Si nos detenemos a pensar en las escenas sexuales que el cine muestra, nos daremos cuenta de que estas suelen ser las que tienen lugar en el comienzo de las relaciones, es decir: cuando la pasión está en su punto álgido y el sexo forma parte del lenguaje amoroso con el que conocer al otro. Es de suponer que los cineastas no creen que los espectadores queramos ver a una pareja practicar el misionero con más resignación que fogosidad, por lo que prefieren que sean los fuegos artificiales libidinosos los que reinan, pero al margen de lo que muestra la gran pantalla, lo cierto es que tanto la vida real como la neurociencia dejan bien claro que desafortunadamente (y para sorpresa de nadie), la pasión no es eterna.

Comienzos fogosos… continuaciones pausadas

El deseo sexual siempre es más intenso al principio de una relación, también conocida como la "fase de atracción", porque hay más dopamina, serotonina y norepinefrina fluyendo. Estas sustancias químicas forman parte del sistema de búsqueda y recompensa del cerebro, que le dice que lo que buscamos es bueno y que necesitamos más. “También es la razón por la que a menudo no puedes quitarte de la cabeza lo que te gusta. De hecho, al principio es exactamente como una adicción. Sin embargo, a medida que la relación se consolida y empieza a ser más estable y confiada, este cóctel químico comienza a incluir sustancias más relajantes, como la oxitocina y la prolactina", dice Megwyn White, sexóloga certificada y directora de educación de Satisfyer.

"El estado de libido intenso empezará a cambiar de forma natural a los 6-12 meses de relación"

"La Nueva Energía de Relación (NRE) se traduce como sentimientos sexuales intensificados. Es el término acuñado para describir la fase inicial, en la que vemos todo de color rosa, y vivimos la relación con mucha intensidad y lujuria. Esta etapa de deseo en una relación está programada para ayudarnos a avanzar hacia el sexo y nos hace perder el juicio. Hace que sintamos ese deseo hacia nuestra pareja, y que incluso fantaseamos con ella cuando no está allí. Se puede considerar como la "fase adicta" del deseo, en la que uno está literalmente enganchado a su amante y siente la necesidad de estar íntimamente unido para gestionar su arreglo amoroso", dice. Aclara que ese estado de libido intenso empezará a cambiar de forma natural a los 6-12 meses de relación, a medida que las parejas se vayan conociendo más, algo que conside es positivo, porque la mayoría de las personas no pueden controlar este estado maníaco de atracción durante demasiado tiempo.

"Experimentar falta deseo, o no sentirlo, es muy común en las relaciones de larga duración"

“En primer lugar, es importante que la gente entienda que experimentar falta deseo, o no sentirlo, es un fenómeno muy común en las relaciones de larga duración. La clave está en cómo lo afrontamos. Cada relación tiene sus capas, y aunque el sexo es importante para mantener el vínculo de la relación, nunca es el único factor que influye, ya que muchas veces se junta con muchos otros problemas. Aunque puede que no sea un problema en todas las relaciones, algunas parejas pueden abandonar a su pareja o a sí mismas a la hora de abordar estos problemas subyacentes, y esto, por supuesto, suele conducir a una ruptura inevitable de la relación”, explica White.

Sin embargo, no es fácil asumir que la actividad sexual dentro de la vida de pareja no se encuentra en su mejor momento cuando programas como 'La Resistencia', al hacer a sus invitadas confesar cuánto sexo han practicado en el último mes, hacen que sea complicado que los espectadores no analicen con reparo asus propios números. Del mismo modo que Broncano les pregunta también por el dinero de su cuenta corriente, al hacer lo propio con su vida sexual... ¿Acaso no estamos entonces ensalzando también el capital erótico?

