¿Cómo estás viviendo esta situación?
Están siendo días intensos y difíciles, tanto si lo vives desde casa o desde la primera línea de actuación. Desde el comienzo de la pandemia hasta ahora he pasado por varias etapas. 1ª etapa: al inicio con una sensación de miedo por desconocimiento de la enfermedad y al contagio; ansiedad, estrés y agotamiento por la sobrecarga de trabajo; e impotencia y tristeza de ver que por muchos esfuerzos que hiciéramos los pacientes fallecían en un ambiente de absoluta soledad en las habitaciones, sin sus familiares. Era difícil conciliar el sueño ya que continuamente estaba pensando en la situación de cada uno de los pacientes. De hecho, en ocasiones llegaba a casa llorando por la pérdida de algún enfermo y la situación horrible de su muerte en soledad.
2ª etapa, aislamiento por contagio: la sensación era de frustración e impotencia por no poder estar en activo, codo a codo con mis compañeras. He tenido la suerte de ser una de las personas privilegiadas en sufrir la enfermedad con sintomatología muy leve y tenía la sensación de abandono de mis obligaciones. A diario me acordaba de mis compañeras, que a pesar de los grandes esfuerzos que estaban realizando, poco a poco también iban contagiándose, algunas de ellas pasando momentos difíciles. Y en segundo lugar, incluso viviendo en la misma casa, la sensación de distanciamiento que existía con mi pareja; yo vivía aislada en una habitación con baño, él me dejaba la comida en una bandeja en la puerta de la habitación, siempre protegidos con guantes y mascarilla. Eso sí comíamos siempre juntos pero a través de una videollamada.
3ª etapa: La reincorporación al servicio activo fue con gran energía y ganas de comerme el mundo. Ahora la situación ha cambiado, la carga de trabajo es menor por la disminución del número de ingresos y se ve poco a poco la luz al final del túnel.
¿En qué consiste tu día a día?
Trabajo en la unidad de Neurología y Digestivo, pero me imagino que como en la mayoría de los hospitales, el Hospital Universitario de Guadalajara ha tenido que reinventarse y reestructurarse, y mi unidad como prácticamente todo el hospital, se ha convertido en una unidad más de COVID-19. El trabajo en sí es el habitual, dar los cuidados necesarios y administrar tratamientos como veníamos haciendo hasta ahora, aunque con más estrés por la sobrecarga de trabajo y, destacando la humanización, dando gran importancia a una cosa tan insignificante como el coger la mano, dar unas palabras de ánimo y escuchar sus miedos, preocupaciones; eso sí, siempre enfundados en unos insufribles EPIS. Al llegar a casa, lo primero es pasar por la ducha y seguir todas la recomendaciones del distanciamiento social. Hacer videollamada con la familia y amigos…
¿Qué es lo que más miedo te da?
Me imagino que como a la gran mayoría, el mayor temor es el contagio de nuestras familias, sobretodo de nuestros mayores. En mi caso he tenido la mala experiencia de perder un familiar muy querido, y no me gustaría experimentar de nuevo esta sensación.
¿Qué es lo que más te anima?
En los primeros días, en los peores momentos recuerdo las palabras de ánimo de mi madre diciéndome "tú puedes, eres fuerte" y qué razón tenía, de esto se puede salir. Cada vez son más los pacientes que se van de alta, los compañeros se van recuperando y se van incorporando al trabajo. Esto te da una inyección de energía para volver al hospital, que de verdad ha sido un campo de batalla.
¿Crees que va a cambiar algo después de esto?
Creo y confío en que sí, aunque dudo que perdure en el tiempo. El hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, aunque espero equivocarme. Esta experiencia nos está enseñando muchas cosas buenas pero hay que mantener la memoria activa, grabarlas en la piel e integrarlas en nuestra vida y nuestra forma de ser.
¿A quién aplaudes tú a las 8?
Son muchos los agradecimientos hacia las personas que nos aplauden a las ocho, a las empresas y anónimos que están donando material sanitario y de alimentación para hacernos más fácil el día. Y sobre todo a los familiares de los enfermos que están viviendo situaciones extremas y muy dolorosas, y siguen confiando en nosotros. Ellos sí que son héroes. Y, desde luego, a todos los trabajadores de los servicios esenciales y en general a toda la población por el gran esfuerzo de quedarse en casa. De verdad que están ayudando a detener la pandemia.