Llegar a Finisterre, Fisterra en gallego, era llegar el fin el mundo. Esta creencia se dio en la antigüedad, pero hoy día ese mismo sentimiento te embarga cuando subes la colinas, llegas a su imponente y emblemático faro y el horizonte azul infinito se abre ante ti. Sabes que estás en el punto más occidental de Europa, y te sientes pequeño, casi vulnerable, una diminuta pieza de algo enorme, te notas insignificante ante la grandeza que te rodea.
El viento fresco azontando tu rostro, los pequeños barquitos pesqueros dibujando profundos surcos blancos en el océano Atlántico con bandadas de gaviotas revoloteando a su alrededor en una locura de baile lleno de esperanzas de "pescar" algo que llevarse a la boca. Precisamente esto es, en gran medida, lo que te lleva a este pequeño y precioso pueblito de la Costa da Morte. En Fisterra está, para mi, uno de los mejores restaurantes de España. Sin duda, el lugar donde vas a comer la mejor lubina del mundo. Se llama Tira Do Cordel, y durante años ha sido un gran referente de la zona, un emblema gastronómico de A Coruña, y de toda Galicia.
El panorama ante el que se encuentra Tira Do Cordel es magnífico. A pie de la playa de Langosteira, de blanca arena y clarísima y salvaje agua, con una longitud de casi 2 kilómetros. Allí se ubica este restaurante que en su tiempo, hace más de doscientos años, fue una fábrica de salazón. Se trata de una casona rústica de piedra, hoy completamente puesta al día, pero que mantiene la esencia de lo sencillo y auténtico, como su cocina.
Todo, por cierto, en Tira Do Cordel tiene su historia. Comenzando por el nombre, que se debe a un ingenioso mecanismo para acceder al restaurante, por el que el cual se abría la puerta tras tirar de una cuerda. Entonces ya se cocinaba y se daban comidas allí, fueron sus primeros pasos.
La mejor lubina a la parrilla del mundo
El esplendor de esta casa, abierta ya como restaurante en 1989, se logró con su dueño, Pepe Castiñeira, fallecido inesperadamente a los 46 años en 2018. Años antes, sus padres José Castiñeira y Carmen Duarte, fueron quienes lo habían abierto. Fue esta segunda generacion quien, al frente de la parrilla, dio lustre y fama al local con un plato ya legendario: la lubina a la parrilla.
El corazón de este restaurante es su parrilla, a la que se alimenta con carbón vegetal y los mejores pescados salvajes de la zona -que les consiguen sus contactos de pescadores locales- con la lubina como principal protagonista. El arte de la parrilla lo bordan, consiguiendo el punto exacto en el que la carne del pescado queda con un precioso color blanco perla, hiperjugosa y con la piel crujiente. Y la cabeza, un tesoro lleno de gelatina, como un manjar para quienes de verdad saben comer pescado. Hablaos de la archifamosa lubina, pero también trabajan con besugo, sargo, cabracho...
La lubina, santo y seña de esta casa, llega a la mesa troceada y desespinada, untada en una salsa tradicional de aceite suave, presentada en una sencilla bandeja de aluminio y acompañada de unas simples patatas cocidas aliñadas, también deliciosas, como guarnición. Presentación sencilla, donde el producto y cómo se ha cocinado lo es todo, sin artificios ni distracciones. Es el éxito y la historia.
Cocina gallega tradicional
La carta de Tira Do Cordel es la de una restaurante gallego clásico, centrada en los pescados y mariscos elaborados de forma tradicional. La visita reclama algunos otros básicos como son las almejas -tanto a la marinera como a la plancha, a mi me gustan má las segundas-, o los longueirones, el primo hermano de la navaja pero de sabor más intenso. Otros básicos para abrir boca antes de saludar a la lubina a la brasa son la centolla, los percebes y los berberecho al vapor.
Y si no te apetece pescado -que en realidad es la excusa para visitarlos-, también tienen "otras cosiñas" de la tierra comenzando por las carnes gallegas entre las que hay el clásico chuletón de ternera, de vaca, entrecot... y distintas ensaladas. Incluso tienen la opción más económica y simple que puedes encontrar allá donde vayas: huevos fritos.
Una vez termimado el festín, guarda un lugar para el postre. Para este fin de fiesta te aconsejamos que apuestes por la tarta de queso. Es casera y la hacen al horno, dando como resultado un dulce capricho muy cremoso, sabroso y adictivo. También es manjar de los dioses gallegos para el resto del mundo.
