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Añadimos nuevo término a la vida en general: quimiofobia. Nos habla de ello Amparo Violero, Mònica Julià y Lilin Yang en el segundo libro editado por la marca de cosmética coreana Miin Cosmetics, "Aprende a cuidar tu piel".
En el manual, en el que se vuelve a indagar en este fino arte de cuidar nuestro escudo frente al mundo, se profundiza también en una zona tan polémica, como científica (y crítica).
El término "quimiofobia", tal y como explican, alude a esa "noción o sentimiento de que lo químico es tóxico y no natural". Y añaden que este miedo infundado a la química, conlleva un esfuerzo por parte de la persona para evitar toda etiqueta de cosmética con sustancias "no naturales" que por cierto, es bastante imposible a día de hoy, pues todo lo que nos rodea e incluso nosotros mismos, somos química.
El origen
No es nada nuevo, en realidad. Las expertas aluden a los años 70 para explicar los primeros índices de recelo lo más parecidos a los actuales, hacia este moderno mundo industrializado y químico. Sin embargo, la raíz de la quimiofobia está mucho más atrás, en el siglo X: "Cualquier bien creado a través de los poderes naturales no puede ser imitado artificalmente; la industria humana no hace lo mismo que la naturaleza hace", escribía el prestigioso médico del momento, filósofo y pensador casi enciclopédico Avicena.
Y a pesar de que algunos siglos después se ha demostrado que tanto la estructura como las funciones de la vitamina C de una naranja pueden ser perfectamente replicadas e idénticas a las producidas en un laboratorio, ese miedo irracional sigue existiendo en la cultura popular.
¿Qué hacer para "tratar" la quimiofobia?
Aunque cabe recordar que la quimiofobia no es un término médico oficialmente reconocido, sí es preciso añadir que si resulta extremo, debería consultarse a un profesional de la salud, pues puede derivar en problemas de ansiedad, entre otros. Ahora bien, no hay mejor "tratamiento" para este miedo irracional e infundado, que la información veraz y un buen pensamiento crítico, recuerdan las autoras del libro de belleza coreana.
"Lamentablemente, en este momento de la historia en el que tenemos más información que nunca a nuestro alcance en Internet, difícilmente logramos distinguir qué fuentes de información son verosímiles, o no tenemos las herramientas para interpretarlas correctamente", dicen.
Y dentro de esta quimiofobia no sólo entran todos esos productos químicos domésticos que se nos vienen a la cabeza, sino que los cosméticos no escapan tampoco de ello.
A pesar de que, efectivamente, hay excepciones y casos puntuales de retiradas de productos que no hacen sino infundar más temor, hay una buena noticia que te tranquilizará. Y es que en la UE tenemos una de las legislaciones más exigentes a nivel mundial en materia de seguridad para el consumidor. Y si un producto se ha retirado, es que esa legislación, está siendo efectiva.
Los riesgos de la etiqueta "sin"
O "free from". Cuidado con esto, porque puede haber truco detrás. Los reclamos del "sin", a pesar de que muchas veces resultan atractivos e interesantes para determinados productos, están denigrando en otras ocasiones a otros ingredientes seguros a los que estamos dando por hecho que son nocivos.
En vistas a este temor social, en la industria cosmética se están abandonando cada vez este tipo de ingredientes seguros porque la gente ha dejado de creer en ellos. No es que no crean, sino que los temen. Y la consecuencia de este claim conlleva a que al mercado salten alternativas con otro reclamo, el de "natural", como sinónimo de seguridad. Y, lo sentimos, pero no es siempre así.
Natural vs. químico
Definir "cosmética natural" actualmente, no sólo es algo difícil, sino que es bastante subjetivo. Y es que no hay leyes que lo definan y acoten, pero sí "normas armonizadas", es decir, una serie de directrices que son entendibles y aplicables para todo el mundo, pero que no son estrictamente leyes. Así lo explican las expertas y recuerdan que la ISO 16128 de 2017 es precisamente la que "define" lo que es un ingrediente natural.
