"Estimados compatriotas: En el día de hoy, acabo de comunicar al Jefe del Estado la celebración, mañana, de un Consejo de Ministros extraordinario, para decretar el Estado de Alarma en todo nuestro país, en toda España, durante los próximos 15 días". Así anunciaba Pedro Sánchez, el pasado 13 de marzo de 2020, el comienzo oficial de esta pesadilla de coronavirus que hoy oficialmente cumple un año.
El presidente del Gobierno anunciaba quince días pero ya vamos por 365. Un año completo en la que la vida nos ha dado un giro de 180 grados. Un año de miedos, inquietudes, pánico; un año en el que no hemos podido volver a salir de casa con tranquilidad, ni viajar, ni trabajar relacionándonos con nuestros compañeros de oficina, ni bailar juntos nuestra canción favorita en una discoteca, ni abrazar a nuestros seres queridos, ni celebrar fiestas de cumpleaños con toda la familia al completo...
En todo este tiempo, los sanitarios y profesiones relacionadas con la salud (médicos, enfermeras, celadores...) han sido nuestros 'ángeles de la guardia', dejándose la piel para cuidar a los enfermos, doblando turnos, trabajando sin EPIs, forándose 'in extremis', cambiándose de casa para no infectar a sus familiares y dando a todos el 200 por cien de su trabajo. No es suficiente el agradecimiento que sentimos hacia ellos.
Tras acostumbrarnos a las mascarillas, los geles hidroalcohólicos, la distancia social, el no poder ver a nuestros seres queridos ni despedirnos de los fallecidos, en agosto llegó la primera vacuna: la rusa Sputnik. Después llegarían Pfizer, Moderna, AstraZeneca, ahora Janssen, mañana Johnson & Johnson... Nos vacunamos más despacio de lo que queremos, sí, pero es la lucecita que se ve al final del túnel. En el momento de escribir este artículo, 1,5 millones de españoles están inmunizados. Y subiendo.
En la redacción de Elle.es hemos querido hacer un repaso de qué ha supuesto para cada uno de nosotros este año de pandemia. Hemos aprendido a escucharnos por dentro, a cambiar nuestra manera de funcionar, a resistir obligándonos a ser positivos, a superar la angustia ayudándonos de los que nos rodean.... Así ha sido el año de coronavirus para Blanca, Marta, José Manuel, Amaya, Inés, Carmen, Paula, Amanda y Begoña, cada uno de los redactores y redactoras de Elle.es
Blanca del Río, redactora de Belleza
"2020 no ha sido un año bueno pero contra todo pronóstico, a mí me ha servido para conocerme. Para volver a mirar dentro de mí. Me ha servido para disfrutar de lo que me estaba perdiendo, para escucharme y para valorar lo importante. Más allá del dolor general que nos ha golpeado a todos –porque también ha sido duro para mi el no poder abrazar a los míos, ver cómo cada día morían más y más personas o salir a la calle sin miedo aterrorizada–, a nivel introspectivo ha sido todo un viaje hacia mí misma.
Puestos a hacer un balance global, 2020 ha sido un caos. No lo quiero en mi vida. Pero aun con ello, le saco este jugo de sabor dulce, porque conocerse más a uno mismo siempre es gratificante y fortalece.
Atravesaba un momento físico y mental muy difícil y me sirvió para echar el freno obligatorio. Pero también para aprender a controlar mis miedos, porque con ellos no se avanza. A día de hoy sigo bailando con todo esto, pero con algunas herramientas útiles que me hacen ser mejor bailarina.
De 2020 sólo guardaría los pequeños detalles que nos hicieron a todos no sucumbir. A un año del confinamiento, revivo el momento con dolor, pero con esperanza. Y con muchas ganas de abrazos. Pero cada vez están más cerca. Y podemos con ello".
