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No cabe duda de que las personas que se dedican a la gastronomía (y al arte en cualquiera de sus formas) son disfrutones por definición, pues se necesita gran sensibilidad para apreciar la belleza oculta, degustar un plato exquisito, combinar ingredientes comunes de forma magistral y practicar el 'savoir-fair' en aspectos tan cotidianos como la alimentación.
La artesanía en la cocina se esconde detrás de detalles tan nimios como una simple barra de pan, un cruasán crujiente, unas croquetas perfectas o unas torrijas jugosas. Por eso, no nos extraña que esta sea una de las cosas que más valorael cocinero guipuzcoano Karlos Arguiñano a la hora de acudir a un buen restaurante.
El "chef de la televisión" por excelencia, que triunfa con el programa 'Cocina Abierta' de Antena 3, reflexiona en el pódcast 'El Txoko de Idoate' sobre su pasado, presente y futuro, dejando claro que, si hay algo que nunca cambia, es su forma de saborear las pequeñas cosas de la vida, ya sean 100 gramos de jamón ibérico o un trozo de pan recién hecho con el que rebañar el plato.
"Mi hijo Joseba hace pan y yo le dije 'si no vas a hacer pan bueno, no hagas pan, Joseba', cuenta al periodista Mikel Idoate. "Haz el mejor pan porque el pan es tan importante como para tener un tenedor en una mano y un trozo de pan en la otra". Y al respecto añade: " Hay restaurantes buenos que te ponen pan chungo. Yo no digo nunca nada, pero no como... yo pan chungo no como", asegura.
"Si vas a un restaurante a comerte un buen pescado, una buena carne, una buena sopa, un buen marmitaco, el pan dámelo bueno..."
"Si vas a un restaurante a comerte un buen pescado, una buena carne, una buena sopa, un buen marmitaco, el pan dámelo bueno. Luego me cobras lo que quieras, pero dame un trozo de pan bueno, no una cosa que es como una gominola... Para comer una gominola ya voy a la tienda de las chuches. Con lo del pan tengo bronca, tengo bronca".
Razón no le falta a este famoso chef. El pan es la promesa de lo que viene después, es el acompañante perfecto para cualquier bocado y la garantía final de éxito: puede que el servicio sea lento y la cantidad escasa, pero siempre nos quedará el pan.
Lucía Ruiz estudió Relaciones Internacionales y Comunicación y ahora continúa formándose con un Máster de Marketing de Moda. Escribe para aterrizar, para recordar, para existir. Es su manera de dar forma a la vida, de hacerla real. Por eso anota todo aquello que le hace feliz: la comida, los viajes y las nuevas experiencias no pueden faltar en la lista.