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La dificultad de encontrar una buena carta de vinos en restaurantes asiáticos radica en la falta de atención al maridaje entre la complejidad de sus sabores y las características del vino. Mientras que los sakes suelen ocupar un lugar destacado, los vinos tienden a ser una selección genérica, sin considerar cómo complementan platos con matices tan diversos como el umami, el picante o lo agridulce. Esta desconexión puede deberse a la percepción de que el vino no es tradicionalmente parte de la experiencia asiática, sin embargo, está más que comprobado que un blanco afrutado o un espumoso no demasiado seco pueden realzar los sabores y ofrecer una experiencia gastronómica más completa.
Por suerte, siempre hay excepciones que confirman la regla, y Le Chinois es una de ellas. La alta cocina china tradicional brilla en este restaurante madrileño, donde el respeto por los procesos e ingredientes se refleja en platos exquisitos. Pero lo que destaca aún más es su extraordinaria bodega, algo poco común en establecimientos asiáticos.
Su selección de vinos es impresionante. Dividida en dos propuestas, la carta A y la carta B (para winelovers exigentes), abarca desde reconocidas denominaciones de origen hasta joyas de pequeños productores artesanales, y recorre Galicia, Rioja, Bierzo o las Canarias, pasando por Francia (con especial mención a las regiones de Borgoña y Champagne) e Italia, hasta llegar a Croacia, Argentina y otros destinos del Nuevo Mundo.
La diversidad de uvas y regiones representadas asombra tanto a aficionados como a expertos. Esta cuidadosa selección líquida, que además cuenta con una más que interesante selección de vinos por copas en la que no faltan burbujas y generosos, complementa perfectamente la calidad culinaria del restaurante, elevando la experiencia gastronómica a un nivel superior y ofreciendo maridajes excepcionales para cada plato.
La Ruta de la Seda en el plato
En pleno barrio de Salamanca, en la concurrida calle de María de Molina, casi a la altura del Paseo de la Castellana, Le Chinois se erige como un oasis de la alta cocina china, transportando a sus comensales a la opulencia de la Dinastía Qing del siglo XVII, desde la decoración hasta el plato. Y es que el restaurante no solo ofrece una experiencia culinaria excepcional, sino que también sumerge a sus visitantes en un ambiente que evoca la atmósfera de la antigua China.
Al cruzar el Paifang, los comensales se adentran en un mundo de farolillos, fachadas de madera y un imponente dragón que da la bienvenida. El interiorismo, cuidado hasta el último detalle, recrea la atmósfera de un Hutong tradicional, permitiendo a los visitantes sumergirse completamente en la cultura china mientras disfrutan de una gastronomía excepcional.
Este viaje culinario a la China imperial se refleja de igual manera en la carta. Le Chinois es un homenaje a una tradición gastronómica milenaria en la que destacan platos emblemáticos preparados con maestría y los ingredientes más selectos. El pato suflado, estrella indiscutible del restaurante, se elabora siguiendo un meticuloso proceso que incluye el inflado de la piel para lograr una textura crujiente incomparable. Trinchado magistralmente en la mesa, se sirve con la clásica salsa Hoisin, pepino holandés, puerro argenta y delicadas crepes artesanales.
Los dim sum artesanos son otra joya de la casa, con una variedad de sabores y texturas que deleitan el paladar. Desde el Xiao Long Bao de cerdo ibérico hasta el Hakao de langostinos tigre, cada pieza es una obra maestra en miniatura. Para los indecisos, el surtido degustación permite explorar la diversidad de estas exquisiteces.
La sección de pescados y mariscos eleva la experiencia a nuevas alturas. La lubina salvaje al vapor con salsa de soja negra, el rodaballo con guindillas encurtidas y el bogavante azul gallego con fideos vermicelli son solo algunas de las opciones que destacan por su frescura y preparación impecable. Las carnes no se quedan atrás, con platos como el pollo de corral Kung Pao y la costilla de vaca guisada en caldo Master Stock, que fusionan ingredientes de alta calidad con técnicas tradicionales chinas.
Le Chinois no es solo un restaurante; es un viaje sensorial que combina sabores ancestrales con una puesta en escena espectacular, ofreciendo una experiencia única en el panorama gastronómico madrileño.
Apuntes para elegir el vino perfecto
El maridaje con comida china requiere equilibrio y creatividad. Para platos agridulces como el pollo agridulce, un vino blanco de viognier, por ejemplo, con notas frutales, resulta ideal. Los platos picantes como el pollo Kung Pao encuentran en un riesling su pareja perfecta, gracias a su acidez y dulzura. Uno de los riesling que tiene en carta es Dr. Loosen Dr. L. Riesling Dry.
Los rollitos primavera combinan bien con un pinot noir ligero, que corta la grasa sin dominar los sabores. Para opciones fritas como arroz tres delicias, un espumoso refrescará el paladar. Finalmente, los platos vegetales como Chow Mein destacan junto a un vino aromático o un rosado ligero. En carta en Le Chinois tiene Roselito.
Para armonizar adecuadamente con la comida china, un vino debe tener las siguientes características clave: aromas intensos que puedan complementar los sabores especiados y complejos de la cocina china; una buena acidez ayuda a equilibrar los platos grasos o fritos, refrescando el paladar; baja graduación alcohólica, para no amplificar excesivamente el picante o la intensidad de los sabores; cuerpo ligero, pues se adaptan mejor a la variedad de sabores; un toque de dulzura para complementar bien los platos agridulces comunes en la cocina china; frescura, notas afrutadas y mucha versatilidad. Estas características permiten que el vino complemente y realce los sabores de la comida china sin ser dominado por ellos, creando una experiencia gastronómica armoniosa.