Soy ucraniana, pero escribo este artículo desde Venecia. Me trasladé aquí en 2018, después de haber trabajado seis años como editora de moda de ELLE Ucrania en Kiev, donde, durante los años de paz, coincidíamos con el equipo de ELLE Italia en la Semana de la Moda de Ucrania, descubriendo nuevos diseñadores. En aquellas ocasiones, mi colega italiana se maravillaba al ver no sólo el talento, sino también la hermandad que unía a las diseñadoras ucranianas (dispuestas durante los desfiles a apoyarse mutuamente) y el amor por su país, al que querían dar fama internacional en el mundo de la moda. Y lo consiguieron, acaparando la atención, credibilidad y éxito. Pero hoy un nuevo y terrible escenario ha sacudido todos sus planes y sueños.

Escribo, parándome cada diez minutos para leer la crónica de mi ciudad, Sumy, donde mis padres viven con mi abuela de 93 años. Hay tanques enemigos, disparos, controles de carretera en cada salida. Estoy a 1.800 kilómetros de distancia, en una confortable casa calentada con gas por el que pagaré no sólo las consecuencias económicas de las sanciones europeas, sino directamente por el agresor, patrocinando a su ejército con el precio del barril por las nubes. Estoy caliente y a salvo. No es el caso de la mayoría de mis compatriotas. Y tampoco para cinco diseñadoras que, lejos de los focos de las semanas de la moda que se organizan estos días, están viviendo, en directo, un horror sin precedentes: la guerra.

Les he preguntado por cosas sencillas pero importantes para entender la situación en vivo y en directo de lo que está sucediendo en Ucrania: qué es lo que han vivido cuando todo comenzó, a qué le temen y qué piensan hacer. Estas son sus historias, emotivas y conmovedoras, testimonios sinceros y desgraciadamente reales: voces de una Ucrania en guerra. Voces a las que no debemos permanecer indiferentes, que hay que difundir para detener el horror que avanza en el corazón de Europa.

Lilia Litkovskaya

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Courtesy Photo Litkovskaya

Diseñadora y fundadora de la marca LITKOVSKAYA participa en la Semana de la Moda de París desde 2017. Con su colección Artisanal recicla tejidos realizados en antiguos telares de madera, recuperando técnicas artesanales ucranianas de hace cien años

He huido de Kiev. Me planteé la decisión de marcharme dos veces: la primera, cuando nos despertamos a las 6 de la mañana del 24 de febrero con el sonido de las explosiones, y la segunda (la última) a las 16.30 horas. Sentí que debía hacerlo por la seguridad de mi hija de 2 años y medio. Así que asumí la responsabilidad de hacer esta elección. Si no hubiera sido por ella, quizás no me habría ido o no lo habría hecho de forma tan inmediata y peligrosa. Junto con mi amigo, que era el que conducía, decidimos ir hacia la frontera con Polonia.

Estábamos preparados mentalmente para encontrarnos con mucho tráfico y atascos en la carretera. Pero la realidad y el pensamiento son dos cosas diferentes. En la carretera nos encontramos enseguida con controles: había muchísimos y a poca distancia entre sí. Aunque los controles eran ucranianos, no podías evitar sentir miedo al verlos. De camino, debíamos recoger a mi madre, pero ella se negó rotundamente a salir de su casa, algo que se convirtió también en un reto para mí. Dejarla ahí en medio de la guerra para poner a mi hija a salvo.

Cuando llegamos a la ciudad más cercana (íbamos por la autopista principal, paralela a la frontera bielorrusa), en un cierto punto vimos vehículos blindados y tanques rusos, y a partir de ahí los fuimos viendo todo el tiempo mientras duró nuestro viaje. Iban en dirección contraria, hacia Kiev.

Ver el avance de los tanques era aterrador: era como si me estuvieran pasando por encima

En cada puesto de control, tenía la sensación de estar preparada para saltar del coche y correr hacia el bosque con mi hija en brazos. Todo lo que necesitaba lo llevaba encima: documentos y dinero. Hubiera dejado todo lo demás en el coche, exactamente igual que había hecho cuando me marché de Kiev.