"Muchas parejas aprenden a superar los retos de esa falta de deseo si afrontan este desafío juntos"

White asegura que al profundizar un poco más y tratar la situación con empatía, hay muchas probabilidades de que las parejas salven ese bache en la intimidad, y por ende, el consiguiente deseo sexual. "Muchas parejas aprenden a superar los retos de esa falta de deseo si afrontan este desafío juntos. Si la relación se basa en el amor y en compartir, es posible encontrar un compromiso y un camino de vuelta a la intimidad que satisfaga las necesidades de ambos. De hecho, este proceso puede ayudar a fortalecer el vínculo entre las parejas y conducir a una conexión más profunda y satisfactoria”, dice.

Cuándo hay que preocuparse… y cuándo no

Aunque con el paso del tiempo, es normal que la pasión no sea como la de los primeros meses, ¿cuándo hemos de preocuparnos? Valérie Tasso, escritora, sexóloga y embajadora para España de LELO, comienza explicando que es habitual que la chispa disminuya por un motivo con el que es posible te sientas identificada: la familiaridad, que no es precisamente la mejor amiga de la pasión desenfadada.

"La familiaridad que se asienta en la pareja es muy poco apropiada para el deseo"

“Esa “familiaridad” que se establece en los miembros de una pareja con el paso de los años es muy poco apropiada para el deseo, que siempre busca el territorio novedoso y su conquista. En cambio, afianza y consolida la musculatura del vínculo amoroso. La preocupación surgiría cuando la asimetría del deseo es excesivamente manifiesta, cuando uno quiere mantener relaciones sexuales continuamente y el otro no; cuando uno o los dos cae en el error de asociar la calidad y frecuencia de las interacciones sexuales con el amor que se procesan o cuando, sin ningún tipo de acuerdo, de pacto o de comunicación, se busca el encuentro erótico con un tercero externo en la pareja y, además, se confunde, tanto en el sujeto activo como en el pasivo, ese “contacto” con una manifestación indiscutiblemente amorosa”, comenta.

Como ocurre con cualquier problema de pareja, la conversación es clave, como indica Arola Poch, sexóloga de la red social liberal Wyylde. “Hay que entender que es normal tener un diferente nivel de deseo sexual. Nadie debe sentirse mal ni por ser quien tiene más, ni por ser quien tiene menos. A veces se tiende a pensar que esa falta de deseo es porque ya no le gustamos a la pareja y eso genera inseguridades, cuando no tiene por qué ser así. Puede ser por cuestiones relacionadas con el estrés, con la monotonía, con una diferencia de gustos, etc. También es importante entender que nadie debe presionar ni presionarse bajo la creencia de que una pareja "ha de tener” relaciones sexuales”, explica.

"Tener relaciones "porque toca" puede acabar siendo contraproducente"

Asegura que tener relaciones "porque toca" puede acabar siendo contraproducente, pues lo importante es abordar el tema con empatía para ambas partes, sin reproches, poner el foco en los motivos, negociar y si no se le ve salida, se puede acudir a un/a sexólogo/a que ayudará a reencontrarse con el deseo.

El taller de reparación del deseo sexual

Cuando existe un problema de discrepancia en el deseo, Megwyn White recomienda dejar de centrarnos en la frecuencia de las relaciones sexuales para poner la atención en la calidad del sexo y la intimidad. También considera idóneo intentar huir de la presión inmediata que genera la situación. “En esencia, una diferencia en el deseo sexual, o una "falta de chispa", puede ser simplemente una oportunidad increíble para que las parejas sanen y mejoren su relación mientras se tiene cuidado. Si las parejas no son capaces de abordar las heridas emocionales que están presentes, los problemas seguirán surgiendo o, lo que es peor, puede llegar la infidelidad, que podría ser un daño irreversible en la relación”, comenta.

"Las 5 Cs son: compromiso, creatividad, compasión, comunicación y creación de espacio"

“En general, lo mejor que puede hacer frente a las discrepancias de deseo con la pareja es reconocer que existen diferencias y centrarse en , que son clave para ayudar a mantener una vida sexual sana. Todos estos elementos ayudan a impulsar la "interdependencia sexual", que puede definirse como un esfuerzo mutuo por apoyar el nexo de la relación, y que se ha relacionado con la satisfacción sexual, sobre todo en las relaciones a largo plazo”, dice White.