Marta Alameda, redactora de Star Style
"Cuesta hacer balance de un año como 2020 y del confinamiento. En definitiva ha sido malo, muy malo. Mucho miedo, mucha incertidumbre, mucha paranoia. Fue como si de repente nuestra vida hubiera dejado de ser nuestra y estuviéramos viviendo una especie de pesadilla/película en la que ya nos reconoces nada.
También fue un año de cambios, de adaptarse a hacer todo de distinta manera: trabajar, relacionarse con los seres queridos, no olvidarte de salir de casa con la mascarilla, mucha videollamada, mucho paseo por la calle dando vueltas sin rumbo pero con muchas ganas de tener a los tuyos contigo aunque tenga que ser así, mucho pensar 'cuando todo esto pase'...
Yo nunca he sido una persona muy dada al contacto físico, se podría decir que soy un poco rancia en ese aspecto. Cuando leí la carta de un lector en XL Semanal 'Abrázame, que nunca se sabe' pensé que no podía sentirme más identificada a pesar que creerme una rancia de nivel.
En este texto se hablaba del trauma de nuestros abuelos con el hambre y de cómo repetían constantemente eso de 'cómetelo, que nunca se sabe cuándo puede venir otra guerra' cuando veían que nos habíamos dejado algo en el plato. La carta continuaba hablando sobre la posibilidad de que esta pandemia fuera nuestra particular guerra y sobre si nosotros daremos abrazos por si acaso, cuando se pueda.
Creo que en mi caso será así. Tampoco es que me vaya a volver un oso amoroso, no nos pasemos. Pero creo que cada vez que me despida de mi madre, de mis amigas o de alguien que me importe, pensaré: 'Por si acaso'".
José Manuel Iniesta, jefe de Actualidad y Gastronomía
"Un volcán de sentimientos. Una explosión incontrolable que estalló cuando me di cuenta de la realidad, que todo era más mucho serio que una gripe más fuerte de lo normal y que había consecuencias terribles que no podíamos predecir, golpes que dan la vuelta por completo a tu vida y que pueden romperla en mil pedazos sin opción a recomponerla. A muchas personas, las conociera o no, o tuviera la desgracia de me diera de lleno. La COVID no ha parado de dejarnos lecciones ni un solo día desde hace un año y como los malos estudiantes he ido aprendido golpe a golpe, verso a verso.
Miedo y más miedo, hasta no poder dormir bien y soñar en duermevela con la mente a mil. Y paciencia aunque fuera temblando. O impaciencia, según se mire. Por ver a los tuyos bien, por saber que están bien de verdad, rezar para que extremen los cuidados hasta la obsesión y que el maldito bicho no se cruce en su camino. Porque la palabra relax se borre de su vocabulario hasta estar a salvo. Han sido meses en los que se ha hablado de resistir, de esperanza, de la necesidad casi obligación de ser positivo… pero en el fondo no salía. Ante todo ello la palabra realismo se ha impuesto con dureza y más que aprender he convivido con los temores.
Pero no he aprendido a hacerlo, solo a sobrellevarlo. Y vuelven una y otra vez conforme pasan las olas. No aflojar ni un instante, no tambalearte, seguir decidido en la lucha, positivo y resilente era lo que se pedía, lo que se necesitaba, como si la fuera de voluntad fuera el remedio mágico e infalible. Se ha intentado, se sigue intentando, la batalla no ha terminado. Lo sé. Y siguen los fantasmas".
Paula Llanos, jefa de Moda
"Ya no se puede soplar las velas en los cumpleaños. El mismo día de la declaración del estado de alarma en 2020, mi hija mayor, Xabela, cumplía 9 años. Celebración cancelada y la incertidumbre planeando. Nadie podía presagiar que 365 días después, volvería a celebrar su décimo cumpleaños en estado de alarma. Y ya no se puede soplar velas en los cumpleaños. Yo nunca pensé que una tarta de cumpleaños podría simbolizar tan bien este largo y angustioso año de pandemia. Porque demasiadas personas nunca celebrarán el suyo. Sin duda eso es lo que ha supuesto 2020: Perder personas. Esas que ya nunca podrán soplar sus velas.
