Hay dos cosas que Julissa Reynoso (República Dominicana, 1975) procura hacer a diario: una es bailar, y la otra, reírse. No en vano, la embajadora de Estados Unidos para España y Andorra, brillante abogada y ex mano derecha de la primera dama Jill Biden, cuenta que, cuando se fue de su casa del Bronx –donde migró con 7 años–, pensaba que todo el mundo se reía y escuchaba música a diario.

Hace poco más de un año, Reynoso fue destinada como máxima responsable diplomática en nuestro país, donde ocupó la residencia de la embajada con su madre y su hijo. Esta licenciada en Derecho por la universidad de Harvard que completó sus estudios en Filosofía y Desarrollo en Cambridge y obtuvo el doctorado en Jurisprudencia en la universidad de Columbia, es una mujer singular en el en ocasiones demasiado serio territorio diplomático además de un reflejo del sueño americano y un ejemplo de diversidad (mujer, migrante, de color y madre soltera). Resumiendo, una bocanada de aire fresco.

julissa reynoso
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El dramaturgo italiano Carlo Goldoni solía decir que “Si falta la diplomacia, llamad a una mujer”. Y, aunque la embajadora procura rehuir de estereotipos, asume que, en cuestión de género, en ocasiones jugamos con ventaja: “En este terreno, quizá, porque tenemos experiencia en escuchar más, poner más oído a diferentes situaciones y tal vez tengamos más empatía, y eso nos da más apertura para manejar problemas”. Pero Reynoso nos cuenta más:

Sobre la diversidad

«Siempre me interesó viajar y conocer otros lugares. Primero, porque soy inmigrante y, después, porque crecí en Nueva York, donde hay gente de todo el mundo. En el Bronx todos éramos extraños en un nuevo mundo, inmigrantes recién llegados o hijos de, y la mayoría de los jóvenes procedían de otras partes que hablaban idiomas exóticos. Mi mejor amiga de la infancia era de Ghana. Así que siempre estuve muy acostumbrada a la diversidad en mi día a día, y lo que conocía por ellos, desde la cocina a las ciencias políticas o sus costumbres, era diferente. Todo eso me interesaba mucho”.

Sobre la cultura del esfuerzo

«Las monjitas de mi colegio siempre nos repetían lo mismo: Do your homework [‘Haz tus deberes’) A mí me fue bien en la escuela, pero ¡hacía mis deberes! Creo que es el 90% de la batalla. Obviamente hay gente que los hace y no les va bien. Ahí es donde entra la suerte. Estar en el lugar correcto en el momento adecuado y tener personas que te ayuden. Pero también siempre he estado abierta a tomar riesgos. En mi caso creo que fue una mezcla entre suerte y atrevimiento. Pero la vida es un proceso de aprendizaje continuo. Nunca lo vas a saber todo ni serás más lista que nadie, eso nunca funciona. Mi enfoque es el trabajo. Y lo que me digo cada día es ‘Sigue caminando”

Sobre su trabajo

"Si tuviera que definir lo que hago lo resumiría en dos palabras: soy una servidora pública. Pero, por encima de todo, me siento abogada. Lo soy por la manera en que hago las cosas: porque todo lo que digo podría ser usado en mi contra y porque, para mí, lo que cuentan son los hechos. Y eso, para un abogado, es más importante que la ley”.

Sobre la vida en España

“La primera vez que vine fue durante mis vacaciones de Navidad cuando estudiaba en Cambridge. Vine con amigos y visité Madrid, Barcelona y Sevilla. Me llamó la atención la cantidad de fiestas y gente que había siempre en la calle".

"Ahora, encuentro a los españoles muy abiertos y profesionales, sinceramente. También he descubierto cosas que desconocía, como la relación con la bandera, cómo interactúan con ella, el peso político e ideológico que le otorgan. Me parece muy diferente. Y complicada”.

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Sobre la patria

En Estados Unidos cualquiera puede ser americano. Aun siendo no nacida allí –como la mitad de la población–, tenemos mucha afinidad con nuestros países de origen, y conviven perfectamente. Yo, cuando hacemos ceremonias con la bandera, lloro y me emociono”.

Sobre la diplomacia

“El trabajo de un diplomático es contar historias así que, si queremos hacer las cosas bien, tenemos que contar una buena historia. De chica yo tuve que negociar mucho para hacer gestiones para mi familia, que no hablaba inglés, así que hacía de traductora para todo: desde la escuela a la policía o los agentes de migración... siempre me tocó negociar con el poder".

"Si tuviera que dar algún consejo a jóvenes diplomáticos, les diría que sean abiertos a las posibilidades, que no tengan prejuicios”.

Sobre el humor

“Las mujeres de mi familia se reían muchísimo. Yo creía que eso era normal. Yo me crié con muchas risas. Música y risas. Y cuando salí de mi zona de confort me di cuenta de que el mundo no era así, de que había mucha gente amargada. Oh my God… ¡Me sentí tan decepcionada! Yo que crecí en un entorno alegre, así que trato de mantenerlo. A mí el humor me parece una terapia. Cuando te ríes entre amigos le quitas estrés a la vida. Es una herramienta muy útil y trato de aplicarla con frecuencia. Ya tenemos bastante seriedad en el trabajo, como para no encontrar un momento en el que divertirte. Y en el escenario político también a veces hay que reírse un poco”.

Sobre el ser humano

“Lo que he aprendido a lo largo de mi vida es que no somos tan distintos como creemos”.