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Hay que decirlo más: los dulces no son solo para los cumpleaños ni para cuando necesitas “un premio”. Los dulces son felicidad, antojo puro, recuerdos de infancia, placer en cada cucharada y excusas para compartir (o no). Y en una ciudad como Madrid, donde los croissants ya son de culto, las tartas de queso tiene legión de fans (véanse las colas de Álex Cordobés) y los obradores caseros son cosa seria, cada vez hay más motivos para caer en la tentación.
Es ahí donde entra Pepina Pastel, el obrador que ha convertido fartons, cremaet o torrijas en postres virales, además de preparar tartas que ya son de culto y proponer nueva forma de disfrutar los clásicos. ¿La buena noticia? Que aunque ya llegaban a todos los hogares de España a través del delivery, es momento de celebración, de júbilo, porque 'habemus Pepina Pastel en Madrid'. Sí amigas, el obrador más viral valenciano, acaba de aterrizar en nuestra ciudad. Y esto es todo lo que necesitas saber al respecto...
Una madre y una hija dispuestas a cambiar el mundo (del dulce)
La historia de Pepina Pastel arranca donde empiezan muchas buenas historias: en casa. Concretamente en Alzira, un pueblo de la Ribera Alta valenciana donde Pepa y Lara Guerrero, madre e hija, decidieron en 2019 convertir una tradición doméstica —esas tartas que hacían para celebraciones familiares— en un pequeño obrador con mucho cariño y muchas ganas de experimentar.
Lo que empezó con unos cuantos pedidos se ha convertido en una empresa que hornea más de 11.000 tartas al mes y realiza más de 4.000 envíos por toda la Península. Sin embargo, más allá de los números, lo que realmente ha conquistado a todas las que somos fans de sus productos, es su estilo: artesano y con personalidad, pero también con un puntito gamberro (en el buen sentido) que ha llevado a muchos de sus invenciones a convertirse en virales.
El giro dulce (y brillante) a la tradición
Porque aquí no se habla solo de tarta de queso o de chocolate (que también las hacen). En Pepina Pastel, hay de todo y para todos los gustos. De una tarta de Fiesta (ideal para celebrar tu cumpleaños) a la cheesecake de pistacho, pasando por una red velvet o tarta de zanahoria. También hay innovación y una forma de ver diferente, cosas de siempre. Una de las últimas en llegar fue la Pepitorri, probablemente la torrija más fashion que has visto jamás. Este postre homenajea a la elaboración más típica de la Semana Santa (aunque se come todo el año) y transforma la torrija en tarta. ¿La idea? Una base esponjosa mojada en leche infusionada con vainilla, crema suave y, por encima, torrijas de las de toda la vida, con su azúcar y su canelita.
Pero lo que has hace diferenciarse del resto, ha sido su particular reinvención de los clásicos valencianos, dando como resultado es un universo repostero tan reconocible como sorprendente. Está, por ejemplo, la tarta de horchata y fartons, un hit entre los hits, homenaje absoluto a las meriendas de verano en la Terreta. La horchata, de chufa valenciana de Alboraya, se convierte en una crema suave que empapa una base de fartons esponjosos, todo coronado con una capita de canela que te hará delirar de lo rica que está. Ojo con esta tarta, porque una vez lo pruebas, no hay vuelta atrás.
También triunfa la tarta de cremaet, inspirada en el café licor tan típico de las sobremesas valencianas. Lleva café y ron, —por la mañana caféeee, por la tarde ron, Benito style—, pero también canela y cítricos, y no hace faltar tomarla como broche de un esmorzaret, porque la suya se puede tomar en cualquier momento. No podemos olvidarnos de un clásico que lanzan en Fallas y que se queda por más tiempo, el Pepi Bunyol, elaborados con ganache montado de calabaza y cremoso de chocolate.
Un repertorio que arrasa en redes
Lo de Pepina Pastel no es solo saber hacer las cosas ricas. Cuidan al máximo la estética, el storytelling y sobre todo, aportan a todo lo que comunican, mucho sentido del humor. Si has visto alguna vez en redes sociales una tarta con churros clavados en lo alto como si fuera una escultura comestible, probablemente era la Pepichurros. Una de sus creaciones más emblemáticas que reinterpreta el desayuno castizo en versión tarta, con base de bizcocho, crema de chocolate espeso y churros auténticos coronando el conjunto.
Y si creías que ya nada podía sorprenderte, en temporada navideña arrasaron con sus particulares turrones: turrón de nachos cheddar, de chocolate y Gublins... ¿Dulce o salado? ¿Postre o snack? Las dos cosas a la vez. Una propuesta que rompió Internet y que demuestra que en Pepina Pastel no tienen miedo a experimentar, siempre desde el respeto por lo tradicional.
El salto a Madrid: nuevo córner en el Mercado de San Antón
Todo este boom dulce tenía que dar el salto y expandirse. Y lo ha hecho. Desde hace apenas unas semanas, ya puedes comprar las tartas más virales de Valencia en pleno barrio de Chueca, dentro del Mercado de San Antón. El nuevo córner de Pepina Pastel es pequeño, coqueto y con un detalle que lo dice todo: solo habrá 100 productos al día, para mantener ese espíritu artesanal que tanto las define. Porque si algo tienen claro Pepa y Lara es que quieren conservar ese carácter de hecho al día que las define, allá donde vayan.
El horario es de 10:00 a 21:00, todos los días, y allí podrás encontrar una selección rotativa de sus pepi booms —para comer de bocado— y de sus tartas más míticas en formato mini. ¿La estrella del momento? La ya mencionada Pepitorri, claro, pero también la cheesecake de pistacho (otra súper ventas), la de galleta Lotus o su rellenita cheesecake, con una capa de galleta con chips de chocolate, que no falla nunca. Eso sí, si ves la de horchata y fartons, no lo dudes. Vuela y además es muy de temporada y no siempre está disponible.
Mucho más que pasteles o cómo generar una comunidad
Lo bonito de Pepina Pastel no es solo lo que hacen, sino cómo lo cuentan. Cada lanzamiento viene acompañado de una historia, un recuerdo o una anécdota que conecta con sus seguidores. En su cuenta de Instagram (que ya es casi un canal propio de humor pastelero), comparten no solo novedades, sino también mensajes de clientes, experimentos fallidos, momentos tras bambalinas y alguna que otra crisis existencial por culpa de un bizcocho que no sube.
Esa naturalidad, esa mezcla de madre e hija que cocinan como en casa pero piensan como una marca cool, es lo que ha convertido a Pepina Pastel en un fenómeno. Habrá que estar muy atentas a sus próximas creaciones (¿tarta de paella? ¿cheesecake de fartons salados?), porque está claro que a Pepa y Lara les queda mucha masa por amasar. Y nosotras, encantadas de probarlo (y contaros) todo.