«Lo mejor es cuando Rigoberta y Paula se alimentan la una de la otra sin que haya jerarquía, sin pisarse, ni querer callarse. Es una paranoia, porque yo soy ambas, pero, mentalmente, necesito discernirlas para estar bien. Es una de las cosas que más trabajo en terapia, que la parte profesional y la personal se hagan amigas y entiendan que sólo unidas pueden brillar. Rigoberta me ha enseñado mucho y me ha permitido estar en sitios a los que Paula nunca habría llegado, pero ella no podría hablar de nada en sus letras sin la vida de Paula... En realidad, qué locura hablar en doble, es una esquizofrenia», dice entre risas Paula Ribó (Barcelona, 1990), conocida artísticamente como Rigoberta Bandini.

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Andrés García Luján
‘Blazer’ de Sportmax, ‘body’ con flor XL en el cuello de Magda Butrym x H&M y zapatos de salón de Aquazzura.

Y es precisamente esta dualidad, ese baile entre dos mundos, lo que hace tan rica su propuesta creativa. Paula creció cantando Marisol en sus reuniones familiares y escuchando a Joan Manuel Serrat y las divas de otras generaciones. «La canción de El amor de Massiel, que canté en los Goya, y la de Bambola de Patty Pravo eran temas que de niña ensayaba delante de mi armario, como si fuera Maria Callas», recuerda. En su adolescencia, la electrónica de Stromae, Angèle, Daft Punk y Gigi D’Agostino convivía en su lista de reproducción con hits del momento firmados por Laura Pausini y La Oreja de Van Gogh. Y es ese eclecticismo, ese salto a estilos diferentes sin paracaídas, lo que ha encumbrado a Rigoberta Bandini como uno de los proyectos independientes más exitosos del país. De hecho, ese placer por saborear lo diverso y arriesgar fue lo que la dio a conocer al gran público.

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Andrés García Luján
Camisa de gasa, top de encaje, pantalones de pinzas y babuchas con ‘glitter’, todo de Alberta Ferretti.

En 2022, aparcó temporalmente sus conciertos en las salas –en los que ya colgaba el cartel de «no hay entradas»– para presentarse con Ay, mamá al Benidorm Fest. Quedó segunda y no fue a Eurovisión, pero su éxito fue ya una ola imparable y su canción, un himno que se aprendió España entera. Poco después, en pleno boom, echándole un pulso de nuevo a la industria, decidió parar. Tras dos años alejada de los escenarios, vuelve con nuevo disco, Jesucrista Superstar, y con una gira que arranca el 31 de mayo en Sevilla y que pasará por Barcelona, A Coruña, Madrid y Málaga, entre otras ciudades, hasta mediados de julio.

¿Es más difícil hacer un segundo disco que el primero?

Para mí es como si este fuese el primero. El anterior era un recopilatorio de temas que ya habían salido y alguno inédito, pero nunca había concebido un álbum desde cero. Ha sido diferente, un reto mayor, algo más laberíntico, y eso me ha motivado aún más. Porque hacer canciones es una cosa y componerlas sabiendo que forman parte de un mosaico más grande, es otra, y muy entretenida, la verdad.

¿Y qué hay en ese mosaico llamado Jesucrista Superstar?

Es el disco de una mujer que siente que está llevando muchos malabares a la vez, sonriendo, y que en cualquier momento cree que se le caerá alguno y todo se irá al garete. No deja de ser una hipérbole, muy exagerada, de cómo me siento en ciertos momentos, y pienso que, al final, nos pasa a todas. Es como una caricatura, con mucha teatralidad, que me interesaba plasmar también en los videoclips, el directo, con los looks que estoy llevando... Quería jugar más, performar y pasármelo bien. Poder soñar desde mi verdad, pero con algo muy alocado y exagerado.

"No me emparanoio con lo que esperan de mí, porque entonces entras en un bucle peligroso de no hacer lo que quieres"

Después del éxito de Ay, mamá, ¿sientes más presión?

No, porque sé que la gente conecta con mi manera de escribir, entonces me siento muy libre explorando géneros. No tengo que encasillarme musicalmente, porque el denominador común de mi trabajo es mi mirada en las letras. Así que no me emparanoio con qué esperan de mí, porque entonces entras en un bucle muy peligroso de no hacer lo que quieres, sino lo que crees que tienes que hacer. Y eso es terrible.

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Andrés García Luján
Vestido largo de encaje de Zara y conjunto de top y ‘culotte’ de Intimissimi.

Algunos te tildan de provocadora. ¿Te percibes así?

