«¿Tú estás loca? ¿Cómo voy a hacer esto?», fue lo primero que le dijo Victoria Martín Serrano, de 78 años, a su hija mayor, cuando le propuso que participara en un docurreality sobre las mujeres de la familia. Y vaya si lo hizo, como cuenta ella: «Por amor. Mucho amor». Aun así, la matriarca del clan confiesa haberse divertido como una niña grabando Las Berrocal (en Movistar+, a partir del 20 de mayo), una serie que sigue las peripecias vitales de tres generaciones de mujeres: Vicky Martín Berrocal, su hermana, Rocío, su madre, Victoria, y su hija, Alba –fruto de su matrimonio con el torero Manuel Díaz El Cordobés–. Todas dan cuenta de cómo es su relación cotidiana, con sus personalidades arrebatadoras y su particular forma de ver la vida, con sus luces y sombras, sus risas y llantos, proyectando una complicidad y un amor a prueba de todo. Y también un ejemplo de cómo el carácter, la edad y las vivencias de cada una equilibran, compensan y complementan al resto.

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Foto: Andres García Luján
Rocío lleva vestido de Michael Costello y pulseras y anillos de oro, todo de Tiffany & Co.
«Me he quitado miedos y me he abierto más al mundo» –Rocío Martín Berrocal

«Yo soy la más nerviosa y cohibida de todas. Me daba mucho respeto este mundo», dice Rocío, de 42 años, estilista y experta en moda. La hermana pequeña de Vicky se emociona al contar que fue su padre, José Luis Martín Berrocal, fallecido en 2008, quien de verdad le hizo perder ese temor: «Creo que fue él quien me dijo: “Vamos a hacerlo, Rocío”. Y el primer día que empecé a grabar, salí de casa como si fuera a comprar el pan. Todo el equipo se sorprendió: “¿Pero no decías que nunca te habías puesto delante de una cámara?”», comparte divertida. Y después añade que la experiencia le ha hecho sentirse mucho más libre: «Me he quitado miedos y me he abierto más al mundo. Mejor terapia que esta no existe», confiesa sin rubor. Junto a ella, su hermana Vicky, de 52 años, muestra en su antebrazo un tatuaje que ambas se hicieron hace tiempo, y sólo se completa si se leen juntos: Estar sin ti es estar sin mí. Rocío lo rubrica orgullosa: «Mi madre es mi diosa, pero mi hermana es mi mejor amiga, mi psicóloga, mi todo».

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Foto: Andres García Luján
Vicky (sentada delante): vestido de terciopelo de Michael Costello, reloj de oro amarillo de Cartier y sandalias de Rene Caovilla. Alba (a la izquierda): vestido de cuello halter de Max Mara, pendientes Serpenti de Bvlgari y salones de Jimmy Choo. Rocío (de pie): chaqueta de esmoquin de Dolce & Gabbana y cruz de oro blanco y diamantes de Damiani. Victoria (a la derecha): traje de chaqueta de Mango, gargantilla ‘Tubogas’ y anillos Serpenti, todo de Bvlgari, y salones de Marina Rinaldi. Atrezzo: Banco Eastborne de Eichholtz.

Las cuatro coinciden en que este proyecto ha sido una caja de sorpresas. Ya en el primer capítulo del documental, su madre hace una inusitada confesión y explica cómo el padre de las Berrocal mantuvo una doble vida familiar que supuso que, durante los primeros años de vida de sus hijas, estuviera muy ausente. Esa y otras revelaciones prometen cautivar a propios y extraños. «Mi madre es muy auténtica, muy elegante, con una historia detrás de esas de mujeres valientes, y a la vez con una ternura...», explica Vicky. Rocío, por su parte, reconoce sentir aún más fascinación por el recorrido vital de su progenitora: «Ella siempre ha sido muy reservada, no sé si por miedo a contarnos cosas que ocurrían en la familia o por la época en que empezó la historia de amor con mi padre... pero la suya es una biografía de película», advierte sin querer hacer spoiler.

«Reunir a las mujeres de mi vida es un privilegio, un regalo» –Vicky Martín Berrocal


La impulsora de todo esto ha sido Vicky, empresaria de éxito con su marca, Victoria; entrevistadora con un Ondas gracias a su podcast A solas con Vicky y colaboradora de espacios televisivos, además de toda una celebridad en España desde hace décadas. «Nunca he tenido miedo a emprender, ni a casi nada –confiesa–, pero este proyecto era especial. Reunir a las mujeres de mi vida es un privilegio, un regalo. Ha sido un viaje increíble y estoy feliz».

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Foto: Andres García Luján
Vicky: camisa blanca de Dior. Alba: ‘tank top’ de Mango y pendientes de Cartier.