Intentaba averiguar con mi amigo qué situación nos encontraríamos en la frontera polaca, ya desbordada de refugiados. Mientras tanto, cuando llegamos, ya había una orden de movilización general que prohibía a los hombres salir del país. Pero de alguna manera, no sé si gracias a algo de suerte o a otra cosa, conseguimos salir juntos: mi hija, mi amigo, que nos había acompañado hasta allí, y yo. A las 11 de la noche llegamos a un control, donde había muchísimas mujeres con niños pequeños… y ahí se me paralizó el corazón. Nos llevamos con nosotros a una mujer con un niño. Fue una decisión tomada sin pensarla. Tras cruzar la frontera ucraniana, descubrimos que esta mujer no tenía un documento internacional para su hija de un año. Algo que se convirtió en un problema: permanecimos en la frontera polaca durante algo más de 10 horas. La policía fronteriza fue muy amable, especialmente con nosotros. Y finalmente a mediodía ya pudimos pasar a territorio polaco.

Cada etapa de este viaje hasta la frontera era una prueba: me preguntaba si habría suficiente gasolina, si dejarían pasar a nuestro amigo que conducía o si tendríamos que continuar nosotras solas. El estrés y la fatiga me han dejado exhausta, llevo dos días sin dormir y tengo alucinaciones: al ver un tractor, creo estar viendo un tanque y una cabaña de madera me parece un control.

Después de Polonia, tengo intención de ir a París. Llevo participando en la Semana de la Moda de París desde 2017 y, para esta ocasión tenía intención de realizar una instalación con obras de artistas ucranianos y una performance en vivo en el Palacio de la Bolsa. Ahora todos estos planes se han venido abajo. Sin embargo, quiero estar allí presente para decirles a todos que los ucranianos somos una nación fuerte. Decirles que estamos orgullosos de nuestros hijos, que no le quitamos nada a nadie, que crecimos en nuestra tierra con nuestra cultura. Estoy muy preocupada por mis seres queridos, mi familia y mis amigos que se quedaron en Ucrania, y también por el país y el futuro que estábamos construyendo. Por todo lo que teníamos en este momento. De repente, alguien vino y lo está destruyendo todo sin tener ningún derecho a hacerlo.

Svitlana Bevza

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Courtesy Photo Bevza

Diseñadora de la marca homónima BEVZA, que realiza sus creaciones en Kiev y desfila en Nueva York. En sus colecciones dedicadas al minimalismo de lujo se siente las inspiraciones ucranianas de diversos periodos históricos.

"Me desperté con la segunda explosión, mi marido con la primera e inmediatamente corrimos a despertar a los niños. Bajamos a la planta baja. Hubo unas 20 explosiones y notamos sus sacudidas. Durante un buen rato nos costó creer que esto estuviera sucediendo realmente. Cogimos toda nuestra documentación para cualquier eventualidad que pudiera surgir, una bolsa para los niños y nos quedamos esperando.

No puedo decir que me sienta segura en casa porque no tenemos sótano (vivimos en el campo), pero mi hermano tiene una casa al lado que sí lo tiene y está equipado con todo lo necesario. Nos avisaron de que teníamos que bajar al refugio antiaéreo en caso de que sonaran las sirenas y en la ciudad muchos están pasando la noche en el metro y en subterráneos.

Me pasé todo el día leyendo noticias, informes operativos, posts de la gente de Kiev... todo con el sonido de fondo de las alarmas. Por la tarde, mientras mi hija de 3 años dormía, se oyó otra explosión, esta vez muy fuerte: la cogí en brazos y fuimos a la planta baja a refugiarnos en el hueco entre las dos escaleras, lejos de las ventanas.

Ha habido mucho tráfico en Kiev, mucha gente ha huido sin embargo, al mismo tiempo, hay suficiente comida en las tiendas, gasolina (aunque ha habido interrupciones) y estoy infinitamente agradecida a todos los que en estos momentos están atendiendo a la gente en las gasolineras y en las tiendas a pesar del miedo. Muchos voluntarios acuden a las oficinas de registro y reclutamiento militar. Mi marido también fue a Kiev para ayudar a distribuir armas a los voluntarios.

