El libro adecuado en el metro. Las manos que preparan un café. La voz que narra un podcast. Un gesto al sostener y manejar un botellín de cerveza. Soy capaz de enamorarme de forma absolutamente platónica una media de dos veces al mes, así a la baja. Una buena costumbre como otra cualquiera a la que TikTok puso nombre el año pasado. Las películas que te montas se llaman ‘delusionships’, relaciones que son, eso, una ilusión.

Su definición es muy amplia y abarca desde esa producción cinematográfica más o menos sana hasta situaciones que lo son menos, como el amor no correspondido o la falta de responsabilidad afectiva por la otra parte. Para lo que hoy nos compete vamos a quedarnos con la primera, porque fantasías y amores platónicos pueden, contra todo pronóstico, ayudar a conocernos, a saber qué deseamos, qué anhelamos, qué (quizás) nos falta.

La fantasía, nos explica la sexóloga experta en salud sexual y reproductiva Laura Cámara, es la base del deseo. “Cuando ponemos imágenes, historias y pensamientos eróticos en nuestra mente, se activa el deseo sexual”, explica. “Fantasear puede ayudarnos a descubrir aspectos de nuestro deseo que quizás no hemos considerado en la realidad. Con la imaginación exploramos parcelas sexuales sin pudor y conectamos de manera más íntima con nuestra sexualidad”, añade la psicóloga y sexóloga Silvia Sanz.

La próxima vez que te enamores de cualquier persona desconocida o directamente inalcanzable, tira de ese hilo. Imagina situaciones cotidianas e íntimas. Fuera límites o juicios. “La fantasía debe ser totalmente libre. No puede tener censuras. Una relación sana con la fantasía y el deseo parte de entender que la fantasía juega a tu favor y que debes usarla para cuidar, trabajar y estimular tu deseo”, concluye Cámara.

Para que estas fantasías nos ayuden a definirnos no basta con darles rienda suelta; es necesario un diálogo interno. “Podemos preguntarnos qué tipo de fantasías tenemos, quienes aparecen, si estas personas son recurrentes, qué emociones nos genera el tenerlas, además de excitación. ¿Poder? ¿Culpa? ¿Vergüenza? ¿Miedo?”, propone Sanz. De esta forma nos acercaremos a aquello que nos excita, pero también a lo que reprimimos, lo que anhelamos.

La fina línea entre fantasía y frustración

Partimos de la premisa de que una delusionship es platónica, tiene siempre algo de inalcanzable. Nunca se sabe, claro, pero en principio. La delgada línea que separa una fantasía sana de una tóxica se cruza cuando el ensueño compromete a la realidad. “Mantener en el imaginario algo que no puede ser real siendo consciente de ello no tiene nada de malo. Ahora bien, los amores platónicos a veces se idealizan pensando que serían mejor que lo que tenemos ahora”, afirma Cámara.

De nuevo, entra la sinceridad con una misma: ¿Esta fantasía nos está alejando de posibles vivencias reales? “A veces potenciamos este tipo de vínculos ideales porque nos mantienen en la ilusión y evitan que salgamos al mundo real y sus relaciones con sus carencias, frustraciones… Es una falacia de confort que, al tiempo que percibida como zona segura, también se siente incómoda porque nos aísla de la realidad”, explica Sanz.

Dar espacio a la realidad para que supere a la ficción

Sin la realidad de por medio, sin la rutina, sin ver las grietas y sombras, es sencillo construirse una imagen ideal, casi académica, de alguien. Por suerte, las personas somos mucho más que arquetipos. Estamos hechos de carne, hueso, emociones y contradicciones. Un puzzle de humanidad, una fuente inagotable de minucias. Las fantasías y los amores platónicos pueden guiarnos para vivir de lleno una realidad que puede ser incluso mucho más bonita si se le da espacio. “Debemos dar al otro, a esa persona real que es nuestra pareja o que estamos conociendo, la oportunidad de ´ser´. Salir de esas imágenes preconcebidas y dejarte sorprender por otros aspectos que no esperabas”, concluye Sanz.

Headshot of Carolina Freire Vales

Escribe sobre psicología, vida laboral y relaciones emocionales. Escribe, como decía Joan Didion, para entender el mundo. Estudió Periodismo y Comunicación Digital en el CEU San Pablo y Comunicación Estratégica en la Universidad de Columbia. Empezó su carrera en el diario digital The Objective. Ahora escribe en ELLE y S Moda, y también ayuda a marcas a contar su historia.  Vive como escribe: en un intento constante por descubrir qué significa ser mujer adulta y feminista en el presente. Para ello, se sirve de las voces de mujeres que se plantearon esa cuestión mucho antes que ella.  Le gustaría que todas las comedias románticas fuesen como La peor persona del mundo.