La cosa va de directora a directora. "Soy superfan tuya", se arranca eufórica, vía Zoom, Lila Avilés (Ciudad de México, México, 1982), a modo de saludo a su colega Carla Simón (Barcelona, 1986), para, a renglón seguido, felicitarla por haber ganado el Premio Feroz a la Mejor Dirección por 'Alcarràs'. No importa que a estas cineastas les separen más de 9.000 kilómetros de distancia, que hayan tenido vivencias muy diferentes o que su aproximación al séptimo arte no se parezca en nada, lo que les une es todavía más poderoso. Ambas comparten una misma pasión: el gusto por crear historias absolutamente personales que traspasan la pantalla y remueven al espectador en su butaca. Ahora, además, hay algo que las conecta más estrechamente, y es su participación en la iniciativa 'Women’s Tales', que impulsa la firma de moda Miu Miu para dar voz a las mujeres cineastas y explorar su visión de la feminidad. Carla Simón firmó la entrega del año pasado con un emotivo corto, cuyo título es toda una declaración de intenciones –'Carta a mi madre para mi hijo'–, y este año da el relevo a Avilés.
La directora catalana, que perdió a sus padres cuando sólo tenía seis años, rodó esta cinta embarazada de ocho meses y, aunque la ficción se entrevera con la realidad, es una narración profundamente intimista. «Quería darle a mi hijo lo que yo no tuve: una historia familiar, porque para mí el cine tiene el poder de reparar lo que falta –dice a modo de explicación–. Y, ¿sabes qué, Lila? Lo que más me ha gustado de este proyecto es el espacio de libertad para expresar aquello que quería, sin presiones de tiempo. Para mí, este formato es un proceso que se parece a pintar un cuadro. Es un poco como el patio de un recreo, donde probar cosas, menos narrativo que un largometraje y en el que puedes expresar el momento vital en el que estás. Me encanta filmar en Súper 8
cosas que sé que no van a volver a ocurrir, como cuando falleció mi abuela y rodé cómo recogíamos su casa antes de que se vendiera, o mi embarazo. Dejas constancia de todo eso de una manera muy especial, eres tú sola con una pequeña cámara que tiene alma entre las manos. No necesitas a todo un equipo y puedes esperar un par de horas a tener la luz que quieres para hacer el plano que tienes en mente. Todo eso tiene algo de mágico».
Lila asiente desde el otro lado de la pantalla. "Cuando ruedo estas historias me reencuentro con la Lila individuo, no la Lila madre, hija, ni cineasta…", comenta la directora, guionista y productora de cine independiente, que triunfó en 2018 con su primera película, 'La camarista', y acaba de presentar en el Festival de Berlín el corto 'Eye Two Times Mouth', de la mano de Miu Miu. Y eso le da pie para entablar una charla, en la que ejerce de entrevistadora, y que nace de la curiosidad de quien comparte mucho más que una profesión: la condición de ser mujer.
¿Crees que nosotras contamos historias de una forma distinta, con otra mirada, con distinta sensibilidad?
Es complejo. Lo que está pasando ahora es que estamos en un momento como de reparación histórica. Hasta ahora, los relatos tenían el punto de vista mayoritario de los hombres, algo que está empezando a cambiar. Están surgiendo temas y retratos desde una perspectiva diferente, que es la de las mujeres. Yo soy optimista, pero creo que falta mucho para que nosotras podamos hacer películas de ciencia ficción o de terror, o para que tengamos más presupuesto. Pero pienso que es el inicio.
Me parece muy linda esta nueva generación de mujeres que estamos brotando, no sólo en Europa o en Latinoamérica, sino en lugares muy recónditos…
Sí, y es curioso que su actitud es muy diferente a la nuestra. Cuando yo doy clase, mis alumnas ya no se cuestionan si podrán hacer cine o no, y eso, cuando yo estudiaba no pasaba. Ahora estamos en un momento de transición, también en cuanto a los liderazgos.
Hay más empuje, una efervescencia, ya no es una cuestión de cuotas, sino de valía y responsabilidad.
