Nuestra manera de estar en el mundo está muchas veces condicionada por las secuelas que nos dejaron las heridas infantiles. Cómo somos, qué pensamos, qué sentimos y cómo actuamos en nuestras relaciones viene en gran parte determinado por ese periodo crucial de nuestra vida.

En Aprende a cuidar de tu niño interior, Jordi Gil Martín nos propone sanar las heridas latentes que vienen de la infancia y nos afectan en la edad adulta. Esta es nuestra misión vital si queremos dejar de reaccionar desde el pasado y tomar las riendas de nuestra vida.

En este libro descubrirás la importancia de sanar, proteger, cobijar y cuidar a nuestro niño interior y la necesidad de reconectar con nuestra magia infantil para conquistar nuestra fortaleza interna. Según Jordi Gil Martín, “prestar atención a nuestras heridas infantiles significa acabar con un daño crónico que nos entorpece, nos atasca y nos frena en el camino a la felicidad”.

¿Qué es nuestro niño interior? ¿Cómo cuidarlo? ¿Cómo saber si tenemos heridas por sanar? Hemos hablado con Jordi Gil Martín para que nos hable de todas estas cuestiones tan importantes y qué tano pueden estar afectándote sin saberlo.

cómo cuidar a tu niña interior
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¿Cómo somos, cómo sentimos y cómo actuamos puede estar condicionado por nuestra infancia? ¿Por qué?

De niños respondemos ante lo que recibimos, configuramos una estrategia de personalidad según lo que nos va pasando, según cómo acompañen nuestras vivencias y los mensajes que recibimos del entorno familiar-social-cultural. Según me traten se configura mi personalidad de una determinada forma; si me siento agredido me retraigo, si me cuidan me expando. Si por ejemplo, al llevar la contraria a mi padre recibía castigo o indiferencia, es posible que de adulto me cueste expresar mi opinión o poner límites sanos. Los aprendizajes iniciales influyen en nuestras respuestas actuales ante nuestras experiencias o ante los demás.

¿Qué o quién es nuestro niño interior y por qué es tan importante cuidarlo?

Nuestro niño interior es una parte antigua de nosotros, es nuestro yo infantil, es una identidad interna que se configuro en nuestra niñez y que nos acompañará toda la vida. Es quienes fuimos al llegar al mundo, y desde ese yo inicial nos hemos desarrollado.

Cuidar el niño herido interior es cuidar quienes fuimos, fue una parte nuestra que sufrió y disfrutó de la vida, que conoció el éxtasis y el desencanto, y que nos llevó hasta aquí. Cuidarlo es cuidar nuestra vulnerabilidad inicial, nuestra inocencia inicial, nuestra bondad infantil. Nacemos muy dependientes y frágiles e hicimos un gran esfuerzo para llegar hasta aquí, se trata de atender, cuidar y respetar nuestra luz inicial.

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¿Qué señales nos pueden indicar que tenemos heridas de la infancia sin sanar?

En griego, trauma significa herida. El trauma deja secuelas y, por tanto, pistas para detectarlo, ya sea en forma de enfermedades, de somatizaciones recurrentes, estilos de pareja o de vida disfuncionales o tóxicos, asuntos con los que siempre me tropiezo... Un buen indicador es nuestra mayor o menor afección emocional, si nuestro sistema nervioso se hiperactiva, si de repente estoy ansioso o muy preocupado en una reunión de trabajo o por una excursión escolar de mi hijo, o entro en modo hipoactivacion nerviosa, me desconecto de la educación de mi hijo o me congelo ante la agresividad de mi pareja… Estas serán señales de que algún trauma está detrás de estas oscilaciones emocionales.

Otros indicadores son desvitalización, fatiga, hiperalerta, depresión, adicciones, manías, un carácter muy rígido o demasiado permisivo…La mayoría de desórdenes emocionales o dificultades personales suelen tener un fondo traumático.

Los padres… ¿Cómo reconciliarnos con ellos cuando sentimos que son los responsables de nuestras heridas?

Inicialmente la responsabilidad de nuestra salud mental es de nuestros padres, nacemos muy dependientes. A medida que crecemos cada vez somos más responsables de nuestro bienestar y autocuidado. Se trata de transitar la hiperdependencia inicial a conquistar nuestra indepedencia emocional, hasta que nosotros somos responsables de nuestra autosanación.

Respecto a la reconciliación con los padres, lo primero es darse espacio y derecho a sentir lo que sentimos, desde el odio a la gratitud, y desde allí entrar en un proceso de soltar, de ver la realidad y de aceptarla de forma radical, sin resentimientos ni culpabilizaciones. Se trata de limpiar la herida y de dejar atrás lo toxico.

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¿Puede darnos algunas claves para cuidar y sanar a nuestro niño interior?

Primero de todo se trata de visitarlo, de ver una foto de tu yo infantil, de dejarte sentir lo emocional al evocarlo o verlo. De hablar con él, de preguntarle que le faltó, darle las gracias, reconocer su fuerza, escuchar su dolor y también sus deseos. Contarle cómo te ha ido.

Contactar y dialogar con él desde lo emocional y desde la gratitudes un buen comienzo y, desde allí, establecer el compromiso de cuidarlo desde nuestro yo adulto.

¿En qué casos sería necesaria la ayuda de un psicólogo?

En cualquier caso en el que observo que siento que no soy capaz de autorregularme emocionalmente o que me siento superada por la ansiedad, el miedo, la culpa, la depresión… Por estados anímicos o emociones y también cuando me percibo desvinculado del mundo, de las relaciones, de lo vital.

También es importante confiar en que, si una persona de confianza me lo sugiere, es importante hacerse un chequeo psicológico. Otra cuestión crucial es cuando estoy abandonando o maltratando mi cuerpo, mi casa interior.

Ir al psicólogo debería ser vivido de una forma más ligera, como hacerse una analítica anual o llevar el coche a la ITV cada año. Igual que vamos al gimnasio para mantener nuestra salud, o también como un camino de autoconocimiento y crecimiento personal, no solo en caso de crisis o sufrimiento.