cerveza es su verdadero talón de Aquiles.