Preparar un auténtico espeto de sardinas es todo un arte… y un ritual de verano con sabor a mar y a Málaga. La clave principal es tener una buena sardina fresca, que en veano están en su mejor momento pues tienen mucha más grasa; y tener un poco de maña al ensartarlas en una caña, bien limpias pero sin quitarles la cabeza ni las tripas. Y con sal gruesa por encima.
El fuego es protagonista: se cocina al calor de las brasas, nunca sobre llamas vivas. Las sardinas se colocan inclinadas hacia las brasas, para que se hagan con el calor justo y mantengan su jugosidad. El punto perfecto llega cuando la piel está dorada y ligeramente crujiente.
No necesitan más. En pocos minutos se consigue un platazo, riquísimo y económico. Son gloria a cada bocado.