Pero claro, surge otro dilema: al no ser una ley, los fabricantes cosméticos no están obligados a regirse por ella.
Hasta el momento, muchas empresas certificadoras ofrecían esa garantía armonizada, como Ecocert. Pero no dejan de ser empresas privadas que te ponen su sello, siempre y cuando las contrates. Así que, efectivamente, la cosa se complica aún más porque no todos están de acuerdo con sus criterios. Y no todos los criterios están unificados.
¿Follón? Mucho. Así que lo mejor en este caso es saber que los términos "natural" y "químico" no son términos opuestos, porque lo natural, también es químico. Así que, mejor acotemos un poco y en vez de químico, hablemos de "sintético".
Es muy fácil caer en el reclamo de lo natural. Por ejemplo, con la etiqueta "cold press" o prensado en frío. Parece bastante "natural", pero hay que recordar que por mucho que sus ingredientes sean de origen vegetal (lo que te viene a la cabeza cuando piensas en algo natural), esos ingredientes pasan por un proceso químico para crear el compuesto que tienes entre manos. Porque ese producto prensado en frío, también pasa por una serie de reacciones químicas (y sus ingredientes), para llegar hasta donde ha llegado.
Así que la siguiente pregunta que formulan las expertas en cosmética es, ¿es lo natural siempre lo más seguro?
La respuesta es NO. Porque hay que matizar y no generalizar y simplemente entender que la cosmética natural alude a un tipo de cosmética que cumple una serie de requisitos y funciones más o menos alineadas con unos tipos de piel. Como cualquier otro tipo de cosmética.
Y lo vas a entender mucho mejor cuando veas este ejemplo: la belladona, el estramonio o el acónito son ingredientes naturales al 100% que proceden de distintas especies vegetales pero, ¿a que no los ves ya tan seguros? De hecho, están prohibidos en la Unión Europea por sus riesgos para la salud.
Confundir peligro con riesgo: el sesgo de confirmación
Y lo que es cierto con lo que consideramos que está alineado con nuestras creencias, o no. He aquí la base del funcionamiento de la desinformación y el auge de las fake news que afecta, por supuesto, a la cosmética.
Que algún cosmético te haya funcionado peor o sea más o menos comedogénico, no quiere decir que sea tóxico. Y aquí, otro error garrafal popular.
Recuerdan las autoras del manual que "los seres humanos tendemos a aceptar como válida únicamente la información que se alinea con nuestras creencias preestablecidas". Y puedes aplicar esto con cualquier ámbito de la vida. Este "defecto" de nuestra mente se llama sesgo de confirmación y para explicarlo mejor, lo entenderás cuando pienses en esos consumidores que, sin tener ni idea de lo que es un sulfato, si lo veían en la etiqueta de su champú, huían despavoridos de la compra.
El petrolatum, la tendencia del slugging y la fiebre por la vaselina en TikTok
En este punto, llegamos a un tema bastante candente, al menos en redes como TikTok o Instagram, donde la tendencia ya tiene hasgtag y por supuesto, miles de seguidores: el slugging.
Por si todavía no has caído en ningún contenido sobre ello al hacer scroll, el término "slugging", que viene de la palabra "slug" (caracol, en inglés), se refiere a la técnica para hidratar la piel con una fina capa de aceite mineral como la vaselina, especialmente, en la rutina de cuidado de noche.
¿Es seguro? ¿Está avalado por expertos y dermatólogos? Pues lo cierto es que sí. Y no sólo es segura, sino que es eficaz en casos en las que la piel está especialmente seca o deshidratada. Pero evidentemente, si tienes la piel grasa, la experiencia y el resultado, OBVIAMENTE, no será la misma.
El término, la tendencia y todo lo que gira alrededor suena súper cool. Pero cuando mencionas que la vaselina es el nombre comercial que se puso hace más de 100 años al petrolatum, ya no mola tanto. ¿Por qué? Aquí es donde hay que volver a indagar en la información veraz y entender qué estoy usando y por qué.
