'El hombre invisible de la alta costura', 'el fantasma de la moda', the man-who-is-never-seen... Son solo algunos de los apodos con los que los medios del momento bautizaron al diseñador vasco. Cristobal Balenciaga (Guetaria 1895-1972), el couturier más reconocido y respetado de todos los tiempos, sigue siendo una figura desconocida para el mundo, no solo para el gran público, también para el propio sector de la moda.
En El enigma Balenciaga (Plaza y Janés), la escritora y periodista María Fernández-Miranda retrata al diseñador en ocho momentos cruciales que marcarían el devenir de su carrera y su propia vida. Su relación con Sonsoles de Icaza, su encuentro con la diseñadora Coco Chanel o el vestido de novia que creó para la reina Fabiola (un 'milagro de construcción' según Givenchy) son algunos de ellos.
Es cierto que su obra ha sido extensamente analizada; libros, retrospectivas y un museo exclusivamente dedicado a sus diseños explican su talento con la aguja y su rigurosa perfección. Sin embargo, en lo que respecta a su esfera privada y su propia figura, Balenciaga sigue resultando un misterio aún por descifrar. El diseñador Paco Rabanne —cuya madre trabajó para él en San Sebastián— llegó a comentar en una ocasión que «era más fácil acercarse a Dios que a Balenciaga».
Reservado, austero y exhaustivo con su trabajo, al modista no le gustaba prodigarse en sociedad ni tampoco hablar sobre sí mismo (solo concedió dos entrevistas en su vida), prefería que su trabajo hablase por él.
'Si el creador viviera en la actualidad, probablemente se escandalizaría ante la idea de contar con una de esas ruidosas cuentas de Instagram que pueblan el fashion system' afirma la escritora en su libro.
No puedo evitar plantear la pregunta de qué pensaría ahora Balenciaga sobre la continuación de su legado y de la maison que lleva su nombre. ¿Se echaría las manos a la cabeza al ver los diseños del provocador Demma Gvasalia? María coincide en afirmar que, si bien a Balenciaga no le gustaría que hubiera un Balenciaga sin Balenciaga, es decir, el mismo quería que su nombre se evaporase cuando ya no estuviera, por otro lado y pese a lo que en un principio podamos pensar, seguro que una mente tan avant-garde como la suya sabría reconocer el talento y la visión rompedora de los diseñadores actuales, al igual que el mismo también supo romper con ciertos códigos en su momento.
Y es que, mucho antes de que Phoebe Philo o Martin Margiela apostaran por las siluetas oversize que redefinían la forma de la mujer, Balenciaga ya puso distancia entre el cuerpo y el vestido, creando unos volúmenes inesperados y perfectos en los que el cuerpo habitaba el vestido como alguien habita una casa. Suyo el vestido baydoll, el vestido túnica y la silueta saco. Todas creadas en la década de los 50, completamente adelantado a su tiempo.
En el libro también se habla sobre esa capacidad para la costura que tanto admiran otros diseñadores. Fernando Lemoniez o Lorenzo Caprile dan su propia visión sobre el asunto:
«Balenciaga se obsesionó con la técnica. Creo que su mayor aportación fue esa visión arquitectónica que tenía de la moda. Fue un maestro de los volúmenes —afirma Lorenzo Caprile.
Con este talento, ¿será que no hemos sabido darle el mérito y la fama que se merece? ¿Sería diferente si Balenciaga hubiera nacido en Francia? Seguramente sí. 'Como a veces nos pasa en España, defendemos poco lo nuestro'- afirma María. Este libro tiene también ese punto de reivindicación y de orgullo. No es que lo digamos nosotras, apasionadas de la moda, es que todos los grandes diseñadores han coincidido en afirmar que Balenciaga fue el couturier más grande de todos los tiempos.
Couturier es la palabra que usó Coco Chanel para definirlo, porque pocos sabían coger la aguja como el. Especialmente jugosa es la anécdota en la que se relata el encuentro de ambos diseñadores en el Casino de San Sebastián. Allí, una ya exitosa y muy segura de si misma Gabrielle Chanel le da un par de consejos al modista, entonces deseoso de conocerla:
"-Verdaderamente pienso que un vestido que no resulta cómodo es un fracaso. Un vestido no es un vendaje.Está hecho para ser llevado. Se lleva con los hombros. Un vestido tiene que colgarse de los hombros, eso es.- " Ambos creadores eran muy diferentes, él reservado y tímido, ella atrevida y con vocación de ser recordada. Sin embargo, los dos contribuyeron con su genialidad y talento a hacer más libre la forma de vestir de la mujer.
Como esta anécdota, muchas otras se suceden en las que se puede perfilar algo mejor la personalidad genuina del creador. María afirma que ha tenido que tirar de narrativa y algo de imaginación, pues se encontró con dificultades para hallar información detallada sobre su figura, así como algunas contradicciones.
No es la única. Alberto San Juan, el actor que dará vida al personaje en la serie que se estrenará en Enero de 2024 en Disney+ se refería a su preparación para el papel de una manera muy poética: 'Me he tenido que inventar su piel' dada a la escasez de documentos sobre cómo era Balenciaga, cómo se movía o cómo eran sus gestos.
Quizás al diseñador no le gustara que hoy estuviéramos hablando sobre él. Puede que no le hiciera gracia que se rodara una serie sobre su vida. O sí, porque como todos, también tenía su vanidad y sus contradicciones. En cualquier caso, sería imposible desvelar por completo el enigma Balenciaga, aunque gracias al libro de María Fernández Miranda el mito quede un poco más cerca.
Ana Blanco Canalejo es redactora de Redes Sociales y contenidos de moda. Tras licenciarse en Sevilla, se especializó en Moda y Lujo en universidades de Madrid, París, y Londres (Saint Martins School of Arts). Con 9 años de experiencia en el sector de la moda y la comunicación, adora el arte, la moda y ‘todas las cosas bonitas’. Su tiempo transcurre entre trenes de Sevilla a Madrid, fotos de Pinterest y los biberones de su hijo.