Y para mí, un año en el que he vivido el mayor nivel de angustia de toda mi vida: pensar en mis padres, en mis hijos, mi familia, mis amigos, en el trabajo, en tantos desconocidos que lo han perdido todo. En la gente mayor, en las residencias. En el sufrimiento general. Y encima saber que no nos ha hecho ser nada mejores. Queríamos pensar que sí, pero la realidad es que hemos salido cansados, hastiados, enfadados, tristes... Yo misma, este año de pandemia no he sido todo lo positiva y optimista que suelo ser, aunque si mantengo las ganas de hacer cosas, de disfrutar de lo poco que se puede. No pierdo la esperanza de tratar no tanto de ser mejor, sino al menos de ser lo que era antes de todo esto.
Porque ya no se puede soplar las velas de cumpleaños. Pero si se puede seguir pidiendo un deseo. Ojalá se cumpla".
Inés Martínez Nass, colaboradora de redes sociales y Living
"2020 me quitó a quien no tenía que irse todavía y luego me dio el sobrino más precioso que jamás hubiera podido imaginar. Un viaje con curvas que empezó con claustrofobia para después hacerme sentir la persona más plena del mundo al compartir una paella con amigas en una cala perdida. Me ha hecho recordar que esas amigas en realidad son hermanas. Que dejarlo todo y volver a casa no significa hacerlo con el rabo entre las piernas porque resultó ser la mayor de las suertes.
Me ha regalado muchos amaneceres frente al mar que daba por perdidos. Me ha enseñado a reducir marcha y a reafirmarme en la obviedad: la familia es lo más importante. Me ha permitido empezar este 2021 con otras dos hermanas de esas que no comparten ADN. Y ya somos familia numerosa".
Amaya Ascunce, directora digital
"Creo que en marzo y abril de 2020 pasé uno de los momentos de más miedo de mi vida. El 14 de marzo tuve fiebre y al día siguiente perdí el olfato y el gusto. Mi marido no respiraba muy bien y los dos estábamos en casa con un bebé de 11 meses al que era imposible aislar y que acabó con 40 de fiebre y unos sarpullidos que nunca supimos si era covid. No había pruebas, no había casi mascarillas, los enfermos se los llevaban a Ifema, ir a urgencias con un niño era como entrar en una peli de miedo y no sabíamos nada. No nos atrevíamos siquiera a bajar la basura por si contaminábamos a un vecino. Y a todo eso, se sumaba la distancia con mi familia, mi madre de riesgo y una hermana enfermera de urgencias. Lo terrible, es que esto que he contado les ha pasado a miles de personas con pequeñas variaciones. Y a muchas con un final terrible.
Pero el miedo pasó y de alguna manera, he disfrutado de los 10 meses siguientes, sobre todo, de poder pasar tiempo con mi hija. Echo de menos a mi familia, ir a un restaurante, viajar… Pero el teletrabajo ha sido un privilegio: poder comer en casa, evitar los atascos, cerrar el ordenador y un minuto después estar lista para jugar con ella. En un año normal, no la habría visto hasta las 7 de la tarde.
Creo que todos hemos aprendido de esta pandemia cuáles son nuestras prioridades. Yo, con mi pánico a volar, incluso tengo ganas de coger un avión. Nunca lo hubiera pensado. Claro, que quién iba a imaginar todo lo que nos ha pasado".
Carmen Bejerano, redactora jefe
"Llevo dos meses apuntada a boxeo y a hípica. ¿Me representa? Cero. ¿Soy buena? Tampoco. Pero ahí estoy. Nadie entiende por qué, ni siquiera yo. Ni por supuesto lo entiende mi cuerpo, que no acaba de asimilar estas disclipinas que no le corresponden en absoluto. Netflix y sofá son mucho mejor acogidas, sin duda.
También me he cambiado de casa.