Las berrocal: Con la naturalidad por delante

Ese viaje del que habla Vicky no es sólo metafórico, sino real. El documental las sigue allá donde van. Sin guion, sin líneas rojas. «Sinceramente, y por suerte, yo no tenía ninguna necesidad de hacer esto; así que lo único que quería es que hubiera mucha verdad. Y así ha sido: no hay nada fingido, nada impuesto. Esta es nuestra vida. No se ha simulado nada extraordinario», aclara. Pero hace una reflexión más allá: «Ojalá llegue un día en que todas las mujeres se den cuenta de que son excepcionales. En el que todas nos miremos al espejo y nos demos cuenta de lo afortunadas y alucinantes que somos. Porque la mujer es capaz de todo».

Para Vicky, que atraviesa uno de sus mejores momentos, esta serie es la culminación de una suerte de transformación que comenzó a los 50, coincidiendo con la publicación de su libro La felicidad ni tiene talla, ni tiene edad. «Son 25 años los que ya llevo en esto, y hoy observo las cosas desde otro sitio, desde una perspectiva que me hubiese gustado tener tiempo atrás. Pero si algo he reconocido después de 52 años es que lo más gratificante es estar en paz. Llegar a la aceptación, sentirme bien en mi piel, vivir, gustarme. Es fruto de meses adentrándome en quién soy, hablando de dónde vengo. Yo, hasta entonces, tenía unas inseguridades tremendas. Porque mi madre vivió en una sensación parecida constante: mi padre venía, pero no sabía cuándo iba a volver. Y además parió sola. ¡Ahí había una carga emocional enorme!». Después, suspira tranquila para concluir con otro de los motivos que la impulsaron: «El agradecimiento es algo que también me ha traído hasta aquí, así que agradezco cada segundo, malo, bueno y regular que he vivido y todo lo que me ha pasado».

En ese contexto, su hija, Alba, de 25 años, es otro de los ejes esenciales de su existencia, de quien dice que cada día aprende: «Muchas veces queremos que nuestros hijos o los que están a nuestro alrededor actúen con lo que nosotros ya hemos aprendido. Pero no puedo pedirle que a sus 25 sepa lo mismo o reaccione ante las cosas igual que yo».

La juventud y la experiencia

La más pequeña de la familia, habla atropelladamente, sin filtros y de cualquier cosa que se le ponga por delante. Es apasionada, intensa, bulliciosa y alegre. Su abuela se refiere a ella como «un potro salvaje», y le da la razón entre risas. A cambio, Alba Díaz profesa una admiración infinita a su abuela: «Estoy superorgullosa de ella. ¡Es más moderna que todas nosotras juntas!», exclama convencida.

«Cuando estoy con mi familia soy yo al 100%» –Alba Díaz

Esta instagramer acostumbrada a manejar su imagen en redes, donde reúne a casi medio millón de seguidores, recuerda que tuvo sus dudas al principio, por la reacción que pudiera provocar entre el hate. Sin embargo, asegura que, una vez en faena, se dejó fluir: «Cuando estoy con mi familia soy yo al 100%; no pienso en nada, porque no hay ningún tipo de preparación. Es todo improvisadísimo», asume. También habla de «sus mujeres» empleando unas descriptivas comparaciones: «Mi abuela es como un campo de hierbabuena. Si llegas congestionada, a su lado se te quita todo. Mi tía es mi refugio cuando ando perdida o siento que voy hacia adelante, pero aún tengo que hacer algo para llegar a otro lado: ella y su mirada cómplice te dan serenidad y a la vez te empujan a atreverte. Y si hay una imagen que podría definir a mi madre es que, cuando me siento como si fuera a caer por un barranco, ella es esa mano que siempre aparece y me coge».

Alba, y en esto coinciden las demás, es una joven muy madura para su edad. Su brío y su rebeldía conviven con una faceta más reflexiva y profunda. «Aunque de niña conectaba más con los chicos, las mujeres me han ido completando. Empatizo mucho con ellas, porque pienso que todas tenemos esa misma base de preocupación, sobre todo por lo que la sociedad nos ha impuesto emocional y físicamente. Pero aquí estamos todas juntas y empoderándonos».

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Foto: Andres García Luján
Rocío (izq.): camisa negra satinada de Mango, ‘culotte’ de raso de Dolce & Gabbana y gargantilla y anillos de oro rosa y diamantes, todo de Messika. Victoria (centro): vestido de Alex Rivière Studio y pendientes y anillo, ambos de Suárez. Vicky (dcha.): top de Mango, pantalón de Tot-Hom y pulsera y pendientes de aro en oro rosa y diamantes, todo de Messika.
«En esta familia nunca faltará... amor» –Victoria Martín

Entre todas, definitivamente la más querida es la abuela Victoria, una mujer elegante y de mirada vivaz. Ella observa a sus hijas y a su nieta con deleite, desgrana anécdotas y para todas tiene palabras bonitas. También cuenta que durante la grabación ha derramado algunas lágrimas. Sin duda, el suyo ha sido un trayecto intenso y emocionante, repleto de momentos inolvidables que rescata ahora para sus chicas: «Por esta vida, yo creo que hay que pasar por todos los caminos, pero procuro no pensar en el dolor, sino en la felicidad», asegura. Por eso, cuando le preguntamos qué es lo que nunca falta en su familia, no duda en responder con una sola palabra: «Amor».