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Ya sea durante el puente de la Constitución, la Navidad o cualquier fin de semana de escapada, lo cierto es que visitar Londres en los últimos meses del año tiene un encanto especial. Es así por las luces que decoran cada calle, cada esquina y que visten las grandes tiendas y las pequeñas con una estética bucólica y, por supuesto, sus cafés y restaurantes. También, pasear por su mercado navideño -Winter Wonderland, en Hyde Park- es meterse de lleno en el sueño de aquellos que creen en la magia, y hacerlo por cualquiera de sus parques es darse un baño de paz y belleza (tiene más de 1000, hecho por el que fue reconocida como la primera Ciudad Parque Nacional del mundo en 2019).
Entre paseo y paseo, una bebida caliente para contrarrestar las bajas temperaturas de la capital británica, una visita a uno de sus museos (debilidad por el de Historia Natural, la Saatchi Gallery o la siempre apabullante National Gallery), buscar auténticas gangas en tiendas de ropa de segunda mano, un concierto en Camden o ir de exploración a cualquiera de sus mercadillos y mercados (Broadway Market, Columbia Rd. Flower Market, Notting Hill, Portobello, etc) para sorprenderse con esa mezcla de culturas tan londinense.
La oferta culinaria es también amplísima y para todos los bolsillos. Así, se pueden recargar pilas en locales de comida “rápida” que se encuentran por toda la ciudad como Itsu, Pret a Manger, Paul o Yo Sushi; en ellas puedes encontrar sándwiches, noodles, gyozas, sushi, sopas, ensaladas o repostería. También, y siguiendo con el formato más relajado, será una buena idea pasar por uno de sus mercados culinarios como Borough o Camden para ir saltando de un aroma a otro y de un acento a otro, y así empaparse de una riqueza que ensancha la mente. O, puedes echar un vistazo a nuestras recomendaciones y disfrutar de lo último (y algún clásico) de la escena gastronómica londinense.
Dónde desayunar, comer, cenar y beber en Londres
Desayunar
· 45 Jermyn St.
En pleno barrio de St. James’s y pegado a Fortnum & Mason, este lugar es un ejemplo perfecto del glamour y clasicismo londinense, al estilo de los famosos clubs privados que plagan sus calles.
Su carta de desayuno es una mezcla perfecta de lo inglés y lo francés. Así, en ella se pueden leer: huevos revueltos con salmón ahumado, Welsh rarebit, que es una tostada hecha con una mezcla de quesos fundidos y salsa Worcestershire, full english breakfast, eggs Benedict o Royale, scotch porridge con miel o tortitas de trigo sarraceno con frutas del bosque y yogur de coco. Aquí, además de desayunar como un rey o una reina, te deleitarás observando a sus clientes y su estilo british.
· Koya Soho. 50 Frith Street / Koya Ko Hackney. 10-12 Broadway Market Mews
Si eres de desayuno salado y estás abierto a empezar el día de forma exótica, éste es tu lugar. La primera sede de Koya, la del Soho, abrió en 2010 y desde entonces no ha dejado de preparar sus famosos noodles de forma artesanal, con fideos udon recién hechos y un caldo dashi sabroso.
En este local y el de Hackney abren a las diez de la mañana (en el segundo solo viernes, sábado y domingo), para que puedas empezar el día frente a un bol de udon con huevo, cebollino y soja, con tofu o en sopa de curry; porridge con setas (kinoko), con un desayuno japonés (pescado a la parrilla, arroz, sopa miso y encurtidos) o inglés (huevo frito, bacon, porridge de shitake y sopa miso).
Comer
· Paradise. 61 Rupert St.
Sin movernos del Soho, encontramos este paraíso en el que saborear la cocina de Sri-Lanka desde una perspectiva actual. Combinan la cocina cingalesa con el producto de Reino Unido para así aportar a los platos una identidad única, llena de frescura. En ellos se experimenta una montaña rusa sensorial dirigida por las especias, el picante y los puntos golosos.
