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Una pareja es 50-50: uno le quita el tomate a la hamburguesa, otro se lo come. Algunos lo prefieren en salsa y otros lo aman al natural. Hay quienes no aguantan su textura y los que encuentran cierto placer en la sensación del cherry explotando entre los dientes. Una cosa está clara: nunca una hortaliza había levantado tantas pasiones como el tomate.
Escribo esto mientras saboreo un 'kumato' de mi ensalada. Está claro a qué bando pertenezco. En ocasiones, a muchos amantes de esta fruta (porque sí, es una fruta), nos puede resultar complicado elegir entre las 10.000 variedades que hay. Por eso hemos elaborado un abecedario del tomate. ¿Cuáles son los tomates más sabrosos?, ¿cuál escoger dependiendo de qué receta quiero preparar?, ¿cómo reconocer un buen tomate? Te lo ponemos fácil.
Variedades de tomate y cómo usarlas
- Andine Cornue. También conocido como tomate pimiento por la singular forma que lo asemeja a dicha hortaliza. Sabroso, digestivo y perfecto para ensaladas.
- Tomate Azul. Con la a, de azul y de acumulación de vitaminas y minerales, igualmente ideal para las ensaladas de verano.
- Canario. Cultivado en las Canarias desde finales de siglo XIX, es muy rojo y redondo, con muchas semillas, pulpa carnosa, piel lisa y dura; sirve para salsas y sopas de tomate, frías como el gazpacho y calientes.
- Cherry o cereza. Tomates en miniatura que pueden venir en diferentes colores (amarillos, rojos, verdes) y formas (redondos o en forma de pera). Son muy polivalentes, pues quedan genial en ensaladas, recetas de pasta, pizzas o mezclados entre tomates más maduros para aportar dulzura.
- Corazón de buey. Toma su nombre del gran tamaño que tiene y la forma. Este tomate no tiene muchas semillas ni acidez, por lo que es utilizado para rellenar y en la ensalada 'caprese' italiana.
- Kumato. De un color rojizo más oscuro del habitual, aporta gran acidez, por lo que a veces no es necesario aliñar con vinagre. Es rico en antioxidantes naturales como los licopenos y resulta idóneo para consumir en frío, bien en ensaladas o en el gazpacho.
- Marglobe. Su cultivo está muy extendido, por lo que es el más común en tiendas. No tiene muchas semillas y suele utilizarse como ingrediente para el gazpacho, aunque presenta gran versatilidad.
- Monterrosa. Parecido al Corazón de buey, de gran tamaño y hueco, muy recomendable para preparar rellenos.
- Pera. Como su nombre indica, este tomate tiene forma alargada. Es bastante dulce y contiene mucha carne y poco agua, por lo que es el más usado para la preparación de conservas y salsas.
- Raf. Presenta un profundo contraste entre el sabor dulce y ácido, es carnoso, irregular y, en algunas partes, de un verde oscuro casi negro, pero rosáceo por dentro. Es perfecto para ensaladas.
- Rosa de Barbastro. De las variedades más preciadas por su dulzura, tiene la piel fina y una pulpa firme. Por su aspecto imperfecto, con surcos y cicatrices, puede pasar desapercibido, pero es exquisito para consumir en ensalada o simplemente con sal y aceite.
- Valenciano. Uno de los tomates más grandes y suculentos. De sabor intenso, magnífico para ensaladas. Los más preciados son los que se cultivan entre mayo y agosto en la localidad valenciana de El Perelló.
- Ramallet o de colgar. Se enlazan unos a otros hasta formar un ramillete (el ramo de flores 'foodie'). Al presentar mucha pulpa y poco agua son geniales para untar sobre el pan y hacer sopas frías.
Recapitulemos entonces: si quiero preparar una ensalada, los mejores serán el Andine Cornue, el Azul, el Kumato, el Raf, Rosa de Barbastro y Valenciano. Y a estos, además, les podemos añadir tomates Cherries para combinar texturas y aromas.
Ya sabemos que la intención de preparación es fundamental para elegir el tipo de tomate, pero también es vital tener en cuenta una serie de nociones para que, optes por la variedad que optes, selecciones los mejores. En el 'darwinismo tomatil', ¿cuáles son los más fuertes?
Si atendemos a su piel, es importante que no tenga ninguna mancha negra, por muy pequeña que parezca, pues puede ser un claro síntoma del estado de putrefacción en su interior. Respecto a la textura, un buen método para determinar su punto de maduración es cogerlo con la mano y apretar suavemente. Si está blando o la consistencia es óptima pero con zonas blandas, el tomate está excesivamente maduro y pronto será incomestible. Si lo sientes demasiado consistente, tampoco sería la mejor opción pues significa que aún le falta madurez o el proceso ha sido sometido en cámaras.
Por último, queda el olfato. Llega el momento de olisquear la pieza, descartando sin miramientos aquel tomate que carece de olor. El aroma debe ser fresco y dulce, especialmente en la parte central en la que se encontraba la rama (la dueña del perfume).
Tip para la elección del tomate: mirar siempre su parte posterior, pues es por donde empiezan a madurar. Por eso se recomienda siempre ponerlos boca abajo, de modo que no pierdan humedad y duren más sin estropearse.
Parece difícil tener todo esto en cuenta a la hora de presentarse en la frutería, pero en realidad es un esfuerzo minúsculo para la recompensa de hincarle el diente a un tomate delicioso. Si somos lo que comemos, no seamos un tomate pocho.
Lucía Ruiz estudió Relaciones Internacionales y Comunicación y ahora continúa formándose con un Máster de Marketing de Moda. Escribe para aterrizar, para recordar, para existir. Es su manera de dar forma a la vida, de hacerla real. Por eso anota todo aquello que le hace feliz: la comida, los viajes y las nuevas experiencias no pueden faltar en la lista.