Yo dirijo siempre desde la duda, desde el «no lo sé, vamos a pensarlo juntos». Siento que es una cosa bastante nueva, que me parece muy bonita de introducir, porque compartir ideas aporta una diversidad que es muy necesaria, en el cine y en todos los ámbitos de la vida.
Me alegro de haber sido cineasta a una edad más madura y también de hacerlo en este contexto donde las mujeres luchamos por no estar opacadas.
Yo también me siento muy afortunada de vivir en este momento de auge de las mujeres, hay una sensación de comunidad muy grande. Estoy en un grupo de Whatsapp en el que somos más de 60 directoras y compartimos inquietudes, vamos sumando compañeras y es una sensación increíble. Nos ayudamos y, a la vez, servimos como referentes unas de las otras, porque hasta ahora ha habido muy pocas cineastas que han abierto camino.
Tú trabajas mucho con equipos femeninos. ¿Es una cuestión de sororidad o más bien algo casual?
Es verdad que esta presencia se manifiesta de una manera bastante pronunciada en la mayoría de mis trabajos. En casi todos los departamentos hay jefas de equipo, pero creo que se dio así, no es algo que yo esté empujando. Si acaso es, más bien, una cuestión de sensibilidad. Yo hago mucho casting para elegir a las personas con las que voy a trabajar, me tomo muchos cafés con ellas y, al final, elijo a aquellas con las que conecto mejor.
Tengo una curiosidad de chismógrafo: ¿sigues algún ritual cuando estás filmando o eso no va contigo?
No sé si se puede llamar así, pero tengo la necesidad de dormir. Se materializó en mi primera película, donde me di cuenta de que era muy distinto cómo estaba de intuitiva y de perceptiva si había dormido cuatro horas o si habían sido ocho. Siempre que puedo intento respetar eso, porque el cerebro funciona de otra manera.
Con un bebé de siete meses ahora no será tan fácil...
Un niño te cambia mucho la vida. Nació en plena promoción de Alcarràs y ha cogido ya más de 20 vuelos. A veces tengo un cacao que no sé ni dónde estamos. De repente, cuando eres madre parece que se para el tiempo, aunque mi baja maternal fue un poco de chiste, pero ahora voy tratando poco a poco de ajustar todo y encontrar el espacio creativo. Yo antes me tiraba muchas horas pensando y a veces perdía un poco el tiempo, y ahora cuando tengo dos horas, las aprovecho a tope. Una se convierte en una persona más productiva.
¿Qué cosas, verdad? Yo creo que es porque eres más feliz.
Totalmente. Después de parir, una de mis primeras salidas fue para ir a rodar. Hasta aquel momento, el tema de la lactancia se me había complicado, pero ese día me acuerdo que estaba tan contenta de volver a hacer lo que más me gusta, filmar me daba tanta felicidad, que nunca hasta entonces había conseguido que me saliera tanta leche. No sé, parece que cuando te conviertes en madre hay como una necesidad muy grande de reivindicarte.
Mi escuela fue ser mamá muy jovencita, así de ñoño. ¿Cómo te han marcado a ti tus circunstancias?
Tengo la necesidad de crear una memoria familiar que me falta y documentar todo eso que amo y que me importa. El corto es lo más personal que he hecho, porque yo nunca me había puesto delante de una cámara.
¿Estando embarazada estabas más sensible por toda la historia difícil que cargabas a tus espaldas?
Es raro, porque yo pensaba mucho en mis madres, y mucho más de lo habitual, en mi madre biológica. Pero supongo que es normal. Me dio mucha paz, porque yo normalmente estoy muy nerviosa en los rodajes. Ha sido un regalo haber hecho este proyecto, porque lo voy a relacionar siempre con el nacimiento de mi hijo.
¿Y ahora, con qué te vas a poner, qué proyectos tienes?
Estoy escribiendo algo que dejé a medias en la pandemia. Es un viaje a las raíces de mi familia, algo así como la tercera parte de la trilogía. Siento que con esta película cierro ya el círculo, y a partir de aquí podré hacer otras cosas.