Y todo esto lo muestran a lo largo de su menú degustación (78€), compuesto por seis platos y focalizado en el producto de temporada. Se pueden hacer tres combinaciones del mismo: land + sea; veg + plant; sea + veg. Algunas de sus delicias son el flan de guindilla verde con glaseado de kithul (edulcorante que se extrae de una palmera), chutney de dátiles y lima, el cordero ahumado sobre un curry de ajo negro y puré de coco, o un divertido homenaje al helado Magnum, hecho con sorbete de mango, chocolate blanco, cardamomo y caramelo.
· Noble Rot. 51 Lamb’s Conduit St.
Tienen tres sedes, pero ésta fue la primera. Si eres amante del vino, Noble Rot tiene que estar en la hoja de ruta, sí o sí. Y es que, además de editar la revista de mismo nombre que es una especie de Biblia enológica, su carta de vinos ha sido reconocida como la Wine List of the Year por los Wold Restaurant Awards en 2019, y por los National Restaurant Awards en 2016, 2017, 2018 y 2020. Para rizar el rizo, se ubica en el mismo lugar en el que un descendiente del almirante Nelson regentó un bar de vinos ya en 1974.
Pero, más allá de la uva, su cocina se caracteriza por el toque ‘franglais’ de su chef Stephen Harris. Platos pequeños, estilo bistró, con productos frescos y una carta muy viva. Por ejemplo, ahora en otoño tienen pan tostado con hinojo estofado y requesón de cabra; caballa de Cornualles, brócoli morado y alioli; o pera al vino tinto con salsa de chocolate. Por supuesto, cada plato viene con su sugerencia de maridaje.
Cenar:
· KOL. 9 Seymour St.
Hay lugares que tienen alma y KOL es uno de ellos. Un proyecto con sentido construido por un equipo que rema en una misma dirección para contar una historia. Santiago Lastra es el capitán de este buque, perfecto exponente del espíritu de su país, México, en Londres. Y para ello escarba hasta las raíces de la tradición y la artesanía. Un trabajo minucioso con resultados superlativos que se sienten ya en la decoración del restaurante, en el que destacan las vasijas de barro adquiridas de dos arquitectos mexicanos que se han dedicado a recuperarlas y restaurarlas.
Lastra se ha recorrido el mundo gracias a la cocina, así, ha recalado en el restaurante Europa de Pamplona, en Mugaritz, en el Laboratorio de Cocina Nórdica de la Universidad de Copenhage y, más tarde, en Francia, Italia, Portugal, Turquía, Hong Kong, Taiwán, Japón, Suecia o Rusia gracias a una serie de pop-ups de cocina mexicana. Desde el 2020 oficia en esta casa que ocupa el puesto 17 en la lista The World’s 50 Best Restaurants. Y no extraña este reconocimiento porque en KOL se suceden elaboraciones delicadas, pero, al mismo tiempo, tan potentes como lo es la cultura mexicana.
El producto fresco local es imprescindible: el calamar de Cornwall llega con un toque de brasa, camelina (planta), maíz rosa Bolita de Oaxaca y remolacha; la vieira se expresa mejor con el rábano picante, el apio de monte y la lechuga de mar; y el cangrejo hace lo propio con la calabaza black futsu (japonesa), hierbaluisa y chile Cascabel. Por supuesto no falta el taco, que es uno de los hits de KOL, elaborado con langostino, chile ahumado y aceite de espino amarillo. Tampoco el homenaje a la revitalizante barbacoa, con carne de cuello de cordero, ni el mole –la esencia, el alma– que Santiago prepara a partir del asado del cordero, centeno fermentado, acedera y chile buena mulata. En resumen, una cocina de total encuentro entre la tradición y la innovación.
· The French House. 49 Dean St.
Parece ser que, como todos los caminos llevan a Roma, en Londres ocurre lo mismo con el Soho. Cuando uno llega al número 49 de la calle Dean se topa, de pronto, con un trozo de acera vallada llena de gente fumando, charlando y bebiendo vino en pequeñas copas. Son los clientes de The French House, siempre cool, siempre interesantes, que se empapan cada día del ambiente bohemio de este lugar abierto en 1891 bajo el nombre de York Minster. Siendo el bar que más Ricard vende en toda Inglaterra, es habitual ver entre sus clientes a artistas, escritores o actores, gente que busca encontrarse en un lugar donde no hay distracciones: no music, no machines, no television y, a poder ser, no mobile phones.
