Te habrás dado cuenta de que las series de televisión se caracterizan por tener un protagonista que jamás aparece en los créditos, pero que está presente en una inmensa cantidad de escenas: el sexo. Cuando ‘Sexo en Nueva York’ revolucionó la televisión, lo hizo al abrir las puertas de la sexualidad femenina al universo televisivo, ese en el que los desnudos femeninos no sorprendían a nadie, pero sí sus orgasmos. La serie vino a revolucionar el panorama, y pronto llegaron otras que aunque no incluían al sexo en su título, sí lo convirtieron en un habitual dispuesto a lograr algo fundamental en un presente en el que hay una oferta audiovisual inabarcable: generar titulares y tuits.
‘Juego de Tronos’ se convertiría después en un festival sexual que desató la eterna pregunta de por qué las mujeres eran las que siempre aparecían desnudas. Los guionistas tomaron nota de las quejas (la magia de poder escuchar el feedback procedente de las redes, ya sabéis) e incluyeron pronto desnudos masculinos, esos que Euphoria introdujo con increíble naturalidad desde su primer capítulo. Durante los diez primeros minutos del segundo episodio vemos 30 penes, algo que también empujó a muchos a plantearse si mostrar el cuerpo masculino con tanta frivolidad como el femenino no era igualmente dañino.
Así se lo hizo ver el psicólogo televisivo Honey Langcaster-James a la BBC. “A esto han estado sujetas las mujeres durante muchísimo tiempo, pero cambiar las tornas para objetivizar a los hombres no es la mejor solución. Me pregunto qué efecto tendrá esta tendencia en la psicología masculina. Ya hay bastante presión sobre los hombres, especialmente sobre los más jóvenes, para alcanzar un cuerpo bonito. Me preocupa el impacto que pueda tener en la estima masculina si comienzan a ser bombardeados con este tipo de imágenes”, comenta.
Tanto la cuarta temporada de ‘Élite’ como ‘Maricón perdido’ cuentan en su primera capítulo con una escena de ducha no exenta de miradas lascivas, pero lo que diferencia a ambas es que serie de Bob Pop incluye siluetas no normativas, mientras que ‘Élite’ sigue abogando por los cánones tradicionales.
Hablar de la serie que ha convertido a Ester Expósito en una estrella internacional sin hablar de sexo es imposible. Élite bien podría ser la versión castiza de Skins, la ficción británica que hizo de las drogas y de los revolcones sus estrellas. Si ‘Física o Química’ nos chocó en su época, ‘Élite’ nos habría hecho infartar. La nueva temporada de la serie cuenta con orgías, tríos y diálogos que harían a Nacho Vidal ruborizarse. Al haber sido la sexualidad parte de la trama desde su primera temporada, despojar a la serie de uno de sus elementos principales habría carecido de sentido, aunque existen casos en los que el sexo, por más que sus protagonistas se hayan querido esforzar en naturalizar, se ha convertido en el motivo por el que se ha hablado de ella. Fue el caso de ‘Instinto’, una serie en la que Mario Casas reconocía haber grabado escenas que no se podía creer.
Contenido sexual: Oferta y demanda
El contenido sexual de la pequeña pantalla ha ido aumentado a medida que la oferta ha crecido, pero también cuando el contacto físico ha disminuido a causa de la pandemia. Mientras que shows como ‘Love is Blind’, en el que sus participantes se enamoraban sin haberse visto (y por supuesto, sin haberse tocado) se convirtió en uno de los éxitos del confinamiento al convertirse en un reflejo de lo que nos ocurría, el siguiente paso fue apostar por el extremo contrario. Al fin y al cabo, en ‘The Bridgerton’ hay tantos orgasmos como corsés, gracias a los cuales, por cierto, hay más escenas con preliminares que en el resto. Incluso los realities han dejado de basarse en pruebas de convivencia naif. El edredoning de las primeras ediciones de Gran Hermano parece obra de Pocoyó comparado con lo que ocurre en ‘La isla de las tentaciones’ o en ‘Too Hot To Handle’, donde una serie de apolíneos participantes han de sobrevivir en una isla paradisiaca no sin comida, sino sin sexo. Spoiler: no lo consiguen. Lo del sexo, claro. Sobrevivir, sobreviven... En realidad, este spoiler no ha sido tal cosa, pues damos por supuesto que si la cadena ha contratado a mujeres y hombres que parecen salidos de un catálogo de Abercrombie en cuyas maletas solo hay ropa de baño y prendas XXS es porque se espera de ellos que no se pasen los días leyendo al atardecer, sino incumpliendo las normas.
‘Valeria’, el drama erótico ‘365 días’, ‘Sex Education’ y ‘Sex/Life’ han hecho que los gemidos sean tan habituales que no podemos evitar preguntarnos (sí: esta frase la hemos tomado prestada de Carrie Bradshaw) lo que ocurriría si hubiéramos visto estas series de adolescentes con nuestros padres al lado. Si durante la adolescencia nos moríamos de vergüenza ante cualquier escena de sexo, quizás estas sean ahora tan habituales que se hayan convertido en carne de sobremesa…
Y no: “Carne de sobremesa” no es el nombre de una nueva serie de Netflix, pero que nadie se extrañe si pronto surge algo parecido.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.