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Hace apenas unos días, un informe daba el listado de los destinos europeos preferidos por los españoles para viajar en el verano 2025. El ranking no ofrecía apenas sorpresas: París, Roma, Londres, Atenas, Ámsterdam, Milán, Budapest, Malta y Oporto son las ciudades más buscadas por los turistas patrios. A veces parecemos un poco obsesionados por hacer 'check' en la lista de los destinos europeos obvios y no miramos hacia otras ciudades que no son capitales y que tienen muchos encantos... y menos masificación.
Personalmente, nunca habría puesto en mi lista de destinos la ciudad de Basilea (Suiza) si no fuera porque hace unas semanas la visité para presenciar el Festival de Eurovisión 2025 de la mano de Booking.com. Ginebra es, de largo, el destino suizo más turístico -y lo conozco-, pero de Basilea solo conocía una cosa: su famoso museo de arte. Luego mi hermana, con la que viajé, me contó también que fue la ciudad donde terminó sus días el humanista Erasmo de Rotterdam.
Basilea: el destino europeo inesperado
Al aterrizar en Basilea en el EuroAirport, entenderás la posición estratégica de la ciudad: el aeropuerto sirve no solo a Basilea, sino también a Mulhouse (Francia) y a Friburgo (Alemania); es el único del mundo que utilizan tres países. De hecho, junto al aeródromo se encuentra una amplia autopista que lleva a la ciudad y que transitan miles de franceses y alemanes que van a trabajar a Suiza.
Basilea no es una ciudad grande; puede verse con tranquilidad en dos o tres días, aunque es recomendable tener alguna jornada más para disfrutar, por ejemplo, de un paseo en bici en tren o de coger el transporte público y acercarse a la vecina Alemania -así de un viaje, haces dos-. Viven unas 175.000 personas en la localidad suiza, lo que la convierte en la tercera más poblada del país tras Zúrich y Ginebra.
El origen de Basilea data de época celta y se sabe que se establecieron tropas romanas en la colina de la catedral, junto al Rin, en el año 30 a.n.e. En 1460, se fundó la universidad, lo que motivó la llegada de numerosos eruditos a Basilea, que se convirtió en centro de Humanismo e imprenta. Poco después, la Reforma dio pie a los negocios textiles y al tintado de la seda, origen de las actuales empresas farmacéuticas y químicas que nutren la economía de la ciudad.
Basilea: para pasear tranquilo y saborearla despacio
Basilea es una ciudad que debe ser paseada con tranquilidad para recorrer todas sus calles flanqueadas de casas de la Edad Moderna, con sus colorines y sus listados de madera. Es una ciudad donde el tiempo transcurre despacio, entre el grito de los niños que juegan en los colegios, los jóvenes desafiando con un baño las bajas temperaturas del Rin y los adultos viajando en bicicleta por todas partes de la ciudad (o en tranvías decorados con fotos de Roger Federer; el Federer-Express).
Hay varios puntos de interés en Basilea que no te puedes perder. Desde luego, una visita a su encantador casco antiguo, donde sobresale la magnífica catedral protestante comenzada en 1225, en la que está enterrado Erasmo de Rotterdam -tendrás que buscar con ahínco la tumba-. Justo detrás de la catedral se halla el Pfalz, uno de los miradores más bonitos de la ciudad, con vistas sobre Kleinbasel, el Rin, la Selva Negra y los Vosgos y en un entorno de frescos árboles. Una delicia.
A menos de 10 minutos de la catedral, atravesando por algunas de las calles peatonales y comerciales de Basilea, se encuentra el precioso Ayuntamiento, con una fachada roja inconfundible con pinturas de Hans Bock. El consistorio se encuentra en la Marktplatz, así llamada porque todos los días laborables se establece un delicioso mercado gastronómico. Algo más retirada se encuentra la Spalentor, la única torre que queda de las ocho que conformaban muralla de la ciudad, que data de 1400, que señalaba el camino a Alsacia y que es uno de sus monumentos más emblemáticos.
El Rin, eterno protagonista
Pero si hay una construcción que aparece en la mayoría de las fotos de Basilea ese es el famoso Mittlere Brücke, uno de los puentes sobre el Rin más antiguos. El original data del siglo XIII, aunque hubo que adaptarlo con la llegada del tranvía eléctrico; el que hoy podemos ver es de 1905.
El Rin es, en sí, uno de los lugares más encantadores de la ciudad y te recomendamos descubrirlo con calma (y protección solar). En la orilla opuesta al centro histórico hay un precioso paseo junto al margen y, al lado del Mittlere Brücke, se encuentra un embarcadero para tomar un barco turístico y hacer un minicrucero por el Rin de unos 75 minutos de duración, vale mucho la pena.
También vale la pena, si eres amante del arte y la cultura, visitar el Kunstmuseum Basel, una de las pinacotecas más reputadas del mundo... y a pesar de todo, casi solitaria, hay muy pocos turistas. La colección del museo -las exposiciones se pagan aparte- cuenta con obras maestras de Hans Holbein, Rembrandt, Paul Cézanne, Claude Monet, Vincent Van Gogh, Pablo Picasso y Andy Warhol. Y para ti solita.
Basilea, también para los contemporáneos
Un par de apuntes para los amantes de la arquitectura contemporánea: justo a la entrada de la parte más antigua de la ciudad se encuentra la curiosa Fuente Tinguely: en el lugar donde se encontraba el escenario del antiguo teatro de la ciudad, el escultor y pintor suizo Jean Tinguely concibió, en 1977, una enorme piscina, en la que dispuso divertidas esculturas mecánicas.
El otro apunte es acercarse a ver las impresionantes Torres Roche, de Herzog & de Meuron, los edificios de oficinas más altos de toda Suiza y es la sede de la compañía farmacéutica Roche. El edificio 1 se completó en 2015 y, con 178 metros, y el edificio 2 lo superó en 2022, con 205 metros de alto y 50 plantas.
En definitiva, Basilea te sorprenderá como una de esas ciudades bonitas, fresquitas para el verano, con poco turismo, manejables a pie y donde te sentirás como en casa. Una opción estupenda para planificar tus próximos viajes por Europa.