Hasta ahora, solo eran cuatro los deportistas españoles que habían hecho historia por conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos de Invierno. La primera, de oro, fue la de Paquito Fernández Ochoa (eslalon) en 1972; luego llegaron los bronces de Blanca Fernández Ochoa (gigante), en 1992, y de Regino Hernández ('snowboard cross'). Más recientemente, el bronce de Javier Fernández en patinaje artístico, en 2018.

Ayer llegó la quinta medalla y la primera de plata en snowboard halfpipe de manos de Queralt Castellet, una mujer de 32 años que confirma así no solo su magnífica evolución sino la plenitud que ha alcanzado en su carrera, después de estar a punto de abandonarlo todo en 2015.

Las tres mangas de ayer fueron desiguales. En la primera obtuvo una puntuación de 69,25 por lo que tocaba apretar y volar algo más alto. La segunda ronda fue de infarto: los jueces valoraron sus vuelos, giros y tirabuzones con un ¡90,25! Piensa en lo que es volar con una tabla en un tubo de halfpipe de 220 metros de longitud, 22 metros de ancho -de pared a pared- y una altura interior de las paredes de 7,2 metros. En la tercera ronda no arriesgó, después de que su rival por la plata, la japonesa Sena Tomita, se cayera; así que obtuvo un correcto 78,25. La prueba la ganño la favorita, la estadounidense Chloe Kim.

En declaraciones a EFE, Queralt dijo que estaba "emocionada, estoy muy feliz; ha sido un día increíble, ¡he conseguido la medalla! Ha sido increíble, he empezado un poco mal y luego me han venido todos los nervios, pero he sido capaz de conseguir la ronda que quería, en la segunda; una ronda por la que he estado trabajando mucho, mucho tiempo. Muchos años. Estoy muy feliz", aseguró nada más conseguir la medalla de plata.

Queralt era una de las grandes apuestas de los olímpicos españoles para Pekín. De hecho, fue abanderada junto con Ander Mirambell, que compite en skeleton. Es una mujer pequeña, perfecta para mantener la gravedad en la práctica de 'halfpipe' con su 1,56 de altura y sus 53 kilos de peso.

Queralt Castellet nació el 17 de junio de 1989 en Sabadell y empezó a esquiar a los dos años siguiendo a sus padres, que eran aficionados al esquí y a los deportes de aventura. Con cinco años, se apuntó a gimnasia artística como extraescolar, una disciplina que, a la larga, le sirvió para trabajar físicamente de cara al snowboard, al que se pasó con seis años.

Dejó a toda su familia y se fue a vivir a Puigcerdà, más cerca del Pirineo, para facilitar los entrenamientos. Al principio participaba en el 'boardercross' pero, tras ver vídeos de 'halfpipe' de ídolos como Íker Martínez o Torah Bright, cuyo hermano, Benny fue entrenador de Castellet durante mucho tiempo.

Durante el verano europeo, Queralt Castellet seguía trabajando en Nueva Zelanda, en la isla Sur y la zona de Wanaka, que se convirtieron en un segundo hogar para la ya medallista. Se acabó estableciendo allí a los 19 años, en 2008 junto con su entrenador y también pareja, Ben Jolly.

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Queralt Castellet vuela en la ronda con la que logró la plata en las Olimpiadas de Pekín.

Pero en 2015 llegó uno de los momentos más tristes de su carrera. Aunque en enero consiguió en el mundial de Austria, en la estación de Kreischberg, la primera medalla para el snowboard español en la final de halfpipe, en la primavera Jolly se suicidaba en su casa de Nueva Zelanda, a los 29 años, después de que le diagnosticaran dos tumores cerebrales.

Después de eso, aparcó la tabla durante seis meses y regresó a Sabadell con sus padres. Estaba desesperada, no le apetecía para nada retomar su carrera porque estaba destrozada. "Me quedé huérfana de casi todo", escribió por aquel entonces. Pero algunos amigos le animaron a pasar unos días en Suiza, a subir a la montaña y a reconciliarse con la tabla.

La ayuda de Benny Bright fue clave en ese tiempo, a nivel psicológico, físico y también para 'actualizarla' en algunas técnicas en las que parecía más desfasada. Parece que el esfuerzo ha valido la pena y que se ha hecho realidad el sueño que enunció hace siete años: "Ojalá pronto pueda mirar al cielo desde lo más alto de un podio y dedicarle mis éxitos. Porque siempre sabré que serán también suyos". Dicho y hecho.