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No hace tanto tiempo, todos los vuelos a Islandia desde España tenían escalas, y viajar hasta allí era como cruzar el charco: ya que ibas, al menos te planteabas una semana de estancia. Hoy esta isla, que se ha popularizado en las últimas décadas, bien merece una escapada, porque, además de ofrecer una naturaleza impactante como reclamo turístico, presume de una gran oferta cultural y de ocio, así como de una gastronomía rica, original, elaborada y sorprendente, con el cordero, el reno, la trucha... y, el producto estrella, el bacalao, como base.
Ya no tienes como única opción el reservar al menos 7 o 10 días de ruta por el país (aunque, si lo haces, una recomendación: alquila un coche y baraja la idea de ir de camping; es más asequible y, sobre todo, más auténtico, al disfrutar del entorno salvaje). Ahora puedes hacerte un puente. Sí, a la europea. Iberia Express tiene una frecuencia de 2-3 vuelos a la semana directos a su capital, Reikiavik, desde 76 €/trayecto (apúntate a su Club Express, dos minutos rellenando los datos y toda una vida de ventajas), entre el 29 de marzo y el 29 de octubre (lo que los islandeses llaman verano y lo que tú llamarás no salgo sin chaqueta, que se agradece en estos meses). Desde que coges el avión directa a la aventura, la diferencia marca el ritmo: viajarás en una compañía low cost, pero con atención y servicios high quality (ya sólo eso es un aliciente). Y a 4 horas y 25 minutos, te espera el paraíso.
Te hacemos el planning para 72 horas en la tierra de hielo (de eso verás poco ahora, aunque si estuvieras en invierno sabrías lo que es el frío, de verdad) y fuego (hay aproximadamente 130 volcanes). Establece la base en Reikiavik y descúbrela el primer día, para abrir boca. Lo ideal es dar una vuelta por sus pintorescos barrios –entre centenarias casas de colores–, visitar Hallgrímskirkja –una iglesia de 74 m de altura–, pasear por Austurstraeti, Laekjargata y Skolavordustigur –calles llenas de encanto, y tiendas– o pasar el rato en Harpa –su espectacular centro de conciertos, donde se encuentra uno de los mejores restaurantes de la ciudad, el Hnoss–.
La segunda jornada resérvala únicamente para explorar, a una hora de viaje, el llamado Círculo de Oro, compuesto por el Parque Nacional Thingvellir, la catarata Gullfoss y los géiseres de Geysir. Todo un espectáculo para los sentidos.
Y para terminar, pasa tus últimas 12 horas en pie sumergiéndote en el famoso Blue Lagoon, un balneario geotermal del que saldrás con la piel nueva –echa un ojo a su hotel de cinco estrellas y su restaurante, un lujo–, saliendo a avistar ballenas y esperando a la aurora boreal, un fenómeno que, de manifestarse, lo hace desde finales de agosto hasta medidos de abril. Y fin. Pero, recuerda, Islandia bien merece otra visita. Su magia no se agota.
El alojamiento perfecto para quedarse en Reikiavik
En el centro de Reikiavik, justo en el distrito de las embajadas y con vistas a un precioso parque, se encuentra este estudio para dos personas que Maja & Gunnar ponen a disposición de todos los viajeros en Airbnb. Ubicado en una calle muy tranquila, con aparcamiento gratis, el estudio cuenta con dos camas, cocina con todos los utensilios, baño con ducha, lavadora, terraza. En el precio se incluye la conexión Wi-Fi, ropa de cama y toallas.