Estamos decididos a luchar y defender nuestro país

Lo que más me preocupa es saber que las tropas rusas han tomado la central nuclear de Chernóbil, donde hay depósitos de residuos nucleares. Creo que Putin es un absoluto psicópata y no sé hasta dónde puede llegar. Creo que el mundo entero debería unirse en la lucha contra esta agresión porque la próxima víctima podría ser un país vecino. La población civil de Rusia debería salir a la calle a protestar: es también un modo de resistir al régimen. Y nos defenderemos hasta el final.

Olesya Kononova

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Courtesy Photo Olesya Kononova

Diseñadora de las colecciones de LAKE Studio junto con Anastasia Ryabokon. Sus característicos vestidos de mujer se complementan con las joyas de The Roots, inspiradas en los trajes tradicionales y el barroco ucraniano

La mañana del 24 me desperté con los gritos de mi hermana: 'estamos en guerra'. Fue un shock absoluto, seguido de los primeros minutos de pánico y enseguida me di cuenta de que tenía que recomponerme y tomar decisiones importantes para mi familia y mis hijos. Nadie podía imaginar que, en estos tiempos, aparentemente civilizados, en una época de relaciones diplomáticas y de leyes, pudiera ocurrir semejante horror.

Ahora la vida ya es un antes y un después

Se oían explosiones varias veces al día, el sonido de los aviones que sobrevolaban nuestras cabezas. Varias veces al día bajábamos al refugio. ¡Esta experiencia es realmente aterradora! Durante ocho años tuvimos una guerra en el Donbas y ahora ha llegado a todos los rincones de Ucrania. Hoy sólo hay un sentimiento: odio, odio y rabia hacia ese país agresor, un odio que anula todos los miedos y preocupaciones.

La mayoría de la gente que conozco en Kiev se ha quedado en sus casas, así que por la noche nos escondemos con nuestras familias y niños, con la absoluta incertidumbre de lo que pasará mañana. Este es nuestro mayor temor y ansiedad. ¿Qué pasará mañana? ¿Podrá nuestro país resistir esta agresión? ¿Podremos volver a vivir en nuestras casas?

Nuestro país, Ucrania, ¿será de nuevo libre y bello?

Confiamos en que nuestro ejército y nuestros hombres sean valientes para proteger sus tierras, sus familias, sus amigos, sus seres queridos.

Si el agresor consigue controlar Kiev, nos veremos obligados a irnos: no quería ni quiero tener nada que ver con Rusia.

Por ahora podemos ayudar a nuestro ejército transfiriendo dinero, donando sangre, difundiendo mensajes de apoyo a través de las plataformas adecuadas, y cualquiera puede hacerlo, incluso los extranjeros.

"Combatir y combatir y que Dios les ayude", dijo nuestro poeta Taras Shevchenko, oponiéndose al imperio ruso ya en 1800. Sus palabras nos servirán de inspiración."

Alya Gonta

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Courtesy Photo Alya Gonta
Desarrolla la filosofía del boudoir diurno, creando batines largos tipo kimono para la marca LESSLESS, lanzada junto a su marido Tim. Los estampados los realiza en colaboración con artistas ucranianos

Cuando a las cinco de la mañana del 24 de febrero oí como un trueno al otro lado de la ventana, lo suficientemente fuerte como para despertarme, enseguida me di cuenta de que todo había comenzado. Desde los primeros minutos y hasta ahora, estoy viviendo como algo irreal lo que está sucediendo. Todos sabíamos que este escenario era muy probable, pero vivíamos con la esperanza de que, en un mundo democrático y moderno, en plena Europa, nunca llegaría a ocurrir.

Ahora no me siento segura en ningún sitio. No sólo en casa, sino también en la calle, ni fuera de Kiev ni en cualquier otra región. Y, en mi opinión, después de lo que Rusia se ha atrevido a hacer con respecto a Ucrania, la gente en Europa tampoco puede sentirse segura: no está claro hacia dónde se moverá después de nosotros.

