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Nada más cruzar el umbral de la Vinoteca Moratín, el ambiente te envuelve con una calidez inesperada. El cambio de ritmo es inmediato. El bullicio de la ciudad se disuelve como por arte de magia. No es el tipo de restaurante donde la decoración compite por la atención. Más bien, en este pequeño local de escasos 60 metros cuadrados, ubicado en el emblemático Barrio de Las Letras madrileño, la atmósfera fluye con una sencillez refinada. Es como si la casa misma te invitara a quedarte, sin prisa, a disfrutar de algo que no se ve, pero que se siente: el mimo con el que se ha creado este espacio.
Aquí las conversaciones se entrelazan con la suave música de fondo, mientras las luces cálidas y los detalles sutiles marcan el tono de una experiencia gastronómica que va más allá de lo esperado. La esencia de Vinoteca Moratín está en lo auténtico, en lo bien hecho.
Sin embargo, la magia no está solo en el ambiente. Lo que distingue a este lugar es su propuesta gastronómica. Con un menú breve, de nueve platos, con algún fuera de carta, que cambian según la temporada, todo en este restaurante está pensado para destacar lo mejor de cada ingrediente. Y todo empieza, como no podría ser de otro modo, con el toque personal de su propietario, Marcos Gil, quien lleva las riendas de la sala y la cocina con una pasión palpable.
Este restaurante no es un negocio más: es el proyecto vital de un hombre que, después de años de aprendizaje en los mejores restaurantes, decidió crear su propia casa, su refugio de sabores y sensaciones.
Así se come en Vinoteca Moratín
La carta de Vinoteca Moratín no se distingue por la cantidad, sino por la calidad. Aquí no se trata de impresionar con una oferta interminable, sino de ofrecer platos donde la materia prima habla por sí sola. Y si de algo sabe Marcos, es de productos de primera. Todos los días, en su recorrido matutino por el Mercado de Antón Martín, selecciona personalmente los ingredientes frescos y de temporada que llegarán a tu mesa. Cada plato es una obra pensada, estudiada, y explicada con pasión. No hay grandes alardes, y eso es parte de su encanto.
Los puerros confitados con salsa romesco, un plato que se ha convertido en una de las joyas de la casa, o el steak tartar, cortado a cuchillo con una precisión casi quirúrgica. Si eres amante del pescado, el salmón noruego marinado en casa, acompañado de una vinagreta de encurtidos, es un must.
Entre otros clásicos que no puedes dejar de probar: el pulpo de Santoña con aceite de pimentón y cilantro sobre un parmentier de patata, el bacalao confitado sobre una escalivada de verduras, los canelones rellenos de carrillera o el pollo de corral asado al albariño. Y si lo tuyo son los platos de cuchara, aquí siempre habrá una sorpresa: verdinas con salmonete o lentejas caviar con calamar en su tinta, que son una oda al buen guiso de temporada.
La sencillez es una seña de identidad, y el sabor, el gran protagonista. Por eso, los postres, como la tarta tatin de manzana o la crema quemada (la receta de su madre, Dori Omaña, que Marcos guarda como oro en paño), no bajan el nivel. Por el contrario, lo elevan, dejando en tu memoria el eco de un final perfecto.
Este pequeño y acogedor local ha logrado, en apenas trece años de vida, consolidarse como un referente en Madrid. Es un lugar que, sin aspavientos, ha sabido enamorar a los más exigentes con su cocina honesta, su trato cercano y su ambiente cálido. Un secreto a voces que los más fieles conocen y que ahora, tú, si te atreves a abrir su puerta, también tendrás la posibilidad de descubrir. Y, lo más importante: siempre, siempre, con la misma pasión que hace trece años.
Dirección: Moratín, 36. Madrid
Teléfono: 911 276 085
Web: https://www.vinotecamoratin.com