«Cuando llegó Netflix, todos estábamos deseando que propusiesen proyectos, que se expandiera la industria. Y así ha sido. Ha abierto muchas puertas y descubierto talentos. Pero, como todas las cosas que son muy potentes, tiene un lado que hay que aprovechar y otro que debes saber manejar, porque son escaparates bestiales y han transformado la vida de mucha gente. Tengo amigos que han pasado de no saber qué iba a ser de ellos a, al día siguiente, ser los invitados de los front rows del mundo entero. Ante eso, hay que mantener una relación saludable», reflexiona Bárbara Lennie (Madrid, 1984). Su consejo tiene mucho valor, ya que la actriz es uno de los mejores ejemplos de cómo conseguir una carrera muy personal, con producciones diversas e interpretaciones inolvidables, sin caer en las mieles del éxito fugaz ni en las garras de la fama abrumadora. «La única serie que he hecho con ellos, El desorden que dejas, fue una experiencia genial, libre, y me dio la posibilidad de llegar, de una manera muy inmediata, al mundo. Fue la primera vez que tuve esa sensación», recuerda.

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Andrés García Luján
Vestido drapeado en punto de seda con ‘maxibroche’ con logo dorado en la espalda de Loewe.

¿Las redes sociales han cambiado las reglas del juego?

Me siento un poco mayor en ese sentido (risas). No me pasa que alguien me llame por los seguidores que tengo. Pienso que los creadores no reparan en eso, y tampoco tiene nada que ver con lo que me interesa de este oficio, que es contar historias, algo mucho más sensible y complejo que unas cifras. Aunque para los más jóvenes es diferente.

¿A qué narraciones te interesa entregarte como actriz?

A las de mujeres que me ayuden a entenderme mejor o a ver la realidad de otra forma, para llegar a los demás y que también lo consigan. Lo que necesito es que la historia sea excitante, que me cuestione a mí misma, que genere reflexiones y conflictos. Y creo que eso el público lo recibe y lo sabe aprovechar. Me gustan los proyectos en los que alguien se juega algo que le importa. Yo lo hago, porque es un oficio en el que no puedes salir indemne, si no, dedícate a otra cosa.

¿Y te han llegado muchos así a lo largo de tu carrera?

Sí, casi todos. También los he buscado y proyectado (risas).

¿Notas cambios reales en los personajes femeninos?

Hay un cambio real. Todo se está repensando, y hay ciertos discursos que ya no tienen cabida. Existe un cuestionamiento muy serio de qué lugar se da a la mujer en los relatos que se cuentan.

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Andrés García Luján
Álvaro Mel lleva traje con ‘maxiblazer’ cruzada y pantalón de pinzas ‘oversize’, camisa en algodón con rayas, corbata fina de seda arrugada y botines de piel, todo de Bottega Veneta. Bárbara Lennie viste traje pantalón azul con raya diplomática, blusa en seda con lazada en el cuello, cinturón de piel con hebilla de logo plateada y mocasines bicolor, todo de Gucci.

¿Tú has dicho mucho que no?

Sí, he ducho más que no que que sí. Ahora porque me apetece mucho, porque he tenido dos años y medio de mucha dedicación a criar, pero siempre he ido haciendo cosas pero no soy de enlazar proyectos. He tenido algunos años muy intensos y después me he cuidado mucho, porque siento que no me sale. Yo acabo muy cansada de esos procesos, son muy largos. Desde que empiezas a hablar con un director y tu cabeza empieza a trabajar, toda la preparación y el rodaje. Así que como no estoy en esto para hacerme rica, sino porque me gusta mucho, si no lo necesito no lo hago.

¿Te ha dado miedo que no te llamasen en ese parón elegido?

Un poco. En esta profesión convives con cierta incertidumbre siempre. Es así y forma parte de este oficio de una manera muy heavy. Pero, a la vez, siempre he sentido un impulso de que las cosas iban a ir funcionando bien. Y lo sigo pensando.

¿Qué tienes en tu lista de próximos proyectos?

El rodaje de una peli muy guay, el estreno de Los Tigres en otoño y, en 2026, voy a armar algo de teatro.

Leila Guerriero habla sobre tu historia familiar en su libro "La llamada", ¿qué ha significado para ti?

Ese libro me ha resultado bastante conflictivo. No lo he leído, sólo algunos párrafos en diagonal, por recomendación médica (risas). Mis amigas más íntimas y mi pareja sí lo hicieron y me dijeron: "Te lo puedes ahorrar, no es necesario". Entiendo que sea superinteresante y que sea material para escribir, de hecho ha sido un éxito increíble. Me ha llegado mucha gente diciendo: "Qué fuerte lo de tu...", y claro, se dan cuenta de que es un caso real y que hay que tener cuidado en cómo te acercas. Lo que más me ha generado son ganas de coger la palabra, de articular un relato propio en torno a eso, y estoy dándole vueltas para saber cómo hacerlo. Pero sí, ha sido perturbador para mí, para mi padre, para mi madre, para mi familia en general.

¿Te imaginabas que ibas a llegar hasta aquí cuando empezaste en la escuela?

Sí, lo tenía clarísimo. Creo que porque soy muy cabezota, testaruda y en esa juventud tenía un narcisismo mucho más exacerbado y pensaba que si yo quería, y me esforzaba, lo conseguiría. Luego la vida te enseña que por mucho que tú quieras algo, puede que las cosas no ocurran, pero a mí ese impulso me hizo muy bien. Me dio una especie de seguridad en mí misma muy importante.

¿Ser madre te ha hecho ver la profesión de otra forma?

Me ha cambiado de arriba abajo, porque es una experiencia revolucionaria. Me ha dado una especie de tranquilidad bastante agradable. El foco cambia.