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“Tal vez el gran reto emocional de nuestro tiempo sea el manejo de las expectativas. Inmersos en la cultura de la inmediatez, el 'like' la velocidad de conexión, los datos, las K… Vivimos en una continua proyección hacia delante, que se derrite en un pretérito perfecto constante”, escribe Grela Bravo en ‘Toda la vida es hoy' (Grijalbo, 2024). En el libro, la psicóloga clínica y mediadora social e intercultural habla de que una de las grandes paradojas de la vida es tomar conciencia del valor del tiempo según pasa, pues en muchas ocasiones, nuestra percepción del mismo es elástica y subjetiva.
El objetivo del libro no es sólo que pensemos de una manera crítica en nuestras decisiones y propósitos vitales, sino mejorar el impacto en nuestra salud mental y emocional, gracias a la diferenciación entre el tiempo profesional, el tiempo social, el tiempo familiar, el tiempo personal y el tiempo íntimo. Pero ante los datos que recalcan lo diferente que la percepción del tiempo y su gestión según el género... ¿Acaso no nos hallamos ante una inmensa brecha que no sólo hace 'tic tac', sino que está destinada a hacer 'crac'?
Porque hombres y mujeres perciben el tiempo de manera diferente. Ya lo comprobamos de la mano de Stefan Klein, autor de ‘El tiempo. Los secretos de nuestro bien más escaso’ (Ediciones Península, 2024). “En Alemania, sólo el 22 % de mujeres se siente pocas veces o nunca que vive ajetreada, mientras que entre los hombres, por lo menos un 27 % sigue disfrutando de una vida tranquila, explicó a Elle. “El rostro de la necesidad de tiempo es femenino”, sentenció.
Grela Bravo recalca que en su libro hace bastante hincapié en reflexionar sobre la diferencia entre tiempo libre y tiempo de ocio. "El tiempo, como unidad física, es una de las pruebas más evidentes de que tan iguales somos en nuestra insignificante y breve existencia. Pero si nos referimos al uso que uno puede hacer de sus recursos económicos, claro; hace falta tiempo también para gastarse el dinero”, asegura.
Un estudio llevado a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) denominado ‘Percepciones sobre la igualdad entre hombres y mujeres y estereotipos de género’ revela que las mujeres invierten casi el doble de tiempo que los hombres en cuidar de sus hijos. El CIS señala que ante la pregunta del tiempo invertido en el cuidado de sus hijos menores en un día laborable normal, los hombres aseguraron emplear aproximadamente 4 horas y 48 minutos. ¿Las mujeres? 6 horas y 54 minutos al día.
Grela señala que la percepción del tiempo se puede ver afectada por la edad, el momento vital, las circunstancias socioeconómicas, culturales, factores como la salud, los ritmos circadianos, el clima y muchos otros condicionantes que impactan y lo moldean, pero indica que de toda la evidencia científica o empírica sobre ello, ninguna hay en referencia a las diferencias de género. “Urge comprender que la conciliación es mucho más que un reparto de tiempo entre lo laboral y lo familiar. Porque las personas tenemos muchas otras facetas que también deben ser atendidas con tiempo de calidad y encontrar un equilibrio en ello revierte e impacta a largo plazo positivamente en todo lo demás, en todas estas. Es un autocuidado que se retroalimenta. La conciliación debe contemplar y abarcar vida social, personal e íntima. Y ese no es solo un asunto individual, es un reto cultural, social y político”, explica a ‘Elle’.
El estudio de Repsol ‘Closingap’ reveló que la organización del tiempo dedicado al trabajo y a las responsabilidades familiares y del hogar está descompensada por condición de género, lo que actúa en detrimento tanto de la participación de la mujer en el mercado del trabajo como en los ingresos de la unidad familiar. Incluso quien se plantee la vida en términos económicos descubrirá que esta brecha no es favorable tampoco para la economía, ya que el coste de oportunidad que asumen las finanzas españolas cuando se produce una salida total o parcial del mercado laboral por parte de estas mujeres trabajadoras asciende a 40 millones de horas no trabajadas al año, es decir, se dejan de generar unos 1.280 millones de euros anuales.
“Creemos en la conciliación y la flexibilidad y la entendemos como una evolución en la forma de trabajar para adaptarnos al nuevo contexto social y económico, que facilita la movilidad, favorece la atracción y retención del talento, impacta en el clima laboral, en el orgullo de pertenencia y mejora de la productividad”, dice Begoña Elices, Directora general de relaciones externas y gabinete de presidencia de Repsol.
Pero el coste no es únicamente económico, sino que como señala el estudio 'El coste de la conciliación', de la asociación 'No renuncio', las mujeres soportan la carga mental invisible y no reconocida ni pagada de los cuidados. Las horas dedicadas al trabajo reproductivo y al empleo dejan a las mujeres sin tiempo personal para realizarse o desarrollarse como personas. "En mi caso, mi pareja no se reduce la jornada porque, al cobrar más, nos cunde menos. Y claro, así soy yo la que se ocupa del pequeño casi todo el día. Perdiendo tiempo de trabajo, remuneración, reconocimiento y responsabilidades en el trabajo”, explica una de las voces que recoge el informe.
En este exhaustivo análisis se destaca que por más que las mujeres participen del trabajo productivo con tasas de actividad más altas que las de generaciones anteriores, lo hacen asumiendo el trabajo doméstico y de cuidados como responsables principales, lo que implica que acaben haciendo dobles jornadas laborales y limitando tiempo para el descanso. ¿El coste para las mujeres? Personal, salarial y emocional. Porque no olvidemos que hace más de tres décadas, la socióloga Susan Walker ya describió la carga mental invisible como el trabajo de pensar y sentir que recae sobre muchas mujeres de parejas heterosexuales a la hora de cuidar de sus hijos.
Al final, no es sólo femenino el rostro de la necesidad de tiempo, sino también el que está invisibilizado a la hora de intentar conciliar y asumir una carga doméstica que sigue siendo desigual.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.