Como soy un cliché andante, por estas fechas me pongo seria y hago balance del año. Tengo una suerte que no me la creo: salud, cuatro duros en el banco y el paciente afecto de los que saben ver más allá de mi carácter de mierda. Mi familia está bien, mis amigos van tirando (agotados; ¿cómo se cura eso a partir de los cuarenta?) y por la calle mi novio me toma la mano y la estrecha con suavidad cuando ve algo que me gusta. Doy gracias por todo cada día.
Si hay algo que cuesta en estos tiempos es estar centrado. Otro año con demasiado tiempo empleado en Instagram. La pega es que los pocos momentos que compensan lo hacen ampliamente. Solo por haber conocido a tres o cuatro personas interesantes ya me sirve. Lo que no aguanto es la grosería. Eso de «cuando te expones en internet te arriesgas a estas cosas». ¿Quién afirmó eso? Un idiota es un idiota, en cualquier contexto. Tonto de las tinieblas exteriores: que te aguante tu tía.
- Esta guía de los Alpes. Todos los productos de Montamont son estupendos.
- Cada final de año me pongo 'El Padrino' de nuevo. ¿No queríais clichés? Toma otro ahí. ¡La mejor película de la historia! Bueno, es que lo es, qué culpa tendrá Coppola de los pesados de Twitter. En las escenas de la comunión fastuosa en el Lago Tahoe (con el tango y la orquesta) había personas anónimas adineradas reales invitadas a la fiesta. También ocurre en las bodas de 'Cuatro bodas y un funeral'. En ambos casos se les pidió que fueran con sus vestidos, sus joyas heredadas, sus zapatos. Por una razón sencilla: es fácil distinguir a quien lleva su ropa o la ropa lo lleva a él.
- Observar el buen trabajo de otros saca lo que llevamos dentro. Si lo admiramos estamos admitiendo lo que hay. Resulta muy liberador. Si nos afecta es que ha tocado alguna tecla: una emoción, un recuerdo, una revelación… o a veces un complejo.
- Me interesa mucho más lo excelente que lo exclusivo. Verbigracia: mármol y seda en una iglesia de Roma. Abierta para todo el mundo.
- Los nombres de las mujeres mayores italianas: Pasqualina, Rosetta, Leondina, Franca, Cornelia, Cesarina, Silvana.
- Un año más sin cortinas. Prefiero tener sueños apañaícos a realidades mediocres, y si no me puedo pagar las que quiero prefiero no tener ningunas. Rodeados de cutrez acabamos perdiendo la capacidad de discernir si lo que tenemos delante está bien hecho o no (o peor, que nos dé igual).
- Antes de elegir uno de esos atuendos terribles para las fiestas que se ven en los escaparates, un recordatorio: vestirse de realidad, no de modas. La realidad, aunque lo olvidemos, es bella y no necesita de ningún disfraz.
- Este traje. ¿Lleva un pijama debajo o soy yo?
- Si puedo pedir un deseo que sea doble, para mis dos sobrinos adolescentes. Que encuentren su vocación, su parcelita, que protejan su mirada y muestren sin miedo a sus amigos sus debilidades.
- Ver crecer algo desde cero, como estas semillas.
En el balance anual sigue faltándome más perseverancia. La voluntad es la joya de la corona de la conducta, la costumbre de vencerse en lo pequeño.
Ridículo, ven a mí. Si no estás dispuesto a quedar como un imbécil nunca te pasará nada maravilloso.
Marta D. Riezu es periodista especializada en comunicación de moda y ha publicado dos libros: Agua y jabón (Terranova, 2021) y La moda justa (Anagrama, 2021).