Pilar Alegría vive con la maleta a cuestas, es adicta a Stefan Zweig, adora leer poesía, los torreznos, su pueblo, las patatas con carne de su madre y vestirse de verde. Feminista convencida, cree que las mujeres no podemos olvidarnos de lo importante que es la unidad, de ser aliadas de nosotras mismas. Es directa, ve siempre el vaso medio lleno y se derrite con la sonrisa de su hijo. Así es Pilar Alegría (La Zaida, Zaragoza, 1977), la mujer que lleva poco más de año y medio como ministra de Educación y Formación Profesional. Titulada en Magisterio, que le confiaran esta cartera es –admite– un gran privilegio y una enorme responsabilidad. En las distancias cortas resulta cercana, empática y dialogante, una excelente comunicadora. Quizá por eso Pedro Sánchez la eligió hace unos meses como portavoz del PSOE, con lo que hace malabares para rascar tiempo de calidad y disfrutar de la vida.
Mandela decía que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo. ¿Comulgas con esta idea?
Absolutamente. Yo me atrevería a decir que todos, cuando proyectamos el futuro de nuestro país, rápidamente pensamos en el papel clave que juega la formación en ese proceso.
Sin duda, creo que esa es la gran promesa universal.
Pero no todo el mundo tiene las mismas oportunidades.
Hay niños que vienen de familias con situaciones económicas diferentes, con padres con un nivel cultural distinto, etcétera. Pero el sistema debe intentar eliminar esas diferencias que pueden lastrar su desarrollo y aspirar a la equidad.
Muchos recordamos con cariño a ese maestro que nos enseñó tantas cosas. ¿A ti te ha marcado algún profesor?
Sí, me acuerdo especialmente de Petra, que me dio clase en Infantil, y de Luis, de Primaria. Yo creo que todos guardamos un recuerdo imborrable de los docentes que nos supieron orientar, dar ánimos e inyectar seguridad. Igual no fueron clave para que aprendiéramos Matemáticas o Lengua, pero nos ayudaron a creer en nosotras mismas.
De hecho, dicen que es justo en esos primeros años cuando las mujeres empezamos a ponernos barreras...
Sí, nos pasa lo del síndrome del impostor, por eso me duele que cuando hablamos de perspectiva de género en edades tempranas, haya gente que se lo tome a broma. Las niñas, desde los siete años, ya empiezan a crearse una autopercepción negativa, especialmente en lo relacionado con materias como las Matemáticas.
¿Por eso hay poca presencia femenina en carreras científicas?
Sí, ahí se abre la brecha. Hay que actuar antes de que sintamos las consecuencias, debemos poner en marcha iniciativas para fomentar las vocaciones STEM. Hagamos ver a las niñas de hoy que pueden llegar a ser lo que quieran ser.
A menudo se compara el sistema educativo español con el anglosajón, y salimos perdiendo. ¿Cómo subimos nota?
Todos queremos una formación de calidad y hay que partir de que la educación la componemos muchas almas, como las familias y las Administraciones, pero hay dos órganos vitales, el corazón y el cerebro, que son profesores y alumnos. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que debemos cuidarnos unos a otros. Tenemos un gran nivel de docentes, como demostraron durante los momentos duros de la COVID.
La tecnología fue una gran aliada entonces, pero también pasó factura en forma de problemas emocionales.
Sin duda, la pandemia nos ha puesto una lupa de aumento para descubrir esos problemas de salud mental, porque el bienestar emocional va directamente ligado al aprendizaje. Desde el Gobierno, en colaboración con las Comunidades Autónomas, estamos trabajando en protocolos de prevención. Porque, aunque los jóvenes sean nativos digitales, según un reciente estudio, la mayoría prefiere acudir al centro antes que seguir las clases en 'streaming' o, incluso, el modelo híbrido. Y es que las escuelas, los institutos y las universidades no son sólo espacios donde van a formarse, sino lugares donde se encuentran con sus iguales y aprenden valores.
Las redes sociales están ganando presencia en la enseñanza, pero los expertos también alertan de sus riesgos.
La digitalización es una realidad en el entorno educativo y en todos los ámbitos de la vida, y nuestros hijos deben formarse porque van a desarrollarse profesionalmente en ese contexto. Pero debemos enseñarles también a hacer un uso responsable de esta poderosa herramienta y que tengan capacidad para discernir sus ventajas y sus inconvenientes, y estar alerta frente a situaciones como las del ciberacoso.
A este propósito, otro de los aspectos que más preocupan son los casos de bullying. ¿Cómo erradicar este drama?
Desde la propia Ley educativa hemos impulsado una nueva figura, que tiene que desarrollarse, que es la del coordinador de convivencia. A veces partimos con demasiados apriorismos, sin darnos cuenta de que todos somos parte del cambio y de la solución. España es el tercer país de la Unión Europea con el menor porcentaje de casos de acoso escolar, pero con que haya sólo una agresión, ya es motivo para preocuparnos. Debemos actuar de forma colegiada para anticiparnos y evitar el sufrimiento posterior. Esto es responsabilidad de toda la sociedad. Por ejemplo, hay 'influencers' que son ídolos para los jóvenes y ellos precisamente deberían trasladar en sus posts respeto y valores.
Desde tu feminismo, ¿cómo valoras la situación que se está produciendo en países como Afganistán, que recientemente ha prohibido a las mujeres ir a la universidad?
Es absolutamente descorazonador que siempre que hay situaciones de guerra o de conflictos graves los más perjudicados sean los niños y las mujeres. Los ministros de Asuntos Exteriores de varios países han manifestado su oposición a este veto y desde España estamos apoyando todas las sanciones que está trasladando la Unión Europea.
Afortunadamente, en la mayoría de los países las mujeres juegan hoy en día un papel clave en la comunidad.
¡Es que somos el 50 por ciento! Y un país que quiere seguir creciendo y progresando no puede olvidarse de la mitad del talento de su capital humano. Es básico y necesario para construir una sociedad rica, cohesionada y, por otra parte, da cuenta de que la democracia está consolidada.
Con todo, en las sociedades avanzadas también hay quien todavía piensa que no podemos ser madres y trabajadoras.
Parece que las mujeres que trabajamos fuera de casa solamente podemos jugar en dos equipos: en el de las blandas o en el de las despiadadas o bordes, y eso no es así en absoluto.
¿Cómo ves el futuro, eres optimista?
¡Lo llevo en mi apellido! Me gusta ver el vaso medio lleno. Hemos dado importantes pasos hacia la igualdad y, aunque queda camino por recorrer, si echo la vista atrás, veo a mi abuela, a mi madre, a mí y a las hijas de mis amigas, y creo que hemos avanzado muchísimo y hemos de celebrarlo. Siempre he pensado que de haber estado nosotras al mando de los grandes conflictos que ha vivido nuestro planeta, las cosas hubieran sido muy distintas, porque afrontamos los problemas desde otra óptica. Por eso, no nos olvidemos nunca, por favor, de la sororidad. Las mujeres tenemos que estar unidas: juntas no sólo sumamos, sino que multiplicamos.