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Te escribo estas líneas desde Atrio, en Cáceres. Atrio, o lo que es lo mismo, la casa de Toño Pérez y José Polo, tándem encumbrado a los altares de la alta gastronomía. Casa, sí, porque en este Relais & Châteaux de cinco estrellas y catorce suites, a uno lo reciben como en un hogar amigo. Estoy contándotelo mientras por los ventanales de mi habitación, cortados por esa estructura de pilares de hormigón y madera que hila todo el premiado conjunto, ideado por los arquitectos Luis Mansilla y Emilio Tuñón, se cuela la luz del atardecer.
Acabo de darme un baño en sus dos pequeñas piletas, en una azotea desde la que contemplar hasta la sierra de Guadalupe, según me señala Carmina, directora embajadora de un lugar que siente suyo. Su pasión la lleva a mostrarme cada perspectiva, cada rincón de foto, y hay muchos que esconden secretas vistas de una ciudad maravillosa a menudo relegada. ¡Qué bonita es Cáceres!
Me dispongo a probar, después de muchos años, una pandemia y tres estrellas Michelin, ese sentido homenaje al cerdo ibérico que promulgan sobre sus demandadas mesas, unido en muchos pasos al mar aunque a Cáceres no llegue el agua, y en sintonía con esa bodega que ha acaparado tristes titulares y cuya lista de vinos compone un precioso ‘coffee table book’ en cada cuarto. En esas estoy, suerte la mía, mientras decido hablarte de otros hoteles fabulosos que son, también, joyas gastronómicas, puede que no tan obvias, que he visitado o revisitado en los últimos tiempos.
Anteayer, sin ir más lejos, regresé al jardín más bonito de Madrid. Presume de exteriores el que es, probablemente y de la misma manera, el hotel más bonito de Madrid. En verano, cenar en la pérgola del hotel Santo Mauro es tan delicioso como saborear algunos de los platos de punto canalla, adaptados a palacio y sobre mantelería de hilo, de Rafa Peña y su Gresca en la Ciudad Condal. Perfectamente ejecutados por Ricardo Martínez, al famosísimo bikini planchado se le suman en la carta estival una portentosa ensaladilla rusa de buey de mar y caviar o una molleja de ternera de una fineza para el recuerdo. El marco habla por sí solo.
Pocos días antes subí, y hacía mucho que no lo hacía, cosa de la que me arrepiento a menudo, a la azotea con la postal más increíble de Madrid, la del hotel Four Seasons, donde se aloja Dani Brasserie. De su propuesta, para estos meses de más calor (reserva lo más tarde que puedas), me quedo con su club sándwich de pollo de corral, salmón noruego, caviar y salsa holandesa, con su carabinero a la brasa o con su salmonete con salsa roteña. A Madrid tampoco la besa el mar pero como si lo hiciera. Si vas, pide ubicarte en una de sus íntimas mesitas redondas. Son tan románticas que cualquiera cae rendido ante ellas.
Hay tantísimos hoteles con restaurantes románticos y exquisitos hasta decir basta… Y no necesariamente en la liga Michelin. Se me va la mente una vez más a Finca Cortesín, entre Málaga y Cádiz y, sobre todo, a su Jardín de Lutz, su comedor más elegante. En las noches, a la luz de las velas, en ese interior con un sofisticado punto barroco o en una terraza frente a un jardín de ensueño, su cocina de recetas clásicas es intachable en opciones de esas que siempre apetecen y que ya no abundan tanto como un buen foie gras, un lenguado a la ‘meunière’, un chateaubriand con salsa bearnesa o un gazpacho andaluz para abrir boca, ¡claro que sí!
A romántico, y ya que estamos por el sur, pocos o ninguno ganan a El Grill de Marbella Club, hotel emblemático donde los haya en la Costa del Sol. Sentarse aquí no deja de ser como hacerlo en la época dorada de la fundación de este lugar por el príncipe Alfonso von Hohenlohe y esa atmósfera no tiene precio. Te sentirás como una aristócrata en sus mesas perfectamente vestidas al fresco y a la luz de los candelabros. Black angus de Nebraska, charolesa, simmental suiza y wagyu japonés conforman su escaparate cárnico. Imprescindibles, antes y después, el canelón de cangrejo real y el suflé de Grand Marnier.