Si se me nota a la legua que soy teresiana (risas). Si se llevan las manos a la cabeza por mí, que no tengo nada de transgresora... Como mucho mis letras, porque soy honesta y no tengo filtro, pero nada más. No soy tan moderna. Me divierte jugar con los límites, eso sí, porque si no hay un poquito de riesgo, no me motiva. El título del disco, por ejemplo, es un juego creativo, nada más. Yo he intentado desvincularlo al máximo de la iconografía cristiana, no me interesa meterme en ese jardín y, además, se ha hecho ya muchísimo en la música. Con Jesucrista Superstar me apropio de la palabra, pero, cuando escuchas el álbum, entiendes que sólo se usa para generar algo con espíritu pop.

¿Eras una de esas niñas que soñaba con ser artista de mayor?

Para nada. Todo el mundo sabía que me gustaba mucho cantar y componer, pero era un hobby. Cuando acabé Bachillerato, pensé: «Me gustaría hacer teatro musical», pero porque empecé en eso, y tampoco te creas que era aquello de «o hago esto o me muero». Me gustaba la literatura, la historia del arte... De hecho, empecé Historia del arte y Filosofía, y quería hacer Periodismo, pero probé el teatro y me atrapó. Y luego he visto muy claro que yo tenía que hacer esto, o sea, como que la vida me ha llevado a ello.

¿Por qué decidiste crearte un alter ego musical?

Me apetecía salir de mi nombre, aunque realmente es un proyecto muy personal, ¿eh? Pero, a veces, el nombre de una misma es como que te encorseta un poco, te permite jugar menos. Así que pensé uno que yo lo viera en un cartel y dijera: «Quiero ir a un concierto de esta cantante». Y Rigoberta Bandini me parece que tiene ese magnetismo, que es atractivo. Me creé a mí misma atractiva (risas).

¿Cómo es la vida de Paula más allá de la música?

Estoy entrenando mucho para la gira, y me gusta. He encontrado en el entrenamiento de fuerza un placer. Voy a piscina un día por semana con mis dos mejores amigos, me tomo unas cervezas o vinos los jueves y me encanta leer.

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Andrés García Luján
‘Minivestido’ blanco con detalles en ‘strass’ de Sandro y zapatos planos destalonados de Christian Dior.

¿Qué libros has leído últimamente que te hayan cautivado?

Ana Karenina, conecté un montón con él y me enamoré de Tolstoi, muy heavy. Y uno que me regaló Julieta Venegas, El chicle de Nina Simone. Gracias a este libro, empecé a investigar sobre ella y a escucharla. Ha sido una de las artistas que más he oído este año, según mi wrapped de Spotify (risas).

¿Ha cambiado algo tu vida ser un personaje público?

No mucho, porque nunca he sido carne de prensa rosa y espero no entrar ahí. Lo que me ha podido agobiar más es que, al tener tantas miradas de fuera, pues te sobreanalizas y te sientes más insegura. Esa parte es la que me ha costado más, pero no me he sentido como una figura acosada, al revés, a mí me hace ilusión cuando me piden una foto. Supongo que porque no es constante y siento mucho el respeto de la gente, incluso cuando voy con mi hijo.

¿Qué significa para ti ser madre?

Mi prioridad. Lo más importante de mi vida es él. Es la única cosa que si falla, si le pasa algo, siento que me muero. Si mi carrera musical se acaba, me dará mucha pena, lo pasaré fatal, pero no me muero. Y eso tiene sus luces y sus sombras. Las luces son que es la persona que más amo en este planeta, me da vitalidad abrazarlo y hay momentos en que es mi mejor amigo, porque ya habla y nos reímos. Pero la oscuridad es ese miedo a que le ocurra algo, sentirme sobreprotectora o ver cosas de mí que no conocía, como esta dependencia de un ser humano. Aunque a mí la balanza me sale positiva.

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Andrés García Luján
Camisa masculina ‘oversize’ y falda tubo de encaje, ambas de Michael Kors, y zapatos negros de salón de Jimmy Choo.

¿Te ha pasado alguna factura priorizarlo?

A mí me da igual la industria. No me importan los timings, las obligaciones... Dejar de hacer conciertos en el momento de mi cúspide tampoco era la mejor idea, pero es que fue una necesidad. A la industria hay que escucharla poco (risas).

Eso es un privilegio dentro del sector, ¿no?

Claro, pero si algo es el éxito es poder parar. Nunca pensé que podría estar casi tres años sin ingresar, obviamente, sí de derechos, aunque lo que más dinero da son los conciertos. Y lo que te dice la industria es: «No pares, ahora es cuando más vas a ganar». Pero yo pienso: «Ahora que estoy cubierta, quiero disfrutar de la vida». Y ojalá pueda ser así siempre.

"Me da igual la industria. Dejar de hacer conciertos en mi cúspide no era la mejor idea, pero fue una necesidad. Si algo es el éxito es poder parar"

La sororidad entre las artistas de tu generación, ¿es real?

Yo la noto. Estamos en un punto muy guay de entender que hemos venido a ser más fuertes unidas, y me encanta.

*Maquillaje y peluquería: Yos Baute (One Off Artists).