pablo alborán
Dario Aranyo.
‘Trench’ de Pedro del Hierro, jersey de Cortefiel, camiseta de Dockers, pantalón de IKKS Men y botines de Guess.

"Todo y nada". Eso es lo que queda hoy de ese chico de 21 años que, en 2011, subía sus vídeos cantando con su guitarra a YouTube. Ha llovido mucho desde entonces, pero Pablo Alborán (Málaga, 1989) ha conseguido mantener los pies en la tierra. "A veces se me olvida que soy artista y un personaje público, vivo los conciertos de ahora como los primeros y pienso que no va a venir tanta gente". Pero nada que ver con la realidad, porque con el 'sold out' colgado en su gira de teatros en España, pone rumbo este otoño a Latinoamérica y Estados Unidos, con todas las entradas ya vendidas para algunas de las fechas y con un nuevo 'single', 'Carretera y manta', sonando como anticipo de lo que viene. "Esto es sólo una patita que enseño". Queda mucho más Pablo por descubrir.

¿Ya te has acostumbrado a llenar grandes estadios?

No, da igual que haya 20 o 20.000 personas, no me acostumbro. Lo que sí he descubierto, y lo digo orgulloso, es que canto con la misma ilusión ya sea en un estadio o en un bar. Porque cuando empezamos a preparar esta gira por teatros, más íntima, al desnudo, sólo con un instrumento, creí realmente que iba a estar en 'peligro', que no iba a dar la talla, porque ahí se ve absolutamente todo. Si hay un fallo no hay nada que lo tape. Pero he descubierto que canto con la misma pasión y la música me mueve igual. Mi trabajo depende el público sí, aunque la música sólo de que tu quieras darle al 'play.'

¿Echabas de menos las distancias cortas? ¿Ha tenido que ver la pandemia con la decisión de hacer algo más íntimo?

Hicimos una gira en mitad de la pandemia muy rara, con reducción de aforo, sin saber lo que iba a pasar, con un disco en la calle que no podía defender, no podía viajar, no podía hacer entrevistas físicas, sólo por Zoom. Lo pasé realmente mal. Cuando acabó esa etapa y pudimos volver a salir, vi la necesidad de la gente de acercarse a los artistas y la mía de poder volver a mirar a los ojos al espectador. Creo que todos estamos volviendo a eso y le hemos dado una vuelta a nuestra forma de hacer música. En los conciertos de C. Tangana o Rosalía, por ejemplo, lo que se emite en las pantallas es sólo para que el público les vea más cerca. No hay prácticamente más producción. La gente quiere sentirnos cerca y nosotros queremos que nos sientan cerca.

pablo alborán
Dario Aranyo.
Jersey estampado en tonos grises de Missoni, camiseta blanca de algodón de Dockers y vaqueros grises de IKKS Men.

Ahora te llevas esa 'intimidad' a América Latina y Estados Unidos, ¿cómo te preparas para este reto?

Lo afronto con un poco de respeto, porque hace años que no voy a Estados Unidos y, sobre todo, porque es un mes y medio fuera de casa y me cuesta separarme de los míos. Es mucho tiempo sin un cable a tierra y subido en un avión cada dos días, pero el escenario me hace darme cuenta de que merece la pena. Y más cuando veo que las entradas están agotadas, entonces pienso: «Olvídate, tus problemas no existen. Hay gente que viaja por verte, que ha pagado una entrada...». La responsabilidad prima. Aunque es mucho tiempo fuera y tengo que estar mentalmente muy preparado.

Se podría decir que 'naciste' en las redes sociales y hoy te atreves hasta con TikTok, ¿cómo llevas la exposición que inevitablemente implica y las críticas que suscita?

Es algo que he trabajado mucho desde el principio. No puedes gustarle a todo el mundo. Y al no pretenderlo, además, ya hay mucho ganado. Hago mi música en mi casa, en mi salón, en mi estudio. No hay nadie más que me condicione. Partiendo de esa base, cuando publico algo o saco una canción, obviamente quiero que vaya bien, estaría mintiendo si te dijese que no. Pero me quedo con el momento previo, en el estudio, porque es caótico y liberador a la vez, terapéutico, divertido. Todo eso es parte de mi trabajo y hace que lo que hay detrás, esa exposición, no sea más que eso, una persona que opina sobre tu canción y que hay que escuchar. Eso sí, porque yo escucho todas las opiniones de la gente, pero las de quien me quiere, y ellos opinan mucho, no siempre son positivas. ¡No me tienen entre algodones!

pablo alborán
Dario Aranyo.
Polo de Zara y vaqueros de Diesel.

