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Ser capaces de entender la importancia de estar sola, es vital. Una de las lecciones más enriquecedoras que puedes tener con y para contigo misma. Puede sonarte a “antisocial”, pero lo cierto es que generarnos nuestro propio “vacío”, en ocasiones, nos conecta y créenos, es un trabajo FASCINANTE.
Antes de aprender a estar sola (y en paz), es clave entender una cosa antes: las vitales diferencias entre “estar solo” y “sentirse solo”.
“Partimos de la base de que, realmente, lo que deberías sentir es que jamás estás solo, simplemente por el hecho de que estás contigo mismo y de que eres lo más importante del mundo para ti mismo. Pero yo sé que este sentir es muy complicado”, dice Catalina Hoffmann, terapeuta ocupacional, especialista en estimulación cognitiva y experta en entrenamiento cerebral en su libro el libro Neurofitness avanzado (Alienta editorial).
“Es que estoy muy sola”, “es que no tengo a nadie”, son algunas de las frases en las que apoyamos ese vacío, normalmente, en temas relacionados con las relaciones y el amor. Pero tal y como dice Hoffman, “estar solo (referido a estar en soledad con uno mismo) y sentirse solo, SON COSAS ABSOLUTAMENTE DIFERENTES”.
Y explica a la perfección, qué diferencias hay entre estos conceptos que tanto nos atormentan: “cuando estoy solo (en soledad), pero me siento bien estando conmigo, ahí es donde estoy en absoluta plenitud. Si yo me siento solo, es decir, que tengo esa carencia, ¿qué estoy haciendo? Estoy volcando en pensamiento horizontal lo que los demás pueden darme que yo no tengo.”
Sentirse sola, rodeada de gente
Seguramente en alguna ocasión, te has sentido “sola”, aún estando rodeado de gente. No eres la única. Esa soledad es, en realidad, una falta de conexión contigo misma respecto a los demás, al ambiente. Tal y como explica Catalina: “te sientes raro, te sientes que no perteneces.”
Y precisamente en esta última palabra, en este caso, está la clave: el famoso sentido de pertenencia. El mismo al que tu cerebro se agarra en esas ocasiones para recordarte esos: “estoy sola, no encajo aquí, no pinto nada…”
Pero aquí está la buena noticia. Si a menudo sientes estos sentimientos en situaciones en las que sientes que eres una especie de oveja negra, no es tu culpa: “no es que seas un huraño, lo que pasa es que no conectas con la gente con la que en ese momento estás, porque no estás siguiendo tu sentir, porque tienes que interpretar un papel, porque sólo trabajas a nivel de corteza, es decir, sabes lo que es políticamente correcto pero no lo que realmente necesitas”, dice Hoffmann.
Y no es nuestra culpa el sentirnos así, porque así se no ha educado. El ser correctos políticamente, socialmente, el tener una serie de patrones de conducta que nos encajan en un puzzle de buena praxis, es lo que nos han inculcado. Sin embargo, nada tiene que ver, muchas veces, con la realidad. Y sin lugar a dudas, a lo que no nos han enseñado, tal y como recuerda la terapeuta, es a “escuchar lo que nuestro sentir de verdad necesita”.
Te preguntarás, llegados a este punto, cómo solucionar este percal cuando estás en esa cena de empresa o incluso, esa comida familiar o reunión del trabajo, en la que te sientes totalmente desubicada y en soledad. Pues bien, Hoffmann da algunas claves para salir del paso:
- Intenta interaccionar con alguien que conecte contigo. Con alguien de tu entorno, que te haga formar parte de ese evento o lugar. Que te ayude a conectarte.
- Tú, primero. Si directamente esas situaciones en las que nos han acostumbrado que “hay que aguantar” te superan, ¡evítalas! Matiza Catalina Hoffmann que evitar estas situaciones en las que nos han dicho que “tenemos que aguantar”, evitarán después el clásico “si llego a saber que iba a vivir esto, no hubiese venido”. Es decir, colócate como una prioridad.
- Conecta antes contigo misma. Ok, sabemos que el punto anterior no es del todo realista, porque hay eventos, reuniones o situaciones, que son inevitables. En este caso, Hoffmann recuerda que antes de sentirse incómodo con uno mismo, conectes antes: “Hay una situación en la que tengo que estar; conscientemente me doy cuenta de ello y tengo que sentirme bien conmigo mismo porque no es una situación que yo quiera vivir, pero soy consciente de que tengo que vivirla”.