Esto es solo un pequeño ejemplo de la extraña situación en la que me encuentro y lo raro que sigue siendo todo un año después.
Es difícil resumir como ha sido un año de pandemia, bueno, mi año de pandemia. Supongo que un poco como todo el mundo, con la excepción de que en mi caso puede que esté peor que en el confinamiento.
Me explico. Llegó marzo y llegó el cierre total, los fallecimientos, y una angustia vital como nunca habíamos vivido. Pero una vez que mi cabeza y cuerpo asumieron el estar encerrados cree mi propio universo de trabajo, ejercicio virtual (increíblemente también yo caí en esa espiral que por suerte ya he dejado aparcada; pan y tartas prometo que no hice), series, vinito y mucho whatsapp, no me encontraba mal. Por supuesto echaba de menos salir y ver a mi familia y amigos pero sorprendentemente no estaba mal, pese a vivir sola.
Luego llegó el verano, no hubo grandes viajes pero tampoco lo necesitaba, el mundo se había ralentizado y yo también. Me apetecía estar tranquila y con mis padres. Y eso hice.
Supongo que lo peor llegó con septiembre y las nuevas olas. Cuando estábamos a punto de echar de nuevo a andar y había ganas, de nuevo parábamos. Sumado al cansancio de mucho tiempo escuchando noticias desastrosas en la televisión y un clima muy crispado.
Con todo esto hemos llegado de nuevo a marzo y sinceramente, no estoy anímicamente lo bien que debería o como yo pensaba que iba a estar. La angustia sigue estando y tampoco estoy demasiado sociable aunque me esfuerce en quedar con la gente. Es un ‘quiero-y-no-puedo’ constante o incluso en mi caso ‘no-sé-si-quiero-y-además-no-puedo’.
Ya no aspiro si quiera a la antigua normalidad ni a una nueva, no sé, aspiro a no estar continuamente intranquila y muchas veces, triste.
Llegará estoy segura, como llegará el año que viene y este texto solo sea un recuerdo lejano".
Amanda Prado, colaboradora de Moda
"Mi madre es de esas personas que pocas veces expresa con palabras lo que siente, ella prefiere materializarlo en actos sencillos, como prepararte tu postre favorito un lunes, su versión repostera del te quiero. Una especie de lenguaje de signos que solo comprenden los habitantes de mi casa. Yo era de las que pensaba que la pandemia no sólo no nos ha hecho mejores personas, sino que, en algunos casos, ha logrado sacar nuestra peor versión. Como por ejemplo, eso de tener que elegir solo a cuatro, seis (o los amigos que sean según la fase) para tomarte unas cañas me parece un acto de lo más antisemita. Bromas aparte, para quitar hiero al asunto, debo admitir que me equivocaba y que, en el fondo, sí que observo que hemos cambiado un poco tras el Covid, la primera mi madre.
Yo me di cuenta estas navidades, cuando para sorpresa de los presentes y lo nunca visto, ella se arrancó a dedicarnos unas emotivas palabras durante la cena de Nochevieja. Palabras que resumen a la perfección lo positivo de la pandemia. Sus palabras vinieron a decir que, a pesar de esta horrible situación, daba las gracias y se sentía afortunada por que hubiéramos podido pasar tres meses todos juntos: mi madre, mi padre, mi hermano, yo y el perro, por supuesto. Juntos, como hace años que no estábamos y como seguramente ya no volvamos a estar.
Por eso, durante ese tiempo de encierro (y lo que ha venido después) hemos aprendido a convivir con nuestras vidas disonantes, a saber que nunca es tarde para un capitulo más de Netflix ni demasiado temprano para abrir una cerveza. A vivir improvisando. Que no se trata solo de esperar a que pasen lo días, sino de tener una buena actitud mientras se espera. Hemos aprendido a regalarnos tiempo, y no creo que haya nada más valioso. Y yo, particularmente, he descubierto que mi casa siempre será el mejor refugio, incluso cuando se trata de una inesperada pandemia mundial. Porque 'casa' no es un lugar, sino las personas que la forman. Y los huéspedes de la mía son un diez en TripAdvisor. Con esta pandemia he recordado con fuerza algo que yo ya sabía: que los quiero mucho".
