“No me suelo encontrar con frases como 'es un personaje masculino desagradable', y no es porque no existan personajes objetivamente deleznables: Victor Frankenstein, Tom Ripley y Hannibal Lecter son algunos de ellos, aunque tienen cierto encanto subliminal. Pero el interior de los hombres, en su complejidad, se considera culturalmente como algo universalmente fascinante, que merece su audiencia, incluso cuando son de lo más mundanos o escatológicos. Sin embargo, estos pareceres rara vez se hacen extensibles a los personajes femeninos”, escribe para Penguin Random House la escritora Anbara Salam, que confiesa que en las críticas de libros como ‘Eileen’, de Ottesa Moshfegh, o ‘Animals’, de Emma Jane Unsworth, los lectores expresan su desagrado, horror e incluso repulsión hacia sus incómodas protagonistas. La reflexión la hace porque mientras escribía su novela ‘Belladonna’, era consciente de que al crear a una protagonista 'queer', tenía que darle cierto toque delicado, por más que como John Waters dijo, “las madres lesbianas tienen el mismo derecho que las heterosexuales a ser malas madres”.
En 'Unbecoming Women', la feminista Susan Fraiman habla de cómo convertirse en mujer exige también desorientarnos, perdernos, deformarnos y perder la autoridad. La autora habla por ello de narrativas 'unbecoming' y nos hace una pregunta interesante. "¿Cuáles son las narrativas de desarrollo divergentes en juego, y qué nos cuentan sobre las ideologías involucradas con la feminidad? "
El porqué del triunfo de la imperfección
La cuestión, por lo tanto, es cuál es la razón por la que de repente, en un mar de Tonys Soprano y de Logans Roy, triunfan las antiheroínas, pese a que la audiencia y los lectores parecen estar siempre tan en contra de ellas? Para comenzar, porque nos hemos cansado tanto de los centenares de Don Drapers que ocupan la ficción que buscamos narrativas en las que los personajes no sean clichés. Al haber estado siempre relegadas a la sombra en la cultura popular, ahora las mujeres imperfectas consiguen capturar la atención del espectador, que busca algo diferente y que al mismo tiempo, encuentra por fin personajes en los que poder también ver sus debilidades reflejadas.
“Para que un personaje sea feminista no significa que tenga que ser perfecta y salir a marchar por los derechos de las mujeres; lo verdaderamente feminista es permitir que las mujeres que vemos en la televisión puedan mostrar todo el abanico de emociones e imperfecciones de los seres humanos”, comenta Juliana Abaúnza , autora de ‘Series largas, novios cortos’ (Temas de Hoy).
Por fin podemos sacar con orgullo pecho al mostrar nuestras imperfecciones. Si nos hemos cansado de que nos pidan que sonriamos constantemente, ¿cómo no nos íbamos a cansar también de que nos exijan ser perfectas, cuando a los hombres se les disculpa, e incluso se les aplaude, cierta torpeza? Resulta curioso el que tantos personajes femeninos de la ficción, odiados por la inmensa mayoría, no lo serían si fueran hombres. Así lo cree también Juliana Abaúnza. “Si Skyler White fuera hombre y Walter mujer, estoy segura de que el odio habría ido en la otra dirección. Lo mismo pasaba con Carmela Soprano, con Betty Draper e incluso con la misma Fleabag, en una época más reciente. No digo que todos los personajes nos tengan que caer bien, de hecho odiar a un personaje puede ser hasta divertido (¿quién olvida el odio común que sentíamos por Joffrey Baratheon en 'Juego de Tronos'?), pero lo que siempre invito a hacer es a preguntarnos por qué odiamos a un personaje, porque al examinar las razones de nuestro odio, podemos identificar si son misóginas”, asegura.
`Euphoria’ no es una serie de héroes y heroínas, pero innegablemente Rue funciona como una de las absolutas antiheroínas de la trama hacia la que pese a todo, sentimos una inexplicable ternura. El furor de ‘Inventing Anna’ también ratifica lo mucho que nos atraen las mujeres que se saltan las normas, pues el personaje principal engatusa a cada personaje de forma (casi) inexplicable, hasta el punto de que en más de una ocasión, la periodista Jessica Pressle, que es la que expuso el caso al mundo, se pregunta qué demonios tiene Anna para atraer a todo el mundo.
El mundo persigue los fines aspiracionales de la clase media, pero ellas nadan en dirección contraria
La protagonista de ‘La peor persona del mundo’, película noruega nominada a dos premios Óscar y ganadora a Mejor actriz en el Festival de Cannes, expone una situación que deja de ser puntual para convertirse en un estilo de vida con el que los millennials se sienten nos sentimos tan reconocidos: la necesidad de actualizarnos y resetearnos constantemente en la incesante búsqueda de una felicidad que nos fue prometida y que se antoja inalcanzable. Sin embargo, el personaje de Julie sigue creyendo en un final feliz, razón por la cual cambia con pasmosa tranquilidad de pareja, de emociones y de profesión. Esta antiheroína, a las puertas de los 30, sirve para que muchas personas se indentifiquen con ese purgatorio que separa la juventud de la vida adulta. Cuantas más oportunidades, opciones y tiempo hay, más pesada es la responsabilidad, pero somos incapaces de odiar a esa mujer que se niega a pasar de puntillas por la vida. En su lugar, la compadecemos, comprendemos y en (muchos) casos, la envidiamos. Comparte con la protagonista de 'Somebody Somewhere', la nueva serie de HBO, esa irresistible vocación de ir contracorriente. Mientras el mundo persigue los fines aspiracionales de la clase media, como el matrimonio, la maternidad y la seguridad laboral, ellas nadan en dirección contraria.
La antiheroína no solo triunfa en la ficción, sino también en la telerrealidad. ¿Acaso no es irresistible la agente inmobiliaria Christine Quinn, tan experta en incorrección política como en moda? Roxane Gay explica que en todo reality televisivo aparece en algún momento el díscolo concursante que dice con orgullo que no está ahí para hacer amigos, una frase que le servirá para justificar sus palabras y su comportamiento desde el momento en el que la entona. Sin embargo, como señala la autora, esa frase no hace de ellos personas peores. “Simplemente se están liberando de la carga de ser gustados, o quizás nos están liberando a nosotros de la culpa que sentimos si no apreciamos a alguien”. Por eso es tan importante que ahora la ficción convierta a las antiheroínas en protagonistas: porque no nos sentimos mal por no quererlas, pero tampoco por hacerlo. En el fondo, lo que buscamos es un espejo en el que poder ver reflejadas nuestras acciones sin sentirnos mal por responder mal a nuestra familia, hacer una bomba de humo en una fiesta o tomarnos la última patata brava del plato sin preguntar. Las heroínas llevan capa, pero las antiheroínas, por lo visto, llevan lo que quieran.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.