Del mismo modo que al comenzar hicimos alusión a cómo el cine tiende a poner el foco en los momentos más apasionados de las parejas, las celebridades tienden a hablar de su vida sexual cuando esta es especialmente animada. Parece haber cierto miedo a parecer una persona poco activa en el ámbito sexual, y por eso Alex Corretja, cuando precisamente fue a ‘La Resistencia’, confesó a David Broncano que gracias a ser conscientes de que la pregunta iba a surgir, su pareja, Martina Klein, y él, se entregaron a la pasión: "Estamos en sprint continuo, pero ahora se ha acelerado", dijo con orgullo. ¡Minipunto para la pasión con fines televisivos!

Nadie quiere quedar como un monaguillo en la tele, al parecer… Aunque a Gwyneth Paltrow le importa bastante menos, siempre y cuando ayude a su negocio. A la actriz no le costó reconocer en un vídeo publicado en su web, GOOP, a su gurú sexual (sí: ese puesto existe), Michaela Boehm, que el confinamiento había pasado factura a la pasión con su marido, Brad Falchuk.

"Las “soluciones” estándar suelen provocar unos resultados insatisfactorios"

Pero… ¿Cómo podemos reactivar la chispa? Tasso aboga por la terapia y por los juguetes sexuales. “Suelo recomendar dejarse asesorar por un terapeuta, que analizará las particularidades de la caída del deseo en cada caso. Cada pareja y cada miembro que la compone es un mundo en sí mismo, y las “soluciones” estándar suelen provocar unos resultados insatisfactorios. Del mismo modo, los consejos que se suelen dar fuera de ese ambiente terapéutico, tampoco suelen servir, sobre todo si medimos su eficacia a corto plazo. Lo mejor es que un profesional guíe esa rehabilitación del deseo, posiblemente adaptando a esa pareja en concreto un protocolo de “focalización sensorial”, pero sin dejar de analizar qué espera uno de otro, qué desea fuera de la pareja si desea algo, cómo se perciben a ellos mismos y con relación al otro y toda una serie de cuestiones capitales para intentar conseguir el objetivo marcado”, explica.

"Sí: el deseo se trabaja"

Señala que es probable que, al margen de la “focalización sensorial”, se introduzcan algunos “deberes”, como la lectura de relatos eróticos, ver alguna película erótica juntos, introducir algún tipo de juguete erótico… "La elección de un sex toy o no dependerá de la escala de valores de los dos y de cuán abiertos están a la hora de introducir estos elementos en su dormitorio. ¿Qué pretendemos, en el fondo, con estos objetos y herramientas? Sencillamente, “darle de comer” al deseo. Porque sí, el deseo se trabaja. Hay que nutrirlo del mismo modo que hay que alimentar nuestro cuerpo para que siga funcionando”, asegura.

"Tener relaciones satisfactorias alimenta también el deseo"

Arola Poch también pone el foco en la mente y en alimentar el erotismo a nivel psicológico, ya que si la mente está activa en lo erótico, guiará al cuerpo. Esto pasa por pensar en fantasías, tener conversaciones sobre sexo, compartir deseos, abrir la relación (si es algo que ambas personas acuerdan), etc. “A partir de ahí, se podrán también introducir novedades y juegos en las relaciones sexuales. Puede servir desde plantear algún juego de rol, hasta usar algún juguete erótico, ir a un local swinger, etc. Tener relaciones satisfactorias alimenta también el deseo”, comenta.

"No hay que dar por hecho el deseo"

Lo importante a tener en cuenta es que no hay que dar por hecho el deseo, sino que hay que entrenarlo y ejercitarlo, por lo que quien sienta que la chispa ha desaparecido de su relación, no tiene que darlo todo por perdido, sino hablar con su pareja y resetear la pasión encendiendo no sólo botones mágicos, sino ante todo, la mente.

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Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.

Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.