Begoña Alonso, redactora de Living
"Jamás podré olvidar 2020. La pandemia ha marcado un antes y un después en el planeta y en mi desarrollo personal. Me siento como si hubieran pasado diez años en uno solo, para lo bueno y para lo malo. He envejecido demasiado y también he madurado con un 'fast forward' inesperado.
Miro hacia atrás en este año de pandemia y veo el sufrimiento de un país roto en pedazos. Más de 70.000 muertos, más de tres millones de contagios, cuatro millones de desempleados, una caída del 12% del PIB... La sanidad pública cansada pero llena de valientes profesionales que han trabajado como jabatos, incluso cuando no pudieron salvar las vidas de los enfermos. En mi caso, el dolor y la rabia de ver marchar a un hermano de mi padre y no poder darle el último adiós me acompaña y revuelve todavía.
Pero seamos positivos. He pasado de aquellas semanas en las que lavaba aterrorizada los productos que mi marido traía del supermercado a las salidas por horario y, finalmente, a acostumbrarme a la distancia social, las mascarillas, el gel hidroalcohólico, el teletrabajo, el trabajo sindical a distancia, la cultura en casa, la nueva normalidad. Unas nuevas normas que me marcarán para siempre.
La pandemia ha servido para iniciar un proceso de introspección personal que toca, y muy de cerca, a mi salud física y mental. El estrés, la ansiedad y el miedo, han tenido que ser paliadas con terapias individuales y en grupo, meditaciones, yoga y 'mindfulness'. Las contracturas se multiplican, el peso fluctúa y he pasado de tener el pelo moreno a más canas que mi madre, una madre a la que he tenido que videollamar por vez primera en mi vida para verla llorar de angustia y dolor y no poderla abrazar.
Y en todo ello, la luz. Un año de COVID-19 para (re)descubrir lo verdaderamente importante, la familia, con quien estoy pasando más tiempo que nunca. La pandemia me ha regalado horas con mi esposo y mi hijo y eso me hace muy, pero que muy feliz y me hace pensar que valió la pena. Las películas, las series, los deberes, las horas de lectura (he leído unos 120 libros en estos 365 días), los juegos, el sol de la terraza. Porque como dijo Leonard Cohen: "Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz".
Begoña Alonso es experta en ocio, cultura y estilo de vida, coordinando la sección de Living en Elle.es desde hace más de seis años. Llevar la sección de Living supone que lo mismo escribe un reportaje sobre las mejores series de terror de Netflix, que un artículo de viajes y lunas de miel, un perfil de una activista feminista o un listado de los mejores libros de la historia que tienes que leer.
Siempre suele decir que la vida no le da para todo: libros, agenda, música, ocio, cine, series, plataformas de streaming (Netflix, Amazon, HBO, Disney+, Filmin, Movistar+, Apple TV+…), maternidad, televisión, feminismo, viajes, cultura, ‘lifestyle’, motor, tecnología… Pero es capaz de llegar a todas partes para ofrecer siempre los contenidos más actuales e interesantes.
Begoña Alonso se licenció en 1999 en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, pero cuenta casi con 30 años de experiencia en la profesión. Se estrenó en medios locales como Huelva Información o Las Provincias, pasó por radios vecinales haciendo programas de cine y luego aterrizó en el mundo del papel, en medios como La Razón, Maxim o Reporter.
Tras 9 años dedicada al ‘branded content’, Begoña lleva una década en ELLE, el mismo tiempo que ha transcurrido desde que consiguiera el Premio 20 Blogs por ‘The Best of the 80s’, un blog de música de los 80, una de sus pasiones. También adora las películas de boda y se pasa más tiempo planificando viajes que llevándolos a cabo, pero eso es otra historia.