¿Tiene la música algo de terapéutico?

A mí la música me da paz. Pero también muchas otras cosas: las palomitas, el regaliz negro, un abrazo de mi madre, tumbarme a ver las estrellas... Hay cosas que hago y la gente debe pensar "este tiene un cable 'pelao'", aunque lo entenderían si supiesen que llevo todo el día en un tren, haciendo entrevistas, metido en el estudio... Necesito momentos absurdos para desconectar. Pero sí, la música es terapéutica, y no sólo para el que la hace, que para mí lo es, sobre todo para el que la escucha. Soy padrino de la Fundación Olivares de Málaga, de mi amigo Andrés Olivares, que ayuda a niños con cáncer y, entre otras cosas, hacen sesiones con música. Es otro canal, otro conducto para centrarse y algo hace, está clarísimo.

¿Qué música suena en tu casa cuando necesitas desconectar?

Ninguna. Sólo pongo una 'app' de meditación. Me gusta el silencio de mi casa, el sonido de los pajaritos en el jardín... Tampoco tengo ningún premio, sólo el Goya en el salón porque me parece estéticamente precioso, pero nada más, ni los premios ni los discos de oro. Me gusta que sea mi espacio y el de todo el mundo que venga.

pablo alborán
Dario Aranyo.
‘Blazer’ de Diesel y camiseta de American Vintage.

¿Qué mensaje hay detrás de esa melodía tan diferente de tu nuevo 'single' 'Carretera y manta'?

Siempre he hecho lo que he querido y es un ejemplo más, aunque sorprende porque sólo es la primera patita que enseño. La canción surgió de un viaje con amigos, de esa sensación superinfantil de bajar la ventanilla del coche y hacer el imbécil con la mano, con el aire. De mirar por el retrovisor y ver una carretera que siempre es la misma. Esa sensación de escapada. De las ganas de pasarlo bien, de pasar página en cierto modo. Pero de mostrar también que soy un chico joven de 33 años al que le gusta pasárselo bien, bailar, salir, beber... Ese también soy yo. Es un homenaje a la amistad, es fundamental tener buenos amigos que te quieran bien.

Cantas "los ojos se cierran pidiendo un deseo". ¿Qué pides tú cuando cierras los ojos?

Siempre pido por mi madre y por la salud de mi familia. Lo que sí hago todas las noches es estirarme con los brazos para arriba, mirar al cielo y decir: «Por favor, que todo salga bien». Eso es lo que he querido reflejar en la canción. ¿Quién no ha hecho eso alguna vez? Es una sensación muy humana y muy trascendental a la vez, pides arriba.

¿Y con quién cogerías carretera y manta?

Últimamente con poca gente (risas). Hacía mucho que no viajaba con mis amigos, y recientemente nos hemos escapado juntos. Me ha ayudado a darle normalidad a mi vida. En ese momento no hay diferencia entre unos y otros, todos somos iguales, colegas.

pablo alborán
Dario Aranyo.
‘Trench’ de Pedro del Hierro, jersey de Cortefiel, camiseta de Dockers, pantalón de IKKS Men y botines de Guess.

Como decías en Castillos de arena, "cada camino tiene dos direcciones", ¿cuál habría sido la tuya si no fuese la música?

Ser actor, creo que es algo que siempre he sabido que estaba ahí y no lo he cultivado. Me he dedicado a una cosa que me apasiona, pero, de pronto, hace dos años me entraron las ganas de probar y empecé a estudiar Arte Dramático, y estoy superfeliz. Cuando canto sé que hay un conducto, un canal, por el que yo me muevo, me dejo llevar y me importa todo un carajo. Al principio, no lo encontraba en la interpretación, sentía todo muy forzado. Aunque lo he descubierto, un poquito, y ha hecho que me ponga las pilas a tope.

¿Te veremos pronto entonces frente a una cámara?

¡Ojalá! Me encantaría hacer cine, una serie... De momento no hay ningún proyecto, pero toco madera.