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En un mundo obsesionado con el éxito, que ha hecho del sueño americano una fantasía universal y que vincula el trabajo y la productividad con la propia identidad (somos personas-empresa), una oda a la (relativa) mediocridad parece complicada. No sólo hemos de ser los mejores en el trabajo, sino también los más apuestos, los más felices, los que tienen mejor cara y los que tienen más seguidores. Vivimos en la cultura del más es más y sobre todo, mejor. El problema del mensaje "si quieres, puedes", es que deja de lado los privilegios y la meritocracia y se convierte por ende en una posible ruta hacia el fracaso y la decepción.
Si intentamos ser buenos en todo… ¿No terminaremos siendo bastante nefastos en todo? Responde Buenaventura del Charco Olea, autor de ‘Te estás jodiendo la vida: Olvídate de tu mejor versión y sé tú mismo’. “Hay un coste de oportunidad, es decir, nuestras fuerzas son finitas, por lo que el esfuerzo que invierto en una cosa, es a costa de capacidad de invertirlo en otra, con lo que corremos el riesgo de dividir tanto nuestras energías que al final no llegar suficientemente a nada. Es como dividir las tropas de un ejército en 20 frentes en lugar de concentrarlo en las batallas realmente importantes”, dice el psicólogo. “Por otro lado, nos sometemos a nosotros a un verdadero calvario en el que nos "damos caña" desde la autoexigencia y la autocrítica constantes ante la idea de que eso hará que rindamos más, de la misma forma que fustigas a un caballo para que corra. Sin embargo, no nos damos cuenta de que no sólo somos el jinete que empuña la fusta, sino también el caballo que recibe todo ese diálogo interno demoledor”. Señala además que la autoexigencia, el perfeccionismo y la autocrítica provocan procrastinación, anhedonia y apatía (dificultad de hacer cosas y disfrutar), ansiedad, depresión, y auto abandono, de forma que es más difícil que nos comprometemos con algo. “Es como si una parte de nosotros, la que es exigida por ese juez interno, decidiera ponerse en huelga o dejar de luchar, porque sabe que nunca va a ser suficiente”, comenta.
Por si fuera poco, si lo importante es ser el mejor y triunfar (por cierto: “triunfar” es un verbo con tantos matices que podemos conjugarlo, pero no abrazarlo ni comprenderlo en su totalidad), hay que hacer cualquier cosa para conseguirlo. Da igual que tengamos que hacer horas extra sin descanso, olvidarnos de nuestras parejas y abandonar la vida social con tal de ser los reyes de la oficina. “Una vez asumes que no puedes ser la mejor en todo y que hay cosas que es recomendable que hagan otros, te relajas. Delegar tareas es de lo más satisfactorio, en el trabajo y en la vida personal. Por eso es excelente rodearte de gente que es muy buena en lo que a ti no se te da tan bien. De esa forma, obtienes resultados brillantes”, explica Eva Tarín, consultora informática y desarrollo web, formadora y CEO de Informática de cabecera. “Reconocer que hay personas que son mejores que tú en algunos ámbitos no tiene nada malo, y asumir que tú nunca podrás ser igual te da la paz necesaria para poder progresar en esas áreas en las que sí que eres la mejor”, añade.
La trampa de la perfección
Sentimos la constante presión por producir, optimizar nuestro tiempo y rendir. Mientras que parece que aburrirse es pecado, las redes aplauden la perfección, una perfección, por cierto, construida y manipulada. Por ello, en tiempos de laureles, ser mediocre y errar es un acto de rebeldía radical. Implica además hacer las cosas para disfrutar y para probar, no para lograr algo.
“Cada uno de nosotros vive dentro de una cultura tejida por personas y por fantasías, una simulación holográfica de una realidad exagerada, un lugar donde imágenes e imágenes en movimiento de vidas y estilos de vida perfectos se proyectan desde vallas publicitarias, pantallas de cine, televisores, comerciales y redes sociales. Dentro del holograma, partículas de irrealidad se disparan indiscriminadamente. Cada uno de ellos nos enseña que llevaríamos una vida feliz y exitosa si fuéramos perfectos, y que todo se derrumbará si nos alejamos demasiado de ese ideal. Esta comprensión es real, viva y absorbente, y ha penetrado tan profundamente que el perfeccionismo vive en nuestro interior a través de una inseguridad persistente e inquebrantable. Inseguridad sobre lo que no tenemos, cómo no nos vemos y lo que no hemos logrado”, escribe Thomas Curran en ‘La trampa de la perfección’.
“Sin embargo, a pesar de esos inmovilizadores pensamientos, aparentemente amamos el castigo. Los entrevistados en este libro consideran que el perfeccionismo es su mayor debilidad. Sin embargo, los líderes de los negocios, la política, los deportes y las artes le atribuyen su éxito. Las celebridades y los entrenadores de vida nos educan sobre las muchas formas en que podemos maximizarlo para beneficio personal. De hecho, gran parte de lo que entendemos como virtuoso en relación con el trabajo, el dinero, el estatus y "la buena vida" en la sociedad moderna constituye la fuerza impulsora más poderosa del perfeccionismo: una obsesión por el crecimiento ilimitado y la superioridad implacable a cualquier precio”, dice el autor. Asegura que las epidemias de agotamiento y angustia mental marcan nuestros tiempos agitados, algo que nos empuja a ahogamos en el descontento, sumergidos en la espesura de lo que “nunca es suficiente” y obsesionados por la perfección, porque todos los demás parecen perfectos sin esfuerzo.
Por su parte Inés Ruiz, docente, experta en EdTech y Neuroeducación y CEO de ELEInternacional, asegura que del “éxito” no se aprende nada. “Pienso que esta cultura del “fracaso y la vergüenza” va muy ligada con el perfeccionismo femenino, ya que por ser mujeres tenemos que “demostrar” nuestra valía, y muchas veces la enlazamos con los resultados. Si seguimos viendo el fracaso como algo de lo que avergonzarnos, no podemos avanzar. Es hora de desestigmatizarlo, pues para que se dé un pequeño éxito ha habido 100 fallos que no se ven. Sinceramente, cuando hablo con otras emprendedoras, quiero saber sus "errores" para aprender”, explica.
Frente al yugo de la perfección, asistimos ahora al abrazo del error. La Doctora Cristina Martínez, autora de 'Ser feliz es urgente¡, asegura que ser "nefasta" en ciertos aspectos de la vida es un recordatorio valioso de nuestra humanidad. “Al aceptar nuestras limitaciones como elementos intrínsecos de nuestra identidad, fomentamos la autenticidad. Este reconocimiento nos libera de la presión de cumplir con estándares a menudo inalcanzables, permitiéndonos abrazar nuestras imperfecciones como aspectos naturales de la condición humana. En última instancia, esta aceptación propicia un mayor bienestar emocional y fortalece nuestras relaciones, alineando nuestras acciones con una comprensión más profunda de nosotros mismos”, comenta.
En nuestra lista de propósitos para 2024, ¿por qué no intentar, pues, sumar al listado actividades que nos apetezcan o que nos de curiosidad probar por más que sospechemos que no van a ser brillantes en ellas? ¿Y si abrazar el fracaso y la mediocridad fueran las claves para ser en realidad felices y para triunfar?
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.