Aunque todavía estamos en un estado de shock profundo, ahora somos conscientes de que tenemos que luchar para salvar nuestras vidas y las de las personas que nos rodean, que tenemos que ser lo más útiles posible o, al menos, no interferir. Y también siento rabia, porque por culpa de Rusia y de las ambiciones de una persona nos encontramos en esta situación. Somos un país libre y nos atacan porque queremos seguir siéndolo.

Después del ataque de ayer, mi marido Tim nos va a sacar de aquí, a mí y a nuestro hijo de un año. El plan es que yo me vaya a Europa lo antes posible y que él se quede. Se ha anunciado una movilización general, estoy preocupada por él, pero sé que es necesario hacer todo lo posible para defender el país. Y la situación es tan crítica que todos quieren de veras salir a luchar.

Tengo miedo por mis seres queridos, por mi hijo, mi familia, mi pueblo. Por culpa de la agresión de un país vecino, ahora nuestra gente tiene que morir y nuestra ciudad puede ser destruida o dañada. No entiendo por qué nos tiene que pasar todo esto, en Europa. Pero también hay algo positivo: la inmensa admiración por el pueblo ucraniano en estos tiempos difíciles, ver cómo la gente se une y defiende su país con valentía.

Nadiia Shapoval

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Courtesy Photo Nadiia Shapoval
Nadiia Shapoval

es el alma creativa de Nadiia World, la marca de objetos de cerámica hechos a mano profundamente inspirados en la cultura étnica ucraniana y fotografiados con el evocador telón de fondo de los campos locales

"Me siento devastada y desnuda, pero al mismo tiempo algo fuerte se está construyendo dentro de mí para el resto de mi vida, algo que nunca cambiará. Es lo que todo el mundo llama trauma, pero para mí será un núcleo duro alrededor del cual me reconstruiré. En este momento, Ucrania se ha vuelto aún más importante para mí.

Dado que Kiev ha sido atacada, toda mi vida ha cambiado de golpe. Ayer al volante, cuando salía de la capital hacia el centro de Ucrania (Volyn), sentí que mi juventud se había acabado.

En cuanto al trabajo, no me lo planteo ahora, me lo replantearé después de la guerra. Hasta ahora me dedicaba a la investigación etnográfica, algo delicado y poético, pero ahora ha llegado el momento de hacer algo revolucionario. Y estoy segura de que mi arte también saldrá fortalecido tras esto.

Siento mucho miedo por mi familia que se ha quedado en Ucrania. Mi marido está en el extranjero, en Grecia, y tengo muchas ganas de verle. Para una mujer resulta muy complicado afrontar este tipo de cosas sola. Pero, sobre todo, me preocupa nuestra independencia y el hecho de que, en caso de una ocupación prolongada, podamos perderla. Dada nuestra difícil historia y estos 30 años como país libre, a los que no vamos a renunciar, ha surgido una nueva generación. Y aunque perdamos la soberanía, esta generación no se rendirá y construirá el país desde cero. Pero este es el peor escenario y espero que no se haga realidad. Lo que realmente espero es que esta pesadilla termine pronto.

Espero que el mundo comprenda la gravedad de la agresión rusa y que se dé cuenta de lo cerca que está Rusia geográficamente de Europa. Espero que otros países comprendan sus propios errores en las negociaciones y la inacción. En 2014, cuando estudiaba en el Istituto Marangoni de Milán y no pude estar en la plaza de la Independencia (Maidan) de Kiev, iba en un taxi y el conductor me dijo: "Ustedes en Ucrania son unos nazis y víctimas de la propaganda". Le dije que era exactamente lo contrario y que, si el resto del mundo seguía permitiendo esas cosas, tarde o temprano los tanques rusos llegarían hasta la puerta de su bonita casa."

Lo más importante ahora es seguir vivo y luego transformar este trauma de la guerra en una fuerza motriz.

#Hearstforpeace

#ELLEforpeace

Vía: ELLE IT