Sentirse sola y vivir sola
“Aquí hay que trabajar mucho el automimo”, dice Catalina. Y añade: “que tú te sientas solo contigo mismo, significa que hay una desconexión contigo mismo y con tu esencia, que no tienes ese equilibrio de paz”.
Las conexiones neuronales que creamos a lo largo de nuestra vida, creando así nuestro “manual de instrucciones”, son claves aquí. Y el trabajo aquí está en cablear de nuevo esas conexiones. Es decir, durante nuestra vida, hemos enseñado a nuestro cerebro a que “estar solo y sentirse solo” es lo normal. Y nada más lejos de la realidad.
Es por eso que ahora, cuando estamos solos, automáticamente nos invade ese sentimiento de soledad agria. Otra buena noticia: puedes “reeducar” a tu cerebro a través del cuidado hacia ti misma. La experta explica que lo puedes hacer grabándote a fuego el hacerte la siguiente pregunta, cuando te encuentres en esta casuística:
¿QUÉ PUEDO HACER HOY PARA SER UN POCO MÁS FELIZ?
No necesariamente tiene que ser el irte de compras. No hablamos de lo tangible, sino más bien de esos regalos para el alma: desde dar un paseo por un lugar agradable a ver esa peli que tanto te hace vibrar al corazón, escuchar esa canción que nunca falla… y no hay argumentos que valgan para no hacerlo. No tienes que actuar contigo misma y el objetivo es conectar contigo, con lo que te gusta, con lo que eres, con lo que te hace feliz… aún cuando estás en soledad contigo misma.
Y no, no vamos a decir el típico “si no te cuidas tú primero, nadie podrá hacerlo por ti”, sino más bien (y en positivo), "si te pones a ti primero para cuidarte, mimarte y querer, lograrás reeducar tu cerebro y romperás con lo perpetuado hasta entonces". “Tienes que aceptar cómo eres y también tienes que entender qué te hace feliz y qué significa cuidarte y mirarte”, dice Hoffmann.
La predisposición
No vamos a negar que nuestro cerebro ha crecido y se ha desarrollado en un marco en el que, cuando estás en sola, esa soledad pesa. Ahora bien, hay que QUERER cambiar esta estructura. Cuando empiezas a ver que en esas situaciones, te sientes más conectada con lo que quieres, te lo das y de repente, estás en paz y sin ese pesar, todo cambia. Ahí es.
Pero si no hay predisposición, todo esto no son más que letras juntas. Nadie dijo que fuera fácil… pero sí que, cuando lo consigues, es de lo más maravilloso que puedes hacer por ti misma en tu vida.
Blanca del Río es experta es belleza y estilo de vida. La salud mental y la creatividad son otros dos pilares de inspiración para escribir. No se le escapa un color nuevo de pelo, un corte, una sombra de ojos o una forma viral de hacerse el 'eyeliner'. Le fascina adentrarse en el mundo de la alimentación, indagar en cómo se cuidan en todas las partes del mundo y qué podemos aprender de todos esos rincones para mejorar nuestra salud, por dentro y por fuera. Así que no es de extrañar que tan pronto te encuentres un artículo suyo sobre lo más visto en el backstage de París en maquillaje, como temas referidos a cómo explotar tu lado más creativo, cómo gestionar tus emociones o cómo aprovechar mejor tu energía. Las redes sociales son una de sus fuentes pero no tiene FOMO, porque donde más inspiración encuentra para escribir sobre cualquier tema, es en los libros. Devora todo aquello que sale al mercado en forma de ensayos y manuales sobre todos los temas que aborda a diario, pero pocas veces la encontrarás leyendo una novela (y menos de amor). Blanca se graduó en Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, se formó como 'cool hunter' en la escuela de moda, arte y diseño IED de Madrid, así como en fotografía y artes visuales y digitales con los mejores profesionales.
Mientras tanto, ha podido completar su expertise con grandes expertos en el terreno de la belleza, la salud y el bienestar gracias a su trabajo en medios de comunicación especializados del ámbito digital, en los que ya acumula más de 15 años de experiencia.