Ya te dije en alguna ocasión que mi debilidad en Barcelona, en este plano amoroso y ‘foodie’, es el patio del restaurante Contraban, en el enigmático hotel Wittmore que se esconde en las calles del barrio Gótico. Alain Guiard diseña aquí una carta muy personal en la que hay un impepinable: los macarrones del cardenal con secreto ibérico y bechamel. Ve sin prisa, alarga la sobremesa junto a su jardín vertical o en sus saloncitos ‘British’ y hasta quédate a dormir. Viajarás de los años 20 a los 60 recorriendo sus habitaciones y estancias, repletas de piezas de icónico diseño.
Cuando me preguntan -y estos días son muy propios para ello- por una escapada hotelera y gastronómica cercana a Madrid, siempre repito las mismas dos recomendaciones. Con estas termino por hoy de aumentar tu lista de deseos.
Una es Abadía Retuerta LeDomaine con su estrella Michelin Refectorio. El corazón de este hotel de gran lujo es una bodega y un comedor de postín, capitaneado por Marc Segarra, en una fascinante abadía del siglo XII. Él es catalán pero es el terruño castellano el que le inspira y al que aporta sus extensos conocimientos de vanguardia culinaria heredados de sus maestros. Tomando como referencia esta tierra, sus vinos y el escenario en el que se encuentra, hace desfilar platos que se reconocen al leerse, pero que sorprenden al experimentarse. Producto de primera y máxima calidad conforman su personalidad y son los reclamos para una segunda estrella que, estoy seguro, ya está en camino.
La otra, Molino de Alcuneza, a minutos de la Sigüenza del Doncel, otro Relais & Châteaux en el que sentirse en casa, esta vez la de la familia Moreno, Samuel y Blanca. Ella dirige el alojamiento, con 17 encantadoras habitaciones en el antiguo molino harinero. Él, los fogones de su estrella Michelin, una sentida oda al valle del Henares en unos menús degustación, con el monte y la caza como protagonistas, que te robarán el corazón tanto como su desayuno al día siguiente.
Andrés Galisteo es experto en gastronomía, bares y restaurantes y viajes, áreas de las que escribe asiduamente en Esquire. Su trabajo es su estilo de vida y por eso lo define como “Viajar, comer, vivir y contarlo”. Cuenta con una trayectoria de más de 10 años en medios de comunicación, donde se ha especializado en contenidos "lifestyle" relacionados con la hostelería y el turismo de lujo.
Andrés no concibe una escapada sin pasar por un hotel con encanto, sin conocer el restaurante o chef de moda de la zona o sin degustar las tapas y recetas clásicas de sus bares. Vive en Madrid, pero será difícil que le encuentres allí. Su maleta le acompaña y despierta envidias, aunque leyéndole no es difícil volar y saborear con él. De lo bueno, recomienda lo mejor, lo que más le gusta, lo que más ha disfrutado de todo lo conocido, que es mucho, sea a nivel profesional o personal, porque reitera que tiene la gran suerte de que su mayor "hobby" coincide con su trabajo.
De la capital, sin embargo, escribe largo y tendido porque la lleva en corazón y paladar. De él puedes leer contenidos sobre restaurantes de Madrid (los que están de moda, los mejores de cada zona o por tipo de comida) y también de bares o coctelerías. Y es que lo mismo te enseñará a encontrar el bar clandestino de la ciudad al que todo el mundo querrá ir, que a decidir entre los mejores licores, vinos o productos del mercado para una reunión gourmet en tu propia casa.
Hace más de 7 años que Andrés aterrizó en Esquire. Pero, lejos de centrarse en la gastronomía, ha podido hablar también de otra de sus grandes pasiones: viajar. Por aquí te recomendará los hoteles rurales con más encanto de la península, los hoteles más lujosos de Madrid o las actividades más recomendables en las antípodas de España.
Por último, compagina los contenidos de ocio y diversión con algunos artículos de nutrición y cuidados enfocados a hombres. Por eso le leerás hablándote de proteínas, de los beneficios de las bebidas saludables de moda o del ayuno intermitente; está convencido de que la buena vida no está reñida con cuidarse.
Andrés se licenció en Periodismo y Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad CEU San Pablo de Madrid aunque estudió dos de esos cursos fuera, en París y en Boston. Ya antes de terminar estos estudios creó un blog sobre restaurantes y comenzó a trabajar en una de las principales emisoras de radio nacionales, Onda Cero, donde arrancó una sección dedicada a gastronomía que se extendió durante años. A partir de ahí, ha pasado por varios de los principales medios (diarios, webs y revistas) como La Razón, ABC, El Confidencial o Time Out Madrid escribiendo siempre sobre sus ámbitos favoritos. Lleva más de 7 años como colaborador fijo en Hearst, fundamentalmente en Esquire, en las secciones Gastro y Viajes.