El petrolatum es un hidrocarburo saturado, es decir, un compuesto que sólo tiene carbono e hidrógeno. Y sí, es un subproducto de la extracción del petróleo, es decir, que se obtiene paralelamente al petróleo.
Así que ahí es donde se quedan algunas voces (poco) críticas que comienzan a extender las beauty fake news: "¡cuidado con el slugging, te estás poniendo petróleo en la piel!", "¡vamos a morir todos por la vaselinaaaaa!". Pero por suerte, son sólo unos pocos. O eso queremos pensar.
Porque el resto, y esperamos que tú también, indaga un poco más y sabe que el petrolatum que se utiliza en cosmética está permitido. Que extrae, refina y trata de forma diferente. Que se purifica para poder usarse de forma segura sin que implique un riesgo para la salud.
Ahora bien, aquí surge otra polémica: ¿cuánto de sostenible es esto? Como eso es otro tema, nos quedaremos en el de cuánto de seguro es para nuestra salud y nuestra piel.
Y debes saber que además de ser seguro, es un buen oclusivo y es económico. Es decir, forma una capa hidrofóbica sobre la piel que ayuda a que la humedad permanezca más tiempo y por tanto, la piel esté más hidratada y más suave, e incluso más protegida frente a infecciones (por ejemplo, en los tatuajes).
La inseguridad que corre en torno al petrolatum es ya un clásico: "es un ingrediente plástico que cubre la piel y no la deja respirar". Pero no añaden que no es una molécula precisamente nano, sino más bien grande, así que no penetra en el estrato córneo y por tanto, no entra al torrente sanguíneo.
Así que aunque es seguro y efectivo, la mala prensa que se le ha dado no le ha hecho justicia. Lo que nos cuentan las expertas es que, a pesar de esto, en lugares como Corea el petrolatum ha experimentado su particular revival, especialmente y gracias a las redes, con el renacimiento de la vaselina como diosa y reina de la piel en, precisamente, técnicas como el slugging.
Y aquí cerramos este círculo de bulos y no bulos, de información veraz y malas lenguas que no hacen sino liarnos bastante más cuando vamos a comprarnos una inofensiva crema. Y sólo vamos a darte un último consejo más: cuando hagas slugging, recuerda limpiar profundamente la piel al día siguiente, porque a pesar de ser súper hidratante, es un aceite mineral con partículas que ensucian la piel. Pero la culpa no es del petrolatum si no te funciona, sino más bien, de la falta de limpieza que hayas podido hacer, o de que igual no te has parado primero a pensar qué tipo de piel tienes... Piénsalo, ni el bueno es tan bueno... ni el malo es tan malo.
Blanca del Río es experta es belleza y estilo de vida. La salud mental y la creatividad son otros dos pilares de inspiración para escribir. No se le escapa un color nuevo de pelo, un corte, una sombra de ojos o una forma viral de hacerse el 'eyeliner'. Le fascina adentrarse en el mundo de la alimentación, indagar en cómo se cuidan en todas las partes del mundo y qué podemos aprender de todos esos rincones para mejorar nuestra salud, por dentro y por fuera. Así que no es de extrañar que tan pronto te encuentres un artículo suyo sobre lo más visto en el backstage de París en maquillaje, como temas referidos a cómo explotar tu lado más creativo, cómo gestionar tus emociones o cómo aprovechar mejor tu energía. Las redes sociales son una de sus fuentes pero no tiene FOMO, porque donde más inspiración encuentra para escribir sobre cualquier tema, es en los libros. Devora todo aquello que sale al mercado en forma de ensayos y manuales sobre todos los temas que aborda a diario, pero pocas veces la encontrarás leyendo una novela (y menos de amor). Blanca se graduó en Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, se formó como 'cool hunter' en la escuela de moda, arte y diseño IED de Madrid, así como en fotografía y artes visuales y digitales con los mejores profesionales.
Mientras tanto, ha podido completar su expertise con grandes expertos en el terreno de la belleza, la salud y el bienestar gracias a su trabajo en medios de comunicación especializados del ámbito digital, en los que ya acumula más de 15 años de experiencia.