En sus paredes se suelen exhibir colecciones fotográficas y en la planta de arriba está el restaurante, donde se sirve cocina “burguesa”: rape a la pimienta con patatas y col, lenguado con espinacas y salsa de lemongrass, asado de carne, mollejas con alcachofas y shimeji o pannacotta de eldelflower. Todo con mucho toque St. John (otro imprescindible de la ciudad), ya que fueron Fergus y Margot Henderson quienes crearon la oferta culinaria de The French House en 1992.
Cócteles
· No.23. 19-23 Charlotte St.
Es un hotspot de los buenos porque lleva pocos meses abierto, pero por él fluye ya mucha vida. Su local es íntimo y muy acogedor, vestido en tonos azul oscuro y madera. En su barra y mesas caben pocas personas, 23 para ser exactos (de ahí el nombre del local). Da la bienvenida la música latina que suena, un vaso de agua y la carta que el bartender ofrece. Como buena mezcalería, todos los cócteles se elaboran con tequila o mezcal, excepto una concesión a la ginebra en su gimlet verde. Y es que lo que busca el bartender Matteo Vaccargiu es hacer un homenaje al agave para redefinir la experiencia del cóctel. Y lo logra sirviendo negronis, margaritas, martinis, manhattans, palomas, old fashioned y espresso martinis muy “padres”.
Si la visita se alarga, se puede equilibrar el tiempo con alguno de sus snacks –ojo, que tienen chapulines bien crujientes y ácidos– o con las tostadas de Ollie Templeton (chef del restaurante Carousel): tomate, aguacate y emulsión de chile; ceviche, alioli, salsa Macha y cebollas encurtidas; chicharrón, guacasalsa y queso. Aunque, si la cosa va en serio, siempre se puede pasar el restaurante contiguo, Carousel, la casa madre donde siempre se llevan a cabo colaboraciones con otros chefs locales, nacionales e internacionales.
· A Bar with Shapes for a Name. 232 Kingsland Rd.
Inspirados en la escuela Bauhaus –que se centraba en la idea del color y de que la forma sigue a la función para sentar las bases del movimiento del arte moderno–, el equipo de A Bar with Shapes For a Name se preguntó cómo se podría estudiar, aprender y enseñar el sabor. Así que inventaron un sistema de clasificación de sabores, aromas y métodos, y lo llevaron tan lejos que cuentan incluso con un plan de estudios.
Por supuesto, es también un bar –el 61 mejor del mundo según The World’s 50 Best Bars– donde sirven absolutas maravillas en fondo y forma, como el ‘pastel’, el cóctel de la casa, inspirado en el tom collins y pisco-tonic, refrescante y vibrante; el ‘atlas’, con el que buscaban dar con un aroma dulce, pero que no afectara al sabor para crear una especie de old fashioned con aromas a tonka y dulce de leche; también el ‘kazimir’, que es la claridad del yogur de melocotón (clarificado), con el vodka y la absenta; o el ‘last word’ como la mejor despedida a través del balance entre las frutas de hueso (cereza), acidez floral (Chartreuse) y el amargor del Campari.
Cree que hay pocas cosas comparables a la satisfacción que se siente tras haber comido y bebido bien, y es que no hay que pasar por alto el poder qu e tiene la buena mesa; ni el de las manos expertas que, desde la cocina, nos hacen felices, o el de una buena conversación de sobremesa que te ancla a la silla y a la vida.
Fue durante su estancia en Londres, hace ya 13 años, cuando le picó el gusanillo del periodismo gastronómico y desde entonces ese fuego no se ha apagado. Empezó colaborando en la revista HSM, después en El Duende, donde sigue escribiendo a día de hoy, le siguieron la revista GQ, Tapas y Elle Gourmet. Pero no sólo escribiendo, también ha experimentado con el periodismo radiofónico colaborando en Radio Euskadi y ha aprendido cómo funciona todo desde el otro lado en una agencia de comunicación.
Un restaurante con alma, personas comprometidas que portan miradas rebosantes de vocación, oficios necesarios que se ejercen fuera de los focos y de la fama, las cocinas lejanas pero también las de nuestra memoria, la voz de la experiencia y el crujir de la juventud... Esas son las historias que le gusta contar.