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A estas alturas bien sabemos que Dua Lipa ama, como Julio Iglesias, tres cosas: la música, España y la comida y el buen beber, y hoy es la tercera la que nos ocupa, pues la cantante se ha hecho viral con un vídeo en el que crea una de esas bebidas que dejan atónitas a las redes sociales e incitan a infinidad de usuarios a ponerlas en práctica. La cantante echa a su vaso de Cola Cola Light pepinillos encurtidos con su líquido y jalapeños en rodajas con su líquido.
Sin embargo en ‘Eater’, Mehr Singh señaló que en realidad, la bebida no era tan diferente a las micheladas mexicanas o al agua de tamarindo, a menudo condimentada con chile, “o incluso a cócteles más omnipresentes como las margaritas picantes o los Bloody Marys. Sin embargo, es cierto que en Estados Unidos apenas nos hemos adentrado en el universo de las bebidas calientes y ácidas, como estarán de acuerdo quienes lamen inmediatamente el borde de tajín de los cócteles”, escribe.
Pero hoy no hemos venido a hablar de bebidas, sino del pepinillo, que se ha convertido en un alimento omnipresente que ya adorna prendas y accesorios de moda y que genera acalorados debates entre las celebridades, pues como ocurre con esos fenómenos gestados en TikTok, o son amados o son profundamente detestados… Especialmente cuando la tendencia trae consigo alguna corriente paralela en la que los precios se vuelven, digamos, curiosos.
Es lo que ha ocurrido con el inmenso pepinillo individual de la marca americana Van Holten ¿acaso no suena a nombre de vampiro?, que cuesta 3,50 euros. Confieso que yo caí en sus redes en el aeropuerto de Nueva York y jamás me perdonaré haber pagado semejante precio por un pepinillo envuelto en un plástico (sorry, Greta Thunberg), pero, ¿acaso no me vino bien para poder contároslo ahora?
Las famosas y los pepinillos
Mientras que la actriz Florence Pugh, que ama los pepinillos, se comió uno de esos famosos pickles envasados en un vídeo en el que prueba uno por primera vez y lo adora, mientras que Lily James asegura que es “repugnante”. “Parece el Monstruo del Lago Ness”, dijo, mientras que a Amanda Holden le gustó tanto, que se bebió también el líquido del envase. No olvidemos que la tienda italiana Seven Brothers Gourmet vende un sándwich en el que el pepinillo funciona como pan que se viralizó y que ya hecho que los neoyorkinos vayan hasta Long Island para probarlo.
Pero una corriente de TikTok no puede serlo sin tener algún elemento de absurdidad, y es aquí donde entra en juego el denominado ‘picklegate’, una controversia nacida de la mente del usuario de la red social Jesse Banwell, que se escandalizó al darse cuenta de que sus jarras de pepinillos carecían de una palabra ciertamente importante en sus tarros: “pepinillo”. La gente corrió a su despensa para saber qué demonios pasaba y descubrió que la palabra tiende a estar ausente.
El misterio, que posiblemente le quitó el sueño específicamente a cero personas en el planeta, fue resuelto cuando algunas marcas se apresuraron a explicar por motivos de la ausencia de la palabra “pepinillo”: la falta de espacio. “Cuando los amantes de los pepinillos ven un bote de pepinillos VLasic, saben que van a poder disfrutar de los pepinillos más deliciosos. El espacio tan limitado del que disponemos en cada envase lo empleamos para comunicar el sabor. Así, cada cual puede saber cuál es su favorito”, explicaba Carolyn Goldberger, the brand manager de Vlasic, en un comunicado. Sí: el asunto de los pepinillos ha requerido de comunicados oficiales. Y sí: la explicación es aburridísima.
Una tendencia verdadera
La prueba definitiva de que una tendencia nacida en las redes se escapa de la pantalla es que las marcas de comida 'mainstream' aprovechen el tirón para sacar sus productos con sabores que beben de la viralidad, como es el caso de Pringles, que cuenta ya con Pringles Dill Pickle, un tubo de patas crujientes con sabor a pepino.
“Desde los vídeos de TikTok hasta las solicitudes de los fans, las ganas que hay por los pepinillos encurtidos es innegable, y Pringles siempre busca satisfacer el antojo de sabor del momento. Con el regreso de Pringles Dill Pickle, estamos brindando alegría a nuestros fanáticos acérrimos y dando a los novatos la oportunidad de disfrutar de su sabor mientras se unen a la tendencia de los pepinillos", explica Mauricio Jenkins, director de marketing de Pringles en Estados Unidos.
Por su parte en España las deliciosas patatas Torres han lanzado también sus patatas de pepinillos. Porque supongo que la magia de este encurtido radica en que además de ser adictivo y estar rico es saludable, por lo que, ¿por qué no jugársela un poco a la báscula y a la OMS y hacer de un snack que no haría a tu entrenador llorar en silencio un bocado mucho más calórico y para qué negarlo, delicioso?
Una prueba más de lo mucho que nos gusta hacer de lo saludable algo un poquito menos saludable: Burger King ya ha lanzado en América sus 'pickle fries', que son pepinillos rebozados que se comen como si fueran patatas fritas y van acompañados de salsa ranchera.
¿Y el líquido de los pepinillos?
Quienes quieren encontrar el porqué científico de la obsesión repentina por los pepinillos alegan que el líquido de los mismos es bueno para hidratarse ¿acaso no existe algo denominado AGUA?, y la causa por la que es tan complicado comer solo uno es que son adictivos por su alto contenido en sodio.
De hecho, hay deportistas que se empeñan en hacer de los pepinillos su Gatorade, hasta el punto de que incluso Nike decidió hablar con una nutricionista para que explicara si realmente tenía sentido hacer de los 'pickles' la nueva bebida energética. “Si tu mayor objetivo es acabar con los calambres musculares, puede que el líquido de los pepinillos encurtidos te ayude, al igual que otras salmueras a base de vinagre como el kimchi y el líquido del chucrut. Si necesitas rehidratarte, en realidad el zumo de los pepinillos encurtidos no es más eficaz que el agua”, aclaró.
Pero a quién tratamos de engañar: ni Dua Lipa ni posiblemente tú tengáis en mente hidrataros como atletas cuando decidís que los pepinillos son